CAPÍTULO 21

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Nate

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Nate

—¿Qué es lo qué haces? —pregunto levantando la vista de mi teléfono para ver cómo mamá levanta lo que creo son colchonetas de hacer yoga.

—Estoy acomodando las cosas para el viaje, hijo —dice y la veo tambalearse, amenazando con caer.

—Mamá... Déjame ayudarte —guardo mi teléfono y me acerco a mamá, quitándole las cosas que cargaba.

—Es muy, muy injusto —se queja Des, desde la isla donde termina su tarea.

Sigue molesta porque sus abuelos se van de viaje a ese crucero y ella se muere por ir. Si me lo preguntan, las circunstancias con las que fueron dadas el viaje me tienen bastante inquieto. No sólo irán mis papás si no casi todos los adultos de mi vida, y sí, yo soy adulto, pero es diferente.

—Ya te dije que te traeré un recuerdo —dice mamá sentándose al frente de ella, al otro lado de la isla. Termino de poner en fila las cosas las observo.

—Yo quiero ir contigo, abuela —se queja Des, dejando a un lado el cuaderno para ver a su abuela.

—Ya te dije que no es posible.

—Sí, abuela, claro que es posible. Lo único que no tiene solución en esta vida, es la muerte. Un pequeño viaje no es nada comparado con eso.

Definitivamente no hay quien le gane en una discusión a mi hija. Recién me convenció de dejarla ir a una pijamada con todas las de la ley. No me tiene tan preocupado porque Denise es una buena mujer, y su hija ya tiene mucho tiempo de conocer a Des. Ya en otras ocasiones se ha quedado a dormir allá.

—Tienes razón, hija, pero solo piénsalo ¿Quién cuidara a tu padre si yo y tú no estamos? Sin contar que tu tía Nath se va a Chicago por casi el mismo tiempo que yo.

Pregunta mamá sacando una cacerola con una pequeña tarta. La pone frente a Des y espera respuesta de mi hija. Sé que no se irán por mucho tiempo, pero en verdad me harán falta mis padres, los dulces de mamá y la comida de papá. Sé que ellos nos extrañarán de vuelta, sin embargo, ellos se merecen este descanso.

—Les, naturalmente —dice mi hija con simpleza.

Enarco una ceja por la seguridad con la que habla y la observo a la expectativa. Una cosa es que mi hija sienta admiración y amistad al estar con Lee, y otra diferente es el confiarme a ella con los ojos cerrados, y cabe destacar que Des es bastante celosa y hasta posesiva cuando se trata de mí.

—¿Leah te cuidará? Me encantaría ver eso —opinó mi hermana haciéndose presente en el lugar.

—Sí, y la tía Ale también —añade Des.

—¿Por qué me cuidarían? Soy mayor ya —digo acercándome a Nath para golpear sin ganas su hombro.

Mi hermana se va a casar y yo aún no lo supero. Mart es un gran hombre, y él correcto para mí hermana, o eso es lo que pienso. Cuando se conocieron pensé que él sería parte de la lista de esclavos de mi hermana, pero no, resulta que mi hermana quedó embobada con él. Ya tienen casi seis años de novios y estoy feliz por ellos; Mart es como un hermano más para mí, ese que es sabio y te dice que no te metas en problemas.

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora