Al llegar al lugar me encontré en un sitio precioso lleno de naturaleza y de vida. Un lugar con mucha paz y tranquilidad. Me sorprendió que existiera un sitio como este en Los Ángeles. Honestamente, no me lo esperaba para nada.
Las calles anteriores las había recorrido un millón de veces, pero nunca en mi vida me había llegado a parar en este hermoso lugar. Me adentré hacia lo que parecía ser un pasillo hecho de plantas con muchas flores y de muchos colores: blancas, rosas, amarillas, moradas...
Estaba totalmente impresionada. Nunca imaginé parar en un sitio así. Ni en mis mejores sueños.
El pasillo era un poco largo y no se veía casi el final. Lo que conseguía que te adentraras aún más con la naturaleza. Era como estar en un cuento de hadas, solo me faltaba un vestido y una hada madrina que me lo proporcionara.
Saqué mi móvil del bolso para comprobar que todavía era temprano. Después de un minuto adentro de aquel largo pasillo por fin pude visualizar el final. Esperé unos minutos por si acaso me esperaba alguna sorpresa al salir y la estropeaba o simplemente para no dejarme llevar por mis nervios. No pude aguantar mucho más y salí antes de tiempo ya que la curiosidad que sentía era mucho más grande que los miedos por hacer el ridículo o estropear una sorpresa que a lo mejor ni existía.
Tal y como me imaginaba, atravesar ese pasillo de plantas fue aún más hermoso. Todo daba una sensación de estar en un parque natural en el que a tu alrededor se respiraba sobre todo naturaleza y vida. En el medio había una fuente preciosa de piedra y con plantas que lo rodeaban también. Absolutamente todo mi entorno parecía envolverse con la naturaleza. Y en cada pared creada con grandes arbustos y flores de colores muy vivos, había un banco perfecto para sentarse a leer, a escuchar música, a dibujar.... Ideal para sumergirse en este ambiente natural completo de diferentes tonos verdes y por todas partes. En uno de esos bancos vi sentado a Christian. Un chico tan apuesto en un clima tan hermoso como este que parecía sacado de una de esas películas de romance que tanto nos encantaban a Becket y a mí.
¿Realmente esto no era un sueño?
Aquel chico guapo que me esperaba sentado llevaba una camiseta negra y unos pantalones vaqueros grises que no pegaban para nada con los colores vivos que lo rodeaban. Sin embargo, él se veía tan genial con esa ropa que me puse hasta nerviosa.
En mi posición, le podía estar mirando fijamente sin que él se percatara aún de mi presencia. Así que aproveché para ver lo guapo que era y recordar el beso que nos dimos la última vez. No tenía ni pajarera idea de las intenciones de este chico sobre mi persona. Y esperaba hablarlo con él para conocernos más y averiguar qué es lo que quería de mí.
El que me pusiera nerviosa solo con verlo me aterraba, puesto que ni siquiera sabía que era lo que sentía por mí este chico. ¡Apenas nos acabábamos de conocer! ¿Y si estaba perdiendo el tiempo con él? Si era así, besarlo no me haría sentir bien conmigo misma.
Esto era un auténtico lío y necesitaba aclararlo. No podía rendirme en este momento. Di un paso tras otro hacia Christian que me seguía esperando y me senté a su lado.
Él se sobresaltó un poco pero rápidamente sus labios formaron una sonrisa.
—Hola —lo saludé intentando que no se notaran mis nervios.
—Hola —me devolvió el saludo muy contento al verme. Su felicidad hizo que me pusiera todavía más nerviosa—. ¿Te ha gustado el recorrido? —me preguntó con una chispa de emoción en sus ojos.
—Sí, es precioso este lugar —respondí con sinceridad.
—¿Habías estado aquí alguna vez?
—No..., nunca había estado aquí. ¿Y tú?
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Deja que cuide de ti
Romance¿Qué es lo que harías si alguien totalmente desconocido cogiera las riendas de tu vida? ¿O si alguien anónimo empezara a mandarte mensajes y cartas en plan psicópata? Yo, Katherine Johnson, aún no tengo ni idea de qué hacer. Y mi mejor amiga, Becke...
