Nate
—Han pasado seis días —hago una pausa— seis malditos días en los que no sé nada de ella, no dejó ni siquiera una nota, y yo tengo que cumplir con el estúpido cronograma en vez de ir a buscarla.
—¿A dónde se supone que vas a buscarla? —me pregunta Shane.
—¿A Narnia? —trata de afirmar Cal, pero sale a pregunta.
Termino presionando mi dedo índice y el pulgar al tabique de mi nariz, tratando de calmarme para no darle un golpe, por lo tanto Iam, que está a su lado, le da un golpe por mí.
—Déjate de chistes, no es el momento, no ves que estamos preocupados, y Nate está a punto de salir y contactar al mismísimo FBI para localizar el trasero de Lee —le dice Shane a Cal.
Ruedo los ojos.
—¡Yo también estoy preocupado! —alega ofendido— Cuando estoy nervioso digo más chistes de los normal ¿Si? También me preocupa no saber nada de ella —se encoje de hombros.
Hemos tenido los nervios a flor de piel desde que se fue Leah, y yo siento que me voy volver loco. ¿Por qué se fue? ¿A dónde se fue? ¿Está bien? ¿Se alimenta bien? ¿Ella sonríe? No estoy con ella para hacer que ella sonría, no puedo asegurar nada.
Pensé que al salir del hospital, podríamos tener una conversación más amena, ya que cuando estaba en observación, prácticamente tuvimos que obligarla a recibir visitas, y no habló con nadie en todo ese tiempo. Solo intercambió un par de palabras con Des, y no fueron muchas, mi hija se quedó decepcionada y triste por lo que fue su último encuentro.
Me propuse estar todo el tiempo posible con ella, quizás de esa forma me hablaría, aunque fuera para mandarme al infierno. Siempre evitaba mi mirada, como si tuviera miedo de mí, o se sintiera culpable por algo que obviamente no es su culpa. Cada vez que su mirada chocaba con la mía, aunque fuera por accidente, sus ojos se humedecían y apartaba la vista rápidamente. No hay que ser un genio para darse cuenta de que no le hacía nada bien verme, y eso fue difícil de aceptar.
Yo quiero que me vea como antes.
La forma en la que se quebró en mis brazos cuando fue anestesiada me hizo darme cuenta de cuán afectada estaba, y no mejoró después de despertar, solo que en lugar de gritar y pelear, ella ignoró todo lo que se movía. La pérdida de nuestro bebé la tomó por sorpresa y nos noqueó a ambos, en especial a ella por su condición. Ella cree que yo la odio o le tengo algún rencor, y eso es imposible, yo no podría, ella no es la culpable.
La conozco. Debe sentirse en una encrucijada por el hecho de que estaba en estado cuando muchos doctores le habían dicho lo contrario. Ella había dejado morir ese sueño, y de pronto sucede, para luego simplemente serle arrebatado. Sé que no puede mirarme a la cara sin sentirse culpable, y eso no es lo que quiero, primero porque no es su culpa, y segundo, porque no quiero que el verme le transmita dolor, sino todo lo contrario.
El pensamiento de que si me hubiera quedado esa noche con ella nada de esto estaría sucediendo, invade mi mente una y otra vez, recordándome mi error y las consecuencia que desató.
Quizás...
—Saca tus pensamientos de ese horrible lugar, estás haciendo esa cara —el llamado de Shane hace que levante mi rostro y lo mire— Por millonésima vez: no es tu culpa.
—Ustedes no comprenden...
Antes de que pueda decir cualquier cosa mi teléfono comienza a sonar, por lo que lo tomo con rapidez y suspiro con decepción al ver que no se trata de Leah, sino más bien de un número desconocido. Frunzo el ceño, antes de hacerle una señal a los chicos de que ya vuelvo, dejándolos solos en la sala de ensayo.
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Inefable (Editando)
Storie d'amoreLeah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad. Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
