(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
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Tres semanas.
Ese era el tiempo que llevaba esquivando a Pablo. Al principio fue muy difícil, ya que me acosaba todo el tiempo para lograr averiguar el porqué de mi enfado. Al cabo de varios intentos fallidos, comenzó a recurrir a la gente de mi entorno para preguntarles e interrogarles sobre mí. La cosa se calmó bastante cuando Manuel y Tomás le pararon los pies, diciéndole que me dejara en paz, que si no quería hablar con él era por algo. Ellos dos —aparte de las chicas — habían sido mi pilar fundamental durante estos días, pues estuvieron en todo momento sin pedir nada a cambio y se preocuparon más que nadie.
Por otra parte, y por supuesto no menos importante, Marizza había regresado a Argentina. Había llegado una semana antes de lo acordado, ya que se había metido en problemas. Entonces, su padre, cansado de los dolores de cabeza que ella le provocaba, decidió enviarla de vuelta con su madre.
Es más, en estos mismos momentos nos estaba contando como le llenó a la novia de su padre el bolso de grillos. Nos encontrábamos Luján, Luna, Marizza y yo sentadas en el suelo delante del aula. Estaba a punto de empezar las clases y necesitábamos ponernos al día.
—Por cierto, Laia —Marizza me llamó la atención, poniendo cara de pillina—. ¿Qué tal todo?
—Pues... No sé. Bien, supongo.
—¿Y con lo que quedamos cuando me marché? ¿Cómo va eso?
Yo dudé. No estaba enterada de la situación con Pablo, y, sinceramente, no era una cosa de la cual me gustase hablar. Estaba intentando superarlo y quitármelo de la cabeza. Pero debía hacer un esfuerzo para poner a mi amiga al día de las circunstancias en las que vivía.
—Yo... Bueno, sobre eso...
—¡Lo sabía! —gritó ella, emocionada— Luego caí en que eres medio lenta para pillar indirectas y que debería haberlo dejado más claro. Pero bueno, vamos a lo importante: ¿Ya te has besado con Pablo?
Luna y Luján le hacían gestos a Marizza para que se callara. Quizás se pensaban que no las veía, pero era obvio que lo hacía. Incluso, la gente de nuestro alrededor, también se había dado cuenta de los movimientos.
—En realidad, fue con otra con quien se besó.
Tal vez lo mejor era dejar que el tiempo fluyera y encontrar a otra persona que me hiciese feliz. Así que, tenía claro que dejaría de estar mal por él. No valía la pena amargarme por eso.
—¿Qué? —preguntó Marizza, anonadada. Tenía los ojos como platos— ¿Cómo?
—Vico, que se ve que aún le tenía ganas.
—No me lo puedo creer... No. Eso es imposible.
—Pues es así, Marizza —saltó Luján—. A ese le voy a agarrar yo y le...