Capítulo 5: ¿UNA CARTA?

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Nos sentamos con Charlotte y Mike como de costumbre. Ellos querían hacer una quedada el viernes por la tarde, a lo que nosotras obviamente aceptamos. Era una oportunidad perfecta para quedar y pasarla bien todos juntos.

Pasamos un rato más hablando con ellos hasta que vimos que era el momento de irnos a casa de Becket. Solo quería llegar en cuanto antes para que mi amiga me enseñara esa carta. Tenía gran intriga por saber que había dentro. Seguro que Beck también estaba pensando en ello, puesto que no me habló en todo el camino hasta su casa.

Tan curiosas las dos que fuimos directas a su habitación. Su dormitorio era muy parecido al mío, salvo por la cama y los muchos tonos de colores que tenía. A pesar de eso me encantaba la decoración.

Beck se quitó su mochila de la espalda y la lanzó sobre la cama. Vi como abría el bolsillo pequeño y empezaba a rebuscar como una loca. Con lo pequeño que era no entendía porqué tardaba tanto en encontrarla. Sacó la mano del bolsillo y su cara lo decía todo.

Mi amiga comenzó a preocuparse tanto como yo. Esto tenía que ser una broma. Aunque no pensaba que Becket se lo hubiese inventado.

—¡La carta ha DESAPARECIDO!

—Hay que encontrar esa carta como sea. ¿Segura que la dejaste ahí?

—¡Segurísima!

—Mira en el bolsillo grande por si acaso.

—Está bien, pero ahí solo tengo los libros de clase.

—Da igual, tú busca igualmente.

Me puse como una loca a buscar por toda la habitación. Quizás se le había caído en alguna parte. Busqué cerca de los muebles, cerca de la cama, incluso cerca de la puerta. No encontré absolutamente nada. Tuve que mirar por debajo de la cama; como se veía todo tan oscuro decidí coger mi móvil y encender la linterna. Agachada otra vez —solo que ahora si veía más—, visualicé algo blanco cerca de los pies de mi mejor amiga. Los miedos y las dudas surgieron en mí al sacar la carta y no entender cómo era posible que no la hubiésemos visto antes. ¿Estuvo todo el tiempo tan cerca? Y si no fue así, ¿cómo había llegado hasta ahí?

Mis nervios florecieron y de verdad que sentí que esto no era más que el principio y que algo malo estaba a punto de suceder. Sí, tuve ese presentimiento, aun así preferí pasar de ello y seguir pensando que se trataba de una broma de muy mal gusto. Por ahora, quería quedarme en mi zona segura y tranquila y no rayarme más la cabeza.

Dejé de pensar en esas cosas para volver a la realidad y darme cuenta que Becket seguía buscando la carta en su mochila.

—¡La encontré! —exclamé para que dejase la búsqueda de una vez.

Beck me miró perpleja.

—¿¡A dónde la has encontrado!?

—Estaba cerca de tus pies.

—¿Cómo es posible? Estaba segurísima de que la había guardado dentro de mi mochila.

Si acaso creía que iba a poder escaparme de los problemas, con las expresiones de Beck ya no estaba tan segura. Su reacción me dejó bastante confundida.

—Si estaba tan cerca de tus pies, ¿cómo es que no lo hemos visto antes? —reflexioné cada vez más confusa.

—Espero que ya no sigas pensando que no nos están espiando y que no van a por nosotras —comentó Beck mirándome con una ceja arqueada.

—Sinceramente, ya no sé ni qué pensar. Eso sí, ¿por qué sigues hablando en plural? La carta y el mensaje te han llegado solo a ti —le interrogué. Aún no comprendía porqué me metía en todo este embrollo.

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