CAPÍTULO 59

2.5K 172 31
                                        

Leah

Flashback

—¿Necesitas ayuda? —preguntó una voz que conocía muy bien. Dejé el resto de carpetas en el escritorio. Pasé una mano por mi cabello, haciéndolo para atrás, y suspiré antes de voltearme.

—No. Puedo sola. —Pasé a su lado, mientras iba por el resto.

¿Cuántas cartas y regalos podían dejar en tan poco tiempo? Eran muchísimas, lo bueno era que hasta el momento no había encontrado una amenaza o una cosa por el estilo. Nathan pasó a mi lado y tomó el resto antes de que me pudiera quejar y me acompañó de regreso. Ale no dijo que ellos vendrían, y mi cabeza dolía muchísimo. No quería lidiar con ruido en ese momento, y eso es lo que eran ellos, ruido y estruendo. Se hacían notar a donde quiera que fueran.

Por lo menos Nathan era uno de los más tranquilos, o eso es lo que la mayoría pensaba.

—No está mal recibir ayuda una que otra vez. Vaya, esa son muchas cartas —murmuró cuando las dejó junto a las otras en el suelo. De esta forma todo el lugar se había llenado de cartas, regalos y obsequios.

—Nathan ¿No tenías que ensayar?

—Gracias por tu ayuda, Nate, me encanta que estés aquí —imitó mi voz.

Le sonreí con vergüenza.

—Me gusta como sonríes. No soy Cal con los chistes, pero me alegra saber que puedo sacarte una sonrisa.

Oh, y podrías sacarme más que eso.

—¿Qué dijiste?

Mierda.

Cálmate, puedes con esto.

—Si podrías ayudarme a sacar esas de ahí —le señalé unas cajas.

—Por un momento pensé... Mejor olvídalo —dijo antes de sacar las cajas.

Libré.

—Y respondiendo a tu pregunta, el ensayo fue cambiado de horario, pero me enteré cuando ya estaba aquí. Te vi con las cartas y vine a verte —sonrió mientras abría una carta y sacaba un brazalete.

Las horas de alguna forma pasaron volando, y no sé a dónde se fue mi dolor de cabeza, o el hecho de cómo terminé sentada en una esquina de la oficina apoyando mi cabeza contra el hombro de Nate, mientras hablábamos y reíamos.

—Déjame ver si entendí... Tú y Caled van a ir a casa de la ex novia de él para buscar su camisa favorita.

—Así es.

—¿Por qué no solo la llama y se la pide? —retiré mi cabeza de su hombro y lo miré anonada, mientras chupaba una paleta.

—Es que no terminaron muy bien que se diga, y toca meterse a su casa a escondidas —se encogió de hombros y siguió comiendo los dulces que encontramos en una de las cajas que habían llegado ese día.

—¿Si saben que eso es allanamiento de morada, verdad? Si los atrapan van presos, y de paso sus rostros estarán en cada noticiero. No creo que a Ale le agrade la idea.

Crucé mis piernas al estilo mariposita y tomé unos chocolates. Hacía tiempo que no comía tantos dulces.

—Pues ya ves lo que hacemos por la amistad. Esperamos no terminar en la cárcel. No sabía que eras "dulcera".

Mis mejillas se sonrojaron a tal grado que él se dio cuenta y comenzó a reír. Subí un poco mis vista y todo sentimiento bonito que estaba sintiendo se congeló. Una rubia linda estaba parada en la puerta, con ambos brazos cruzados mirándonos simultáneamente.

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora