Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Leah
—¿Y papá?
—¿Yo dormí contigo?
—No.
—Pues salúdame primero, ¿no?
—Hola, Les.
Se ríe y me observa con ojos entrecerrados. Se ve toda coqueta con su cabello suelto, cayendo desordenado sobre sus hombros y espalda, su mochila está colgando de un solo hombro, ¿Cómo puede con todo eso? Desde aquí noto que está pesada. Se la quito y ella protesta con una mueca, pero decido ignorarla.
—Hola, Des, tu papá me pidió que viniera por ti, tuvieron una emergencia y hoy te quedas conmigo.
—¿Pasó algo malo? —pregunta.
—Nah, ya sabes, cosas del grupo —le ofrezco mi mano y ella la toma sin protestar— ¿Dónde está el salón de Adrien? Debo pasar por él también.
Su rostro se ilumina, pero se pone pensativa y se queda de esa forma por un momento.
—Ni siquiera lo pienses, sé que sabes cuál es su salón, llévame a él.
Encoge sus hombros y me guía tirando de mi mano. El colegio es enorme, todo se ve bastante caro y mi atuendo desentona totalmente, hasta los uniformes tienen más clase que mi ropa, supongo que a esto se refería Marcela esa vez que dijo lo que dijo sobre mí.
—Oye Less, ¿No tienes frío? —pregunta, aun tirando de mi brazo.
—¿Qué? ¿Por qué preguntas eso?
—Es que tu camisa es corta.
Me observo y miro mi top negro sin tirantes y que cubre mis senos y un poco más abajo, pero deja ver mi abdomen. Mi cabello está suelto y mis vaqueros rotos en las rodillas, dejé mi chaqueta en el auto.
—No, de hecho tengo calor.
—Te ves muy ardiente —dice y me señala un salón.
—¿Ardiente? ¿Sabes lo que eso significa?
—Bonita ¿No? Escuche al tío Cal decirlo una vez.
Ah, pobre Cal, Nate lo va a matar.
Me dirijo al salón, sin embargo Des suelta mi mano y la miro extrañada, pero ella me da a entender que me esperará afuera. No protesto porque se le ve bastante decidida. Me dirijo a la puerta del salón de Adrien y veo a muchos niños sentados, hablando con mucha tranquilidad. Lo primero que hago es buscar al rubio con la mirada, y lo encuentro charlando con un par de amigos, están formando un círculo con sus sillas.
—¿Puedo ayudarla señorita? —mi vista viaja hacia el escritorio de la maestra.
La maestra tiene una falda tubo y una camisa manga larga, todo de color azul oscuro. Su cabello negro cae sobre sus hombros y sus ojos marrones claros me asustan un poco, son bastante intimidantes.