Capítulo 4

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Mis amigas estaban guapísimas. En cambio, yo, a su lado, parecía una vagabunda. No me convencía nada de lo que llevaba encima: ni la ropa, ni los zapatos, ni el peinado, ni el maquillaje me quedaban bien. No podía ir así.

—Bueno... —suspiró Luna, emocionada—. ¿Vamos?

Al decir eso, Marizza y ella abrieron la puerta de la habitación y la cruzaron. Al ver que yo no las seguía, pararon y me miraron con confusión.

—¿Qué pasa?

—Yo... Id sin mí, chicas. Voy a tardar todavía un rato.

—¿Por qué?

Ninguna de las dos lo entendían. Cosa normal, pues no les había contado como me sentía.

—No pasa nada, pero id tirando. Ahora bajaré.

Ellas obedecieron aún sin entender qué me pasaba. Una vez sola, procedí a cambiarme varias veces de vestido, hasta que topé con uno que no me quedaba demasiado mal. Yo lo único que quería era causar buena impresión. Me deshice la trenza que llevaba y me dejé el pelo suelto, que, desde mi punto de vista, era como mejor me quedaba.

Cuando me vi lo suficientemente presentable, salí de la habitación y crucé medio hotel hasta llegar al patio donde Sonia había organizado la fiesta. Hacía media hora que la fiesta había empezado, así que estaban todos bailando con sus parejas. Bueno, todos menos Mía y Vico, que estaban bailando juntas. Al parecer, Pablo y Tomás las habían dejado plantadas. A lo lejos vi a Luna y a Guido, así que mi intención fue caminar hacia ellos para no estar sola. Pero, antes de llegar hasta la pareja, Mía y Vico se interpusieron en mi camino.

—¡Laia! Vaya... ¡Estás divina!

—Vico tiene razón —aseguró Mía, sorprendida—, estás hermosa. Pensábamos que no ibas a venir, ya sabes, como no tienes pareja...

—Al principio no iba a venir, pero no quería perderme la primera fiesta del curso. ¿Y Pablo y Tomás? ¿No eran vuestras parejas?

—La verdad es que no tengo ni idea... —Vico negó un par de veces con la cabeza, decepcionada, mientras decía eso.

—Nos dijeron que nos íbamos a encontrar aquí... Y aún no han venido.

—Bueno, si queréis yo puedo...

—¡Ay, mi ciela! ¡Estás aquí! Llevo rato buscándote... —gritó Sonia, interrumpiéndome— ¡Nena, estás hermosa! ¿Preparada para mi sorpresa?

—Bueno... Sí, dime.

No estaba muy segura de que su sorpresa fuera a gustarme, pero supongo que debía arriesgarme.

—Como estabas deprimida por ser la única sin pareja, decidí conseguirte un chico para que no bailaras sola —explicó, emocionada.

—Eh... Muchas gracias de verdad... Pero no hacía falta...

Inolvidable || Rebelde WayHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora