(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Maratón 3/3
La fiesta estaba muy bien, pero el día de después era de lo peor. Ya no porque tuviera resaca, que no era el caso porque en la fiesta de las chicas no había alcohol para menores, sino por el cansancio. Después de bailar toda la noche y de haberme acostado tarde, ni siquiera me notaba las piernas. Me permití el lujo de pasarme la mañana durmiendo sin pensar en la última ronda de exámenes finales que empezaba mañana. Solo de pensar en que debía ponerme a estudiar me agotaba.
Después de la comida, salí a dar un paseo por los jardines del colegio para airearme. Necesitaba estar un momento a solas para reflexionar en todo lo ocurrido en este curso. Todo había cambiado, por suerte, para mejor. Solo esperaba que mis siguientes cursos en el Elite Way fuesen iguales o mejores. Sin embargo, una chica sentada en uno de los bancos del patio llamó mi atención. Era Eva, y no parecía demasiado feliz.
—Eva —la saludé, a la vez que me sentaba a su lado. Ella se secó rápidamente las lágrimas con la manga de la camiseta—. ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?
—No lloro, es... Es la alergia, Laia.
—Pero si no tienes alergia, Eva —susurré. No pude evitar mostrar mi preocupación. Eva casi nunca lloraba, casi nunca estaba triste—. Cuéntame qué te ha pasado para que estés así. Por favor.
—No te preocupes...
—¿Es por mí? —pregunté con temor. Ella me miró fijamente— Sí, ¿no? De verdad, siento haberte evitado durante tanto tiempo y solo haber hablado contigo en casa, jamás me perdonaré...
—No es eso, Laia. Además, ese tema ya está solucionado. Aclaramos las cosas y ambas nos perdonamos.
—Ya, pero...
—Lloro porque estoy feliz de verte a ti feliz. Ahora tienes amigos, un novio increíble, buenas notas, ganas de salir y socializar...
—Es que me ha ido muy bien este cambio de aires, Eva.
—Lo sé.
—¿Seguro que solo es eso? Pareces disgustada, no feliz.
Ella suspiró. Inmediatamente, sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó toda la cara, pues tenía restos de lágrimas por las mejillas y la nariz llena de mocos. Después, carraspeó con incomodidad.
—Tengo que contarte una cosa, Laia —se sinceró. Yo inmediatamente asentí con la cabeza, dándole paso—. A mí no me ha ido tan bien como a ti.
Yo abrí los ojos con sorpresa. Eso era imposible, a Eva siempre le iba bien.
—¿Qué? Pero si... Pero si te he visto rodeada de gente, de amigos, muchas veces. Tus notas son de las mejores, eres feliz aquí.