Capítulo 11

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Cuando abrí los ojos, me encontré con la peor persona que pude imaginar. Estaba sentado en la silla, a un lado de la camilla donde estaba yo, mientras me miraba pensativo. Enseguida me incorporé, nerviosa, para empezar una guerra de contacto visual que, por lo menos, duró medio minuto.

—Qué bien que solo haya sido un susto.

—¿Qué haces aquí? —le solté con disgusto. Que ni le pasara por la cabeza que me dejaría intimidar por él. Si era un cabrón, yo lo sería más.

—Visitarte, por supuesto. 

—Tu visita no es bienvenida.

—Venga, Martín —dijo Bustamante, sonriendo—. Dejemos nuestras diferencias de lado y...

—¿Qué quieres?

Él bufó, sin rastro en su rostro de molestia. Parecía... feliz.

—Saber cómo estabas.

—Bueno... —me encogí de hombros— Tal y como puedes ver, estoy de fábula.

—¿Sí, segura?

—Mucho.

—Según tus analíticas... No parece que lo estés tanto.

¿Se refería a... la droga? Esperaba que no. No me explicaba cómo se lo hacía ese hombre para tener siempre sus narices metidas en todo. Era agotador.

—Pues lo estoy, te lo puedo asegurar. Para tu desgracia, aún me queda mucho por luchar.

—¿Desgracia, para mí? —soltó una carcajada. ¿Qué le pasaba? Se estaba haciendo el simpático, lo sabía, pero... ¿Por qué?— No digas bobadas, Martín. Si en el fondo te aprecio.

—Claro, yo también.

Ambos mentíamos.

—Bueno... Solo venía a ver cómo estaba mi nuera. Porque sigues con mi hijo, ¿verdad?

¿Tanta poca confianza tenía con Pablo que ni eso sabía? Ese hombre me daba lástima. Quería aparentar tanto y era tan poco...

—Por supuesto.

—Genial.

—Sí, genial.

Sergio se levantó de la silla y se alejó un poco más de mí, situándose cerca de la puerta. Miró un segundo al móvil, mientras que yo no le quitaba la vista de encima, y, seguidamente, me volvió a mirar.

—Solo quería asegurarme, ya sabes. Porque últimamente me ha llegado que hay varias chicas interesadas en mi hijo, y... claro... 

—¿Ah, sí?

—Pero no te preocupes. Ya sabes que mi hijo no te cambiaría por nada... Está hecho un inmaduro —soltó, mientras sonreía una vez más.

—No me preocupo, Sergio. Pablo sabe muy bien qué es bueno para él.

Inolvidable || Rebelde WayHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora