EPÍLOGO

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UN MES DESPUÉS

Por fin acabó todo. Después de pasar por cosas bastante complicadas, ahora que había llegado el verano y había pasado un mes desde que secuestraron a Chris, había podido rehacer mi vida en general. Incluso, había pasado mucho más tiempo con Christian. Aún nos estábamos conociendo, pero poco a poco podía sentir como todo iba avanzando en nuestra relación, cada vez íbamos cogiendo más confianza el uno al otro. Aunque todavía faltaban cosas por contar, yo no era capaz de decirle nada de lo que pasó durante todo ese mes. Y sabía que no le iba a hacer ninguna gracia cuando se enterara. Qué iba a ser pronto porque necesitaba desahogarme con alguien y la mejor persona para eso era él. Además, que le prometí que le contaría todo nada más terminara aquella tremenda locura por lo que aún tenía pesadillas. Pero, a la vez, también tenía mucho miedo de que se enfadara conmigo y estropeara todo lo que habíamos avanzado hasta ahora.

—Debí habérselo contado mucho antes —pensé mientras discutía conmigo misma por haber sido tan estúpida.

Pero de nada servía ya darme cuenta de esto ahora, porque lo hecho, hecho estaba y no iba a poder cambiarlo aunque lo deseara con todas mis fuerzas.

Durante este mes podría habérselo dicho, pero tampoco me sentía bien del todo las primeras semanas. No quería revivir nada por todo lo que había pasado. Así que no, tampoco fui capaz. De hecho, Chris en varias ocasiones ya  intentó sonsacarme algunas cosas, pero yo había cambiado de tema o simplemente había hecho oídos sordos.

Pero ahora, después de casi dos meses teniendo al pobre Chris queriendo respuestas, por fin iba a tenerlas.

Había pensado ir a su casa al siguiente día. Últimamente había estado más en su casa que en la mía, siempre era mejor que estar sola y aburrida.
Incluso había pensado en mudarme con él, ya que seguía enfadada con mi madre y cada vez nuestra relación iba de mal en peor.

Pero, después de contarle la absoluta verdad a Chris, dudaba mucho que me quisiera ver en su casa y mucho menos las veinticuatro horas del día.

Así que era algo que descartaba de momento.

—¡Aaaaaaah! —entró a mi habitación Becket gritando.

Volví a la realidad y la miré con el ceño fruncido.

—¿Por qué gritas tanto hermana, qué te pasa?

—Creo que la he liado un poco. ¿¡Ahora qué hago, Kathy!? ¡Me voy a morir!

—Calma, ¿por qué piensas qué te vas a morir?

—Le envié un corazón rojo a la persona equivocada —confesó con un tono de voz molesto.

—¿A quién se lo has enviado? —pregunté con mucha curiosidad.

—Quería enviarle el corazón a Jonathan, pero se lo envié a Fred sin querer.

Becket hizo puchero mientras se dirigía a mi cama y se tumbaba en ella sin ninguna delicadeza.

—A ver, pero Fred y tú sois solo amigos. Seguro que entiende que se lo has enviado por error —intenté animarla, pero no obtuve ningún éxito.

—Yo no estoy tan segura de eso —comentó y no supe porqué lo decía.

—Deberías estarlo, al fin y al cabo solo sois amigos, ¿no? Aunque sí fueran algo más, por mí no habría ningún problema.

Becket me miró como si estuviera loca.

—¿¡Qué estás insinuando!? No, Fred y yo siempre vamos a ser solo amigos, nada más —concluyó con los brazos cruzados y mirándome mal.

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