¡Joder! ¡Es Christian!
Observé su nombre en la pantalla de mi móvil sin saber qué hacer. Becket se acababa de ir. Suerte que hacia nada habíamos estado conversando sobre el tema y mi amiga me había ofrecido algunos consejos. Las dos estábamos de acuerdo en que debíamos ir despacio y con paciencia. Sin embargo, ¿cómo iba a tener paciencia si me estaba llamando y estaba de los nervios?
—¿Qué coñ* hago? —pensé para mis adentros mientras la música seguía sonando.
No podía permitir que se cortara la llamada. Si de verdad quería hablar con él, tenía que contestar, por más que mi cuerpo se comportara como una bomba de nervios al borde de estallar.
Hice caso a mis deseos y contesté de una vez por todas a pesar de todos los nervios apelotonados en mi interior. Y también en mi exterior, tenía el pelo de gallina ahora mismo.
Kathy relájate, era solo una llamada.
—¿Aló? —escuché la voz de Christian desde la otra línea—. ¿Kathy? —volvió a pronunciarse segundos después ya que los nervios me impidieron responderle tan rápido.
Respira hondo, Kathy. Tú puedes.
—Hola Christian, ¿qué tal?
—¡Hola Kathy! ¿Estás bien? Te noto un poco rara —comentó al darse cuenta del temblor de mi voz debido a los nervios.
—Será por la línea de tu teléfono, yo estoy fenomenal —mentí intentando aparentar normalidad.
—Me alegra oír eso.
Se hizo un silencio breve porque creí que diría algo más. Estaba ansiosa por saber el motivo por el cual me había llamado.
—¿Y qué era lo que querías decirme?
—Oh, nada, solo era porque me apetecía charlar un poco. Si te parece bien —añadió siendo atento hasta en llamada.
—No, claro que me parece bien.
Como iba a decirle lo contrario a este chico que cada día me sorprendía más lo dulce, atento y bueno que estaba siendo conmigo con lo poco que me conocía.
—¿No estabas ocupada, no?
—No, no, tranquilo —respondí. Aunque la realidad era que había estado a punto de echarme una siesta.
—¿Y te gustaría que te hiciera compañía?
¿¡Espera qué!?
¿¡Había escuchado bien!?
—¿Cómo dices?
—¿Qué si te gustaría que te hiciera compañía? —repitió elevando un poco el tono de voz.
¿¡Qué se suponía que le tenía que responder a eso!?
—¿Quieres quedar en algún sitio? —cambié su pregunta por otra. Todavía era muy pronto para invitarlo a mi casa.
—¿Prefieres que vayamos a mi casa?
De nuevo me quedé pasmada y con la mente totalmente en blanco.
—¿Puedes darme un segundo, Christian? —le pedí empezando a idear un plan.
Él aceptó sin inconvenientes.
Corriendo me metí en mensajes. Escribirle a mi mejor amiga siempre era una buena opción cuando necesitabas ver las cosas desde otra perspectiva femenina distinta.
El mensaje que le envié fue: ¿¿¿Q hacer cuando t invitan a su ksa??? Pd= Christian. :(
—¡Ya estoy! Christian, ¿qué me decías?
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Deja que cuide de ti
Romance¿Qué es lo que harías si alguien totalmente desconocido cogiera las riendas de tu vida? ¿O si alguien anónimo empezara a mandarte mensajes y cartas en plan psicópata? Yo, Katherine Johnson, aún no tengo ni idea de qué hacer. Y mi mejor amiga, Becke...
