(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Pasaron unos días desde que me había propuesto presentarme como candidata para el centro de estudiantes. Por fin, después de un largo trayecto, me volvía a apasionar algo. También, Pablo y yo arreglamos las cosas. Ni yo ni él podíamos estar sin el otro, éramos el apoyo más grande que teníamos. Era cierto que me molestaba, últimamente, discutir tanto con él, pero entendía que era porque ambos estábamos mal. Lo único que sentía era que Pablo estaba mucho más irritado que yo, pero suponía que pronto se le pasaría.
Me encontraba en mi cuarto junto a Pablo y las chicas, hablando sobre las elecciones. Marizza no quería arruinar nuestra amistad por un tema como ese, y yo, claramente, estaba de acuerdo.
—Sé que todavía es pronto, ni siquiera nos hemos presentado como candidatos, pero... —empezó Marizza, con una sonrisa— ¡Estoy tan emocionada que no puedo esperar a iniciar mi campaña!
—No te emociones tanto, medusa —la calmó Pablo, tumbado en mi cama junto a mí—. Va a ganar mi novia.
—¡Pablo! —lo reñí. Precisamente, lo que no queríamos era iniciar una rivalidad tóxica.
—Es la verdad.
Marizza se acercó un poco más a mí, sonriente, y bromeó:
—Ya le gustaría a tu noviecita. Yo ya tengo el nombre de mi candidatura, ¿sabías?
Yo me sorprendí.
—¿Ah, sí?
—Sí —saltó Luján—. Se llama... ¡Pilas!
Sabía a ciencia cierta que Luján iba a muerte con Marizza, al fin y al cabo, tenía mucha más relación con ella que conmigo. Pero no me molestaba, porque Laura, aunque no se hubiera posicionado todavía, iría conmigo. Lo tenía claro.