(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
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—¿Qué es lo que pasa, mamá? Me estás asustando.
—Nos han echado... —sollozó y se sacó un pañuelo del bolsillo para, seguidamente, sonarse la nariz con fuerza.
—¿Os han echado de dónde? ¿Del trabajo? —Ella asintió, y yo fruncí el ceño— ¿Qué? ¡¿Por qué?!
—Mejor vamos a un lugar más privado y te lo cuento todo, ¿vale?
Empezamos a caminar hacia fuera del edificio y no paramos hasta llegar al aparcamiento del colegio, que se encontraba desierto.
—Bien, mamá, cuéntame.
—Esta mañana, cuando tu padre y yo hemos llegado a la fábrica, el señor Pérez estaba esperándonos en nuestro puesto. Parecía enfadado, así que nos hemos preparado para lo peor...
Estaba preocupada, muy preocupada. Sin empleo, ¿cómo íbamos a seguir adelante? Además de que, para despedirlos, algo muy gordo tenía que haber ocurrido.
—Está bien, cálmate un poco, no entiendo nada—murmuré, pues sus sollozos hacían que sus palabras fueran imposibles de entender.
—Nos han denunciado, y por eso no podemos seguir trabajando en la fábrica. El señor Pérez dijo algo que una denuncia afectaba a la imagen de la empresa...
—¡¿Qué?! ¿Una denuncia? ¡Pero si vosotros no habéis hecho nunca nada malo!
—Ya lo sé, hija, ya lo sé. Dice que somos buenas personas y que duda, pero... así son los códigos de la empresa. No puede hacer nada por nosotros. ¿Y quién habrá sido el desgraciado que...?
Estaba clara la respuesta a esa pregunta. Maldito Sergio Bustamante.
—¿Y qué vamos a hacer ahora? ¿Dónde vais a encontrar otro trabajo aquí?
—Cariño, no solo se trata del trabajo...
Mi madre me miró de forma compasiva. Ya no lloraba, solo me miraba con pena.
—¿A qué te refieres?
—El contrato incluía trabajo, casa y colegio, y sin él... No tenemos nada.
—¿Nada... de nada? —Ella negó con la cabeza y sus ojos volvieron a cristalizarse—. Espera un momento, ¿eso significa que no tengo plaza el próximo curso en el Élite Way?
—No la tienes. No tenemos ni casa.
Mi mundo, claramente, se derrumbaba.
—P-pero... —Empecé a considerar opciones a toda velocidad. Tal vez no estaba todo perdido— Pero podemos intentarlo, mamá, no es tan difícil.
—¿Qué quieres decir?
—Podemos empezar de cero, solo hace falta encontrar otro trabajo y alquilar un piso... Yo me pongo a trabajar si hace falta también.