CAPÍTULO 36

2.2K 161 96
                                        

Leah

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Leah

—¡Estoy bien!

—Lore dijo que hace una semana que no duermes bien, y estás hasta el tope de trabajo, debes parar. Estamos preocupados por ti.

—Son todos unos exagerados, y sí, tengo trabajo, por lo que te pido perdón hermanito, pero...

—Como te atrevas a cortar la llamada, me vas a oír...

—Lo siento hermanito mayor, mi león bello —canturreo cuando corto la llamada.

Suspiro para mí misma. Paso la mano por mi frente para limpiar el sudor y embarrar un poco más de pintura en mi frente.

Vaya semana que he tenido.

Era definitivamente la semana de las apariciones, primero los que supongo son mis abuelos, y la que supongo es la mamá de Des.

Tengo que entregar unas nuevas pinturas, por orden del contrato que firmé. Creí que podría con esto, aunque siento que en cualquier momento me va a explotar el cerebro.

Estoy concentrada en lo que ha sido mi obra más grande hasta el momento. El abstracto no es mi especialidad, aunque me dejé llevar y he de decir que estoy bastante complacida, de hecho ha superado mis expectativas. Ya he terminado unos cuatro retratos y ha sido en tiempo récord. Ya tenía listas dos de ellos y los demás han fluido en el transcurso de la semana.

El trabajo como asistente de los chicos también es parte de mis preocupaciones. Tengo que coordinar y dirigir un par de eventos. Estoy hasta el tope de trabajo. No puedo parar, no debo parar, y no me voy a dar el lujo de parar.

Estoy por trazar una pincelada más en el lienzo, cuando mi teléfono suena. Con frustración, me levanto y voy por él.

—Ya les he dicho que la banda no está interesada en ser imagen de su empresa, o de su producto, como sea... ¡No, no importa que suba la cantidad de dinero!

El toque en la puerta amenaza con sacarme de mis casillas.

—¡Adelante!

Sigo discutiendo con el señor que no entiende que no es no. Veo de reojo a quien ha entrado en mi casa, y me sorprendo un poco al ver a Pablo con una sonrisita burlona en su rostro. Seguro y parezco loca. Le hago un gesto de disculpas y señalo el teléfono, él se pone cómodo en uno de los bancos, mientras sostiene la cámara que le presté. Termino de hablar por teléfono soltando un largo resoplido.

—¿Día difícil? —pregunta enarcando una ceja.

—Semanas difíciles, en realidad —trato de sonreír. Noto que mira mi frente y luego lleva su vista a mi mano. Recuerdo que aún sostengo el pincel.

—No sabía que pintabas.

—Soy una caja de sorpresas.

—No tengo dudas de ello. Venía a regresártela, gracias por prestármela —me extiende la cámara.

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora