(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
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Fueron unos días duros para todas. En tan solo un par de semanas ya se habían descubierto dos infidelidades: la de Manuel y la de Marcos, y las chicas estaban destrozadas. A Luján le costó muchísimo remontar, pues cada vez que lo veía corría hacia la habitación para encerrarse y llorar. Mía lo llevaba un poco mejor, pues hacía más días de su ruptura. Poco a poco, ambas consiguieron salir del pozo y dejarlo todo atrás, aunque el corazón les seguía doliendo.
Había pasado una semana del desfile y, en este transcurso de tiempo, Erreway había vuelto a sonar por la radio con su nueva canción "Olvídame", escrita por Laia Martín. Todavía no me acostumbraba a escuchar mi nombre en boca de otros. Estaba siendo todo un éxito: sonaba por las radios, sonaba de fiesta, los discos se habían agotado y toda la prensa hablaba sobre ellos. Oficialmente, Erreway había vuelto y estaba más fuerte que nunca.
Me encontraba en clase de lengua y literatura junto a mis compañeros de clase. Esta semana había sido bastante difícil de llevar porque habíamos tenido, mínimo, dos exámenes diarios. La profesora Carmen estaba repartiendo los exámenes ya corregidos y se había acercado a mi mesa para darme el mío.
—Enhorabuena, alumna —me felicitó a la vez que me tendía el examen. Había sacado un diez—. Pese a tu bajada de notas a inicio de curso, veo que has podido remontar, y eso me alegra.
Le sonreí con verdadero agradecimiento. Que una profesora tan estricta como Carmen me felicitase, era un verdadero orgullo. Además, yo misma estaba muy satisfecha de mi subida de notas en la mayoría de asignaturas. Con un nivel de estudios excelente, la vida social más o menos estable y el trabajo en la cafetería que me permitía pagar el alquiler y los caprichos que desease, mi vida estaba tomando un rumbo perfecto. Era feliz.
—Permítame que le pregunte una cosa, Martín...
—Claro. Dígame, profesora.
—¿Qué desea estudiar cuando termine su educación aquí?
—Eh... Pues derecho, profesora. Sí, eso me gustaría.
Carmen pareció decepcionarse.
—¿No tiene ninguna opción más?
Yo dudé.
—¿Por qué lo pregunta?
—Pienso que un don como el que usted tiene para la lengua y la literatura no debería desaprovecharse. He tratado con una infinidad de alumnos en mis clases y ninguno era tan bueno como lo es usted, Martín.
—No sé si soy tan...
—Lo eres. Dígame, ¿le gusta leer? ¿Escribir?
—Bueno... A veces escribo, sí. Y leer... Siempre me ha gustado.