Capítulo 24: BAJO LAS GRADAS

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—Chicas, ¿estáis listas? —les pregunté nerviosa y sintiendo como la adrenalina subía por todo mi cuerpo.

—¡Sí, estamos listas! —exclamaron en voz baja Becket y Charlotte muy emocionadas.

—Pues entonces, nos vamos a las taquillas, dejamos las mochilas y nos vamos para el gimnasio —les dije igual de emocionada y levantándome de mi asiento.

Como aún había gente no nos costó mucho pasar desapercibido cuando nos dirigimos hacia las taquillas.

Por lo menos, no había nadie importante por los pasillos como profesores, el conserje o la más importante, la directora.

No sabíamos exactamente cuánto tiempo se quedaría en el Instituto. Pero como lógicamente ella no vivía aquí, sabíamos que tarde o temprano se iría y mientras, nosotras estaríamos en el gimnasio bajo las gradas.

—¿Ya habéis dejado todo? —les pregunté listas para dirigirnos esta vez al gimnasio.

—Sí —me contestaron alejándose las dos de sus taquillas y reuniéndose conmigo.

—Solo os quiero con los móviles, por si pasa algo que al menos podamos llamar a alguien —les informé tranquila viendo que sí que lo llevaban encima.

—Lo guardaré en mi bolsillo —me dijo Becket enseñando cómo se llevaba su móvil al bolsillo.

—Okay, llegó la hora de irnos al gimnasio entonces —les dije con esperanza de que todo esto saliera a la perfección.

Miré a nuestro alrededor y al ver que no había nadie, les indiqué el pasillo y fuimos por él en línea recta hasta parar en el siguiente.

—Parad —les susurro a las dos antes de girar y cruzar.

Me asomo al otro pasillo para ver si hay vía libre y poder cruzar sin que nadie nos vea.

Cuando veo que no hay nadie les indicó a Becket y a Charlotte que pasen. Seguimos recto hasta que por fin nos paramos en frente de la puerta del gimnasio.

—Bueno, ya estamos aquí —les dije aliviada de que no nos hubiesen visto y lo hayamos pasado con éxito.

Aunque estas tres horas iban a resultar difíciles, ya que íbamos a estar allí sentadas. Sabía que se pasarían rápido y que nadie nos sorprendería estando allí.

El gimnasio era lo más grande del Instituto, había dos largas canchas para jugar al baloncesto y un área gigante para partidos y entrenamientos que hacían los jugadores del equipo de nuestro Instituto. A la izquierda y a la derecha estaban las gradas dónde se sentaba la gente que venía a ver el partido. Y al fondo del todo estaban los vestuarios dónde se cambiaban los del equipo.

Nosotras nos fuimos al fondo antes de llegar a los vestuarios y sentarnos justo debajo de las gradas.

Una vez que estuvimos allí, solo nos faltó tener paciencia y esperar.

Christian

Eran las seis de la tarde cuando cogí y me arreglé para irme a aquel Instituto. Tenía la esperanza de encontrarme con el mismo chico de ayer y dejarle bien claro con quién se estaba metiendo.

Por un momento me lo pensé antes de ir a aquel Instituto, pero necesitaba seguir vigilando por los alrededores. Cualquier pista y cualquier cosa me valía.

También tenía planeado entrar, pero no sabía muy bien cómo hacerlo. Tenía que pensar en algún plan por el camino.

Me vestí con una camisa de mangas cortas negra, unos pantalones vaqueros negros y una sudadera con capucha también de color negro. Iba básicamente todo de negro para pasar desapercibido y que nadie me viera en la oscuridad. Parecía un gótico.

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