Capítulo 16: TE QUIERO KAT

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Noté mis mejillas ardiendo.

—Sabes que me gustas con tus virtudes o con tus defectos y que me gustaría estar contigo aquí o en cualquier otro sitio muchas más veces —prosiguió. De verdad que pensé que esto era un sueño—. En conclusión... —se arrodilló enfrente mía, con una mano en mi pierna y con la otra, me cogió de la mano y se detuvo en mirar el brillo en mis ojos—..., ¿quieres ser mi novia?

Me quedé en blanco. Tenía dudas de si me lo iba a pedir o no. Y ahora que había llegado el momento, no pude mascullar ni una palabra.

Observé a Christian. Pensé en lo guapo que era y en lo mucho que se preocupaba por mí. Medité en las veces que se había empeñado en quedar conmigo solo para verme o escuchar mi voz.

¡A la mierda mis pensamientos anteriores!

A mí este chico me gustaba no, ¡me encantaba! Era amable, atento, educado... Era el chico perfecto, e iba a convertirse en mi chico perfecto. A pesar de todas mis inseguridades, debía intentarlo, ¿no?

—Sí, quiero ser tu novia, Christian —acepté flipando en colores.

¿Oficialmente éramos novios?

Becket iba a quedar absolutamente maravillada.

Christian se levantó con una enorme sonrisa en el rostro. De repente, me cogió por los brazos, me acercó a él —su cara a centímetros de la mía—, y me abrazó muy fuerte contra su pecho. Inhalé su aroma masculino pensando en que podría estar metida entre sus brazos para siempre. De un momento a otro, me separó un poco de su cuerpo y sin esperarlo, estampó su boca con la mía y me besó con toda la intensidad del mundo. Me dejó literalmente soñando en las nubes. Le seguí el ritmo besándole con la misma intensidad.

Con el impacto de nuestros labios moviéndose al unísono, sentí mariposas revoloteando en mi interior y solo quise continuar besando sus ricos y deliciosos labios. Era algo mágico que me llevaba a querer experimentar y explorar más su boca. Esos movimientos como si nuestros cuerpos fueran solo uno, me derritió por dentro, deseándole aún más. Cerré los ojos, queriendo disfrutar esto lo máximo posible. Nuestro alrededor ya no existía, solo existían nuestros labios en contacto.

Abrí los ojos al sentir movimiento. No sabía cómo pero llegamos hasta su dormitorio. Me asusté un poco cuando terminé tumbada en su cama debajo de su enorme pecho. Los dos nos habíamos dejado llevar tanto que habíamos acabado aquí. Christian todavía no se había dado cuenta. Quise llamarlo y frenarlo antes de llegar a más, por el contrario, él empezó a darme besos húmedos por todo mi cuello, haciéndome temblar y dejándome casi sin respiración. Era algo que no había experimentado nunca y que no deseaba experimentar aún. Eso sí, se sentía muy bien, deliciosamente bien.

Christian se había venido muy arriba y ahora no podía parar. Comencé a asustarme porque desconocía hasta donde quería llegar. Bajó un poco, se me escapó un gemido y me morí de vergüenza. Lo bueno fue que Christian se detuvo y por fin despertó de su excitada ensoñación. No era que no me hubiese gustado, simplemente no estaba preparada para más.

Vi su intensidad y el deseo en sus ojos. Por poco creí que iba a hacerme otras cosas, menos mal que paró. Tenía la cara totalmente roja de la vergüenza. Christian se tumbó a mi lado sin decir ni una sola palabra. Los dos jadeábamos por todos los besos y yo ya no tenía claro qué cojones pensar. ¿Sabía que tenía dieciocho años? Porque al parecer no.

A mis dieciocho años no había hecho el amor con nadie y tampoco quería hacerlo hasta encontrar a la persona adecuada. No sabía si sería Christian, pero ni siquiera me sentía lista para ello.

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