Capítulo 9

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Un nuevo día despertó en el élite Way School. El día de ayer fue el primer día de clases oficial y creo que me había ido bastante bien. Los profesores de momento no me caían muy mal, pero eran profesores, tampoco me iban a caer bien. Y bueno, las clases no parecían muy duras, así que todo bien.

Estaba en la cafetería tomándome un jugo con un donut de mientras que no empezaban las clases. Llevaba los auriculares puestos y estaba mirando en móvil. Siempre hacía eso: hacía ver que no escuchaba nada para poder husmear en las conversaciones de los demás sin que ellos se dieran cuenta. Sabía que era ser muy cotilla, pero me gustaba hacerlo.

Marizza, Luna y Luján aún no habían bajado, así que estaba sola. En la mesa de al lado, estaban Tomás y Pablo, así que me preparé para escuchar su conversación.

—¿Qué lees? —le preguntó el rubio a su amigo.

—Nada. Bueno, estoy leyendo el anónimo... Pero es para leerlo solo.

—¿Ah, y yo no lo puedo leer? ¿Pablo Bustamante, tu mejor amigo, no lo puede leer? Lo que me faltaba —exclamó, y le arrancó la carta de las manos.

—¡Buenos días! — Guido llegó contento a su mesa y se dispuso a sentarse, pero antes de que pudiera hacerlo, Tomás habló:

—Esto es algo privado, ¿te molesta si hoy te sientas en otro lado? Por hoy nada más.

—No te ofendas.

— No, no. No me ofendo. —Se marchó, claramente, ofendido.

—¿Tienes idea de quién puede ser la que te escribe las cartas?

—No sé, pero solo espero que sea Laia... Me encanta.

Un poco más y, después de oír esa frase, me atraganto con el jugo. Se iba a llevar una gran decepción, entonces: para empezar, no sabía ni de qué carta estaba hablando. Encima, ya se lo aclaré ayer. No iba a tener nada con él, así que ya lo podía ir asimilando.

Claro está, que tuve que disimular para que no se enterasen de que los estaba escuchando, así que intenté seguir como si nada.

—¿Qué dices? ¿Laia? ¿La que está sentada en esa mesa?

—Claro que es esa Laia, ¿Cuántas Laias más conoces?

—A ver, a ver —hizo una pausa breve, intentando reflexionar sobre lo que su mejor amigo le estaba confesando, y cuando se sintió preparado, volvió a hablar:— Es linda, sí. Está buena, se podría considerar que también... y todo lo que vos quieras, pero es imposible ser más antipática de lo que es. ¿Te has olvidado de cómo me habla? Con un tono de superioridad que no soporto... No entiendo qué coño le ves, si ni siquiera habéis hablado nunca.

—¿Cómo que no? ¡Sí!

—Ya, claro... ¿Ayer? Permíteme recordarte que solo lo hiciste para ganar...

—Cállate —Tomás lo frenó enseguida—, alguien podría escucharte.

—Bueno, bueno. Además, no tienes oportunidad con ella. Laia es...

Sentí dos miradas punzantes al instante. Eran tan profundas que empezaba a ponerme roja sin querer, y eso no podía ser. No podían descubrir que les estaba invadiendo la privacidad.

—¿Qué? ¿También te gusta o qué?

—¿Qué? ¡No! —gritó el rubio, tan alto que varias personas de la cafetería se le quedaron mirando—. Iba a decir tan egocéntrica. Y maniática. E infantil. Sí, todo eso.

¡Oh! ¿Cómo se atrevía? Estaba claro que yo no era nada de eso. Ni siquiera me conocía... Me sentía realmente atacada.

—Bueno, pero me gusta, ¿qué le voy a hacer? Además, Pablo..., admítelo: te pone cuando te planta cara y te dice las cosas tal y como las piensa.

—¿¡Pero qué dices, tarado!? ¿Te has vuelto loco? Por favor... no me hagas reír.

Lo que me faltaba... gustarle a ese. ¡Antes muerta!

—Tranquilo, Pablo —lo calmó Tomás—. Pero te lo estoy diciendo en serio, Laia me gusta mucho, así que necesito tu ayuda. Lo de la... ya sabes qué, ha hecho que me gustara de verdad. Me he fijado en ella y no me la quito de la cabeza.

—¿No será porque es de las pocas con las que aún no te has liado?

—A ver... —dudó— No lo sé, pero tengo que comprobarlo.

Después de procesar toda esa información, me pude levantar de mi asiento y dirigirme hacia el aula para asistir a clase. No quería que se notara lo en shock que estaba, por lo que intenté pasar por delante de ellos sin que mis piernas me fallaran. Una vez conseguido mi objetivo, crucé los pasillos hasta llegar al aula.

Inolvidable || Rebelde WayHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora