(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
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—Y... ¡Sonríe!
Puse la mejor sonrisa que me era posible. Había estado horas arreglándome para salir impecable en la foto de los carteles electorales y no me permitiría quedar mal. Habíamos elegido, con el permiso de Dunoff, el despacho del director como escenario para la fotografía. Era cuestión de estética, pues daba la sensación de poder y seguridad que yo buscaba.
—Has salido genial —dijo Rocco, quien se encargaba del tema cámaras.
Me había parecido una estupidez contratar a un fotógrafo profesional, el cual me iba a costar un riñón, si ya tenía a un amigo que sabía del tema. Y no solo sabía, sino dominaba.
Nos quedamos un rato charlando en secretaría, pues Rocco tenía que imprimir las fotos y tardaban un rato. Luján y Marizza habían ido a resolver un par de asuntos, pero me acompañaban Mía y Laura. Esta última traía muy mala cara, así que, aprovechando que estábamos en pequeño comité, me animé a preguntar.
—¿Estás bien? Tienes mala cara.
—Yo... —nos observó a ambas, pero, seguidamente, hizo un gesto con la mano de indiferencia— Sí, no pasa nada.
Mía también habló:
—¿Segura? Nos lo puedes contar, eh.
—¿Ha pasado algo con Francisco? Mira que voy y...
Laura enseguida me interrumpió, negando apurada con la cabeza:
—No, no. Con él no, pero tiene que ver...
—¿Tu hermana?
A la rubia le brillaron los ojos al escuchar la pregunta de Mía. Bingo, había dado justo en el clavo.
—Se ha enterado de mi relación con... Bueno, lo que sea que tenga, con Francisco.
—No le veo el problema —expresé con confusión—. ¿Tienes miedo de que se lo diga a tus padres o...?
—Pues que ella está loca por él, Laia. Ese es el problema. Y ahora ni me habla; al contrario, me echa miradas asesinas cada vez que puede y me intenta dejar mal con todo el mundo.
—Bueno... —Mía le acarició un brazo, consolándola— Tranquila, ya se le pasará.
—No, nunca. Me odia, chicas.
—No digas eso, Laura. Algo se podrá hacer, hombre.
—A no ser que deje de ser tan malcriada...
Alcé las cejas, estando totalmente de acuerdo, antes de decir:
—Razón no te falta, pero... No sé, puedo hablar con ella si quieres y...