Capítulo 46: LABIOS SABOR CHOCOLATE

26 4 62
                                        


—No te miento y tampoco te importa ya, si miento o no —me dijo muy serio.

—¿Qué tengo que hacer para convencerte de que no soy yo? —pregunté harta de que tengamos que estar mal los dos.

—Nada, ya no somos nada —soltó rompiendo cada pedazo de mi corazón con aquellas duras y crueles palabras.

—Christian, por el amor de Dios, no seas tonto y créeme —le seguí insistiendo con miedo de que me dejara de verdad.

—¿Cómo quieres que te crea? —me preguntó levantando un poco la voz.

—Por todo este tiempo que hemos estado sufriendo los dos juntos —le dije con obviedad.

—O solo he estado sufriendo yo mientras tu estabas con ese chico —comentó alterado y enfurruñado.

—¿En serio quieres terminar con lo nuestro? —le cuestioné necesitando mucho saber su respuesta.

—No, no quiero, pero tengo razones para hacerlo —respondió y eso me tranquilizó un poco.

—Te tengo que comprender porque yo veo eso y también me lo creo, pero, ¿me ves capaz de hacer algo así? —le pregunté mirándole fijamente.

—No lo sé —me dijo sin confiar en mí.

—Quítate esas gafas para que al menos pueda mirarte a los ojos —le ordené sin saber porqué aún las llevaba.

—No me las pienso quitar —discutió como un niño pequeño.

—¿Para qué las tienes? —le pregunté con curiosidad.

—No te interesa —me dijo enfurruñado.

—¿Te has peleado con alguien y te ha dejado el ojo morado? —cuestioné pensando que tenía que ser eso si no era inútil.

—No —contestó un poco más calmado.

—¿Qué escondes entonces? —interrogué harta ya de él y de su comportamiento.

—No escondo nada, Katherine —comentó llamándome por mi nombre completo solo para molestarme.

—Como sigas así me voy a ir.

—No puedes irte —me dijo e iba en serio.

—¿Me vas a obligar a quedarme y aguantar como me molestas y me hablas como a una cualquiera? —le pregunté empezando a cabrearme.

—No, tengo que enseñarte una cosa y sí, vas a tener que aguantarme —argumentó y ahora mismo no sabía cómo explicarle que no era yo.

Me levanté de mi sitio para sentarme a su lado. Quería saber si me rechazaba o no.

—¿Qué haces? —preguntó al ver como me levantaba.

—Nada —le dije igual de cortante que él conmigo.

Me acurruco lo máximo que puedo esperando su rechazo.
Apoyo mi cabeza en él y lo observé con intensidad.

Pero su rechazo no llegó en ningún momento.

Más bien me pegó más a él y me miró o eso creía. Malditas gafas.

Se las intenté quitar, pero él fue más rápido y me sujetó del brazo rápidamente.

Y luego hizo algo que no me esperaba para nada.

Se las quitó lentamente y me enseñó porque no quería quitárselas.

Vi sus ojos rojos, cansados y llorosos. Y ahora lo entendí mejor.

—¿Él había estado llorando por mí? —pensé con el corazón enternecido.

Deja que cuide de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora