(CORRIGIENDO)
A Laia Martín y a su familia les sale la oportunidad de mudarse a Argentina por cuestiones laborales, la cual aceptan sin pensárselo mucho.
Allí asistirá a un colegio pupilo lleno de gente adinerada y muy caprichosa; al principio no l...
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Otro día normal y corriente empezaba en el Élite Way. La rutina era siempre la misma: levantarse, vestirse, desayunar e ir a clases. Ojalá algún día se le giraran las neuronas a Dunoff e hiciera algo diferente de vez en cuando.
Estábamos en clase con Hilda. Detrás mío se encontraba Pablo que no paraba de hablar con Guido, si tuviera la mínima decencia de callar tal vez podría prestar más atención en clase. Me tenía harta, no lo aguantaba más.
—¡Bustamante! ¿Puede hacer el favor de callar? —le gritó, y por fin, calló. ¡Gracias Hilda!— Siguiendo con mi clase, si Bustamante no me interrumpe más con sus charlitas. Sobre el trabajo, no quiero ninguna fotocopia. Tampoco quiero que bajen material de Internet, quiero que lean libros. Conmigo van a aprender a investigar en serio.
—¿Y qué vamos a estudiar, señora?
—Bien alumno, el tema que vamos a estudiar es la conquista de América, el encuentro de las dos culturas. Como influyó la llegada de los españoles a nuestras costas y como transformó la realidad del continente.
Después de ese comentario, me distraje y me olvidé del resto de la clase. En mi antiguo instituto, ya estudiamos la conquista de América, así que si aprovechaba bien la situación podría sacar una muy buena nota sobre ese tema. Yo creía que no era cierto el descubrimiento de América, ya que había gente viviendo allí, ya había estado descubierto. Pero bueno, hace años de eso y no me pondré ahora a debatir sobre eso, que no tiene nada que ver conmigo.
—¡Señorita Martín!
No me di cuenta de que había desconectado por completo. Hilda estaba que echaba humo, no la había estado escuchando, y por lo visto, hacía rato que me estaba hablando.
—Perdón profesora... —me disculpé saliendo de mis pensamientos. En ese momento me di cuenta de que todos estaban mirándome, qué vergüenza...
—Te hice una pregunta, ¿me la puedes responder?
—Mm... ¿Me la puedes repetir?
—¡No! ¡Igualmente, no hubieses sabido la respuesta porque no estabas prestando atención! Le voy a bajar un punto por falta de interés en mi clase.
Genial, lo que me faltaba.
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Nos encontrábamos todo el curso en la sala de estar esperando a Dunoff. Mía había logrado reunirnos a todos para organizar una sentada para que reincorporasen a Vico, ya que había sido expulsada injustamente. Según la institución, la echaban por mal comportamiento y por crear una mala reputación al colegio.
Todo eso era culpa del maldito diario. Si no se hubiera puesto con Vico y no hubiera insinuado cosas que no eran, esto no estaría pasando. Básicamente, se la había insultado y juzgado por, según ellos, ser una prostituta. Eso era vergonzoso. Inventarse algo así de una compañera era llegar a un extremo muy alto y ser un auténtico cabrón.
Empezábamos a pensar que Dunoff no iba a venir, ya se estaba terminando el recreo y no nos quedaba tiempo si no queríamos tener una falta por no ir a clase. Como si el universo me hubiese escuchado, Dunoff se presentó muy enfadado delante de todos nosotros.
—Pensé que alumnos de tercer año sabían sobre el colegio en el que tenían el privilegio de formarse, pero por lo que veo la ignorancia es infinita. El Élite Way School no tolera planteos o manifestaciones, esto no es ni un sindicato ni una asamblea. Sus padres confían plenamente en nuestra institución, y nuestra institución nunca los va a defraudar.
—¿Qué va a pasar con el castigo?
—No va a ver sanciones, decidí darles una segunda oportunidad. Esto ha sido la primera vez que ocurre en el Élite Way, por lo tanto, los convido a que olvidemos rápidamente este incidente...
Lo llevaba claro si nos íbamos a olvidar de lo ocurrido tan fácilmente.
—¿Y con Vico qué va a pasar, señor? —enseguida preguntó Mía.
—La señorita Victoria Paz va a ser reincorporada. — ¡Algo bueno, por fin! Varios alumnos aplaudieron, y otros, se dieron palmadas en la espalda entre ellos, felices, celebrando el mérito de la sentada.— Pero esta decisión no tiene nada que ver con la chiquilinada de hace un rato. Yo ya había tomado esta decisión, lo había pensado y no me dieron oportunidad ni tiempo para comunicárselo. También pensé profundamente y decidí darle otra oportunidad a ella. Así que ya ven que la protesta no tuvo ni razón ni sentido, ¿está claro? Las oportunidades no se repiten, aprovéchenlas. Ahora, todos a clase. ¡Usted no, Colucci! Venga conmigo a dirección.
Nos dirigimos a la siguiente clase y allí nos encontramos con Mancilla junto a un chico que parecía un poco más mayor. Solo al entrar, todas las chicas se le quedaron viendo embobadas. Sí, el chico era lindo, pero al no ser mi tipo pasé bastante de él. Si por mí fuera, se lo daría todo enterito a Marizza, que un poco más y le tengo que dar un pañuelo para que se limpie la baba.
—Para los que no estaban enterados, les voy a presentar a su nuevo compañero: Joaquín. Espero que le den la mejor de las bienvenidas. Puedes sentarte allí, detrás de Fernanda —dijo dirigiéndose a Joaquín y señalando una mesa bacía detrás de todo—. Por cierto, alguien le va a tener que pasar los apuntes o las carpetas...
—¡Yo! Yo me ofrezco, tengo la carpeta al día —Mía saltó de su silla dispuesta a darle sus apuntes a Joaquín, pero antes de que pudiera dar un solo paso, Marizza se metió en el medio:
—¡No, no te preocupes! Yo ya le preparé todo lo que va a necesitar para hoy, permiso.
Se interpuso en su camino y, como estaba más cerca de él que Mía, le entregó su carpeta llena de apuntes.
—Bien, la profesora Hilda me dijo que hiciesen parejas para hacer un trabajo de historia.
Recién Mancilla terminó de hablar, todos nos levantamos para juntarnos con quien queríamos hacer el trabajo. Claro está, que hicimos mucho ruido, ya que la gente gritaba a las personas desde un extremo del aula a otro y Mancilla se enfadó.
—¡Silencio!
El aula quedó en silencio de repente.
Mancilla: ¿Cómo puede ser que para formar unas simples parejas se tenga que armar tanto bardo? Se sientan todos porque las parejas las voy a hacer yo.
Mancilla empezó a hacer las parejas aleatoriamente y para mi sorpresa, no quedaron demasiado descompensadas. La mayoría estábamos contentos con la pareja que nos había tocado, me incluyo porque me tocó hacer el trabajo con Manuel. Me llevaba bastante bien con él, me parecía un chico muy majo y que se preocupa por los demás.
La clase pasó bien. Me arriesgaba a decir que Mancilla era el mejor profesor que teníamos. Era el único que nos escuchaba realmente, estaba pendiente y se preocupaba por nosotros.
La próxima clase era gimnasia, así que al terminar la clase de ética nos dirigimos al gimnasio para empezar con la clase.
—Bueno, chicos, ¿qué les parece si empezamos a trabajar? Los varones, por favor, con el profesor; las chicas conmigo.
—¡Chicas, mirad! ¡De nuevo este diario!
Otra vez no por favor... ¿Qué es lo que le pasa que no puede parar de escribir diarios? Hacía unos días que no se hablaba de otra cosa: el diario esto, el diario lo otro... ¡Estaba harta!
—¿Qué pasa? ¿Qué es esto? —La profesora le arrebató el papel de las manos a Pilar y se dispuso a leerlo—. ¿Y quién es Nacho?
—Por lo que dice el diario, es un chico que Marizza esconde en el colegio.
—¿Marizza? ¡Marizza! ¿Dónde está Marizza?
—Eh profe... —Luján en seguida intervino— ¡Se encontraba mal!
—Sí... Le dolía mucho la barriga...
—Por favor, que alguien la vaya a buscar ahora mismo.
—Ya voy yo, profesora —me ofrecí voluntaria.
—Date prisa.
Salí del gimnasio con prisa para ir a buscar a Marizza. No sabía donde se encontraba, lo único que sabía es que se había saltado gimnasia para estar con Joaquín. Busqué por todo el edificio, pero ni rastro de ella, tenía que encontrarla rápido y avisarle de lo que se le venía encima.
Después de unos diez minutos corriendo por todo el colegio, logré encontrarla. Estaba sentada en los pies de un árbol en el patio junto a Joaquín.
—¡Marizza! ¡Marizza!
Marizza parecía estar incómoda con Joaquín porque se alegró mucho de que estuviera allí y así poder deshacerse de él.
—¿Qué pasó, Laia?
—¡Mira esto! —le señalé el diario— ¡Se pudrió todo!
—¡No, Nacho! ¡Lo tenemos que ir a buscar al escondite!
Marizza estaba histérica. Se puso a dar vueltas de un lado a otro gritando su nombre mientras que yo intentaba alcanzarla para que se estuviera quieta. Estaba corriendo, y cuando se dio media vuelta para dirigirse en el sentido contrario, la pude alcanzar tomándola de los brazos, haciendo así que quedara de una vez por todas estática.
—¡No, no, no te preocupes! Luján ya se encargó de eso, pero ahora date prisa porque Alicia te está buscando.