Capítulo 11: LA PRIMERA CITA (PARTE 2)

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Su rostro delató la incredulidad e incomprensión que sentía después de dejarle las cosas claras. Antes de que pudiera añadir algo más, me levanté de ese banco por tercera vez dispuesta a marcharme. El estrés y los nervios me habían ganado. Me sentía mal pero al mismo tiempo creí que estaba haciendo lo mejor para los dos. Di unos pocos pasos hasta que noté que algo me retenía y no me permitía seguir caminando. Algo no, alguien. Siendo más concretos, Christian. Intenté soltarme pero fue en vano.

—¡Suéltame!

Cuando tenía esperanzas de que me iba a soltar, él cogió e hizo todo lo contrario. Me volteó hacia él y me sujetó por detrás impidiendo que pudiera librarme de su agarre. Se paró un segundo en el que se detuvo en mis ojos, y como si pudiera analizar mi mirada y mis pensamientos, se agachó lentamente hasta la altura de mis labios. En ese momento aflojó el agarre, dejó que fuera yo quien decidiera si continuar acercándonos el uno al otro o marcharme como había decidido hacia unos pocos minutos. Podría haberme ido, en cambio, me quedé muy quieta esperando su próximo movimiento. En un segundo, el espacio que quedaba entre nosotros se volvió inexistente y sus labios rozaron los míos logrando que mis latidos estallaran. Él me besó apasionadamente sujetando mi cintura por detrás. El movimiento frenético y coordinado de nuestros labios fue igual de mágico que la primera vez. Para conocerlo desde hace solo dos días, todo mi cuerpo reaccionaba ante él como si lo conociera desde hace años.

Después de unos minutos, puse fin a la sesión de besos apartándome lo suficientemente de él. Nos miramos el uno al otro sin saber qué decir. Sinceramente, ya no tenía ganas de irme. Teníamos que hablar y aclarar las cosas si no queríamos terminar haciéndonos daño.

Intenté mirar más allá de esos ojos oscuros e intimidantes. Deseaba poder entender que era lo que él pensaba de mí. La idea de que esto solo fuera un juego me aterraba. Notaba como mis sentimientos se volvían locos al tenerlo tan cerca, y que alguien pudiera usarlos contra mí no me gustaba en lo absoluto. Por eso mismo quería correr y alejarme de él en cuanto antes.

Uff, ya empezaba a pensar de nuevo con claridad. No tenía que largarme y ser tan cobarde, lo que tenía que hacer era hablarle claro y admitir lo que estaba sintiendo por él.

Sonaba tan bien en mi cabeza y tan mal en la realidad.

—Puedes soltarme, no me pienso ir.

—¿Segura? —me preguntó inseguro y confundido—. ¿Qué es lo que ha cambiado para que no desees alejarte de mí?

—Nada, no ha cambiado absolutamente nada —admití incapaz de mirarle directamente a los ojos.

—Pues casi te vas sin decirme nada. Pensaba que había hecho algo mal.

Sus palabras provocaron un sentimiento de remordimiento en mí. ¿Por qué a veces era tan estúpida? Era yo la que estaba estropeándolo todo.

—Lo siento, no quería hacer eso. Es mi culpa por no poder explicarte las cosas. Tú —lo señalé con el dedo como si eso me justificara—, me pones demasiado nerviosa. Consigues que algo tan sencillo como una conversación entre dos personas se convierta en algo mucho más complicado.

Había dicho seguro la tontería más grande que había salido de mi cabeza. Chris no dijo nada, pero su sonrisa burlona lo dijo todo. Al darse cuenta de mi expresión paró de sonreír.

—¿Por eso habías querido huir hace un rato?

—Sí —confesé volviendo a sentirme estúpida.

—Bueno, ahora estamos hablando como dos personas civilizadas y no te veo tan nerviosa. ¿Hay algo más que me quieras decir?

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