Leah
Flashback
—Ya no llores, Leah —Mateo limpia las lágrimas que van descendiendo por mis mejillas. Me separo de él, me tumbo en su cama, y fijo mi vista en el techo.
Quiero desaparecer de este mundo. Todo lo que hago le molesta, no soy ni seré suficiente para ella.
—Teo, yo sé que me odia, pero soy su hija, y me duele —siento de pronto como se tumba mi lado.
—Ella te ama, Leah, es tu madre, solo es complicada y...
—No me tengas lástima o te juro que te golpeo lo que tienes por pene.
—Nunca te tendría lástima eres mi mejor amiga y no te fallaría así. Y tampoco quiero ser golpeado, y para que lo sepas "lo que tengo por pene" es digno de llevar el nombre —sonrío y Mateo también lo hace.
Era mi cumpleaños número diecisiete y no me importaba que no lo estuviera celebrando, tampoco me importaba que una vez más mis padres lo olvidaran. Lo que me estaba jodiendo era que me iba a graduar y quería estudiar arte, pero no tenía las fuerzas para decírselo a ellos. Mi madre no paraba de insistir y hablar sobre administración y bla, bla, bla. Solo estupideces. Y me jodía aún más dejarme manipular, porque solo de esa forma ella me mostraría una pizca de amor y afecto.
—Soy una cobarde. Solo estoy mendigando amor de mi propia madre.
Mateo se levantó solo un poco y, con una mano, tomó mi mentón logrando que lo observara. Vaya chico guapo que tenía por mejor amigo, él y Laurel eran los mejores. Había visto a cada chica del colegio suspirar y derretirse por él. A mí también me parecía atractivo pero nunca se lo diría, no contribuiría a inflar su ego, y por encima de todo lo anterior, era mi mejor amigo, no me involucraría con él de forma romántica.
—Escúchame bien, eres una mujer bella, inteligente, que solo quiere ser amada y no te condenarás por eso. No tengo lástima de ti, la única que parece tenerla eres tú.
—Bien, ya mejor dejemos de hablar de esto. Y si le dices a alguien que estaba de chillona te mato —le dije mientras ambos nos sentábamos en la cama.
Él me observaba de manera extraña. Yo me observé justo como él lo hacía, para ver si lograba encontrar el motivo de su escrutinio. Hacía solo un rato que me había bañado en su piscina, y me había metido con mi ropa, hasta allí todo normal, lo que pasó luego fue que no traje ropa para cambiarme y él me presto una camisa de Julie que le quedaba grande y ya no usaba, y me dio uno de sus shorts. La camisa era blanca, cosa que no importaría si mi brasier no estuviera mojado, y en ese momento en la lavadora. Le estaba mostrando mis senos a Mateo.
La madre que me parió...
—Mierda —dije y él se sobresaltó porque se dio cuenta que lo había pillado mirándome.
—¡Perdón, Leah! ¡Soy el peor amigo del mundo! Yo... no debí... ¡Joder, perdóname!
¿Saben qué fue lo más curioso? Que no me molesté ni me sentí expuesta. Fue como: "ok, mi mejor amigo está viendo mis senos y ya... no pasa nada". Me reí un poco al ver lo asustado que parecía.
—¿Por qué te ríes? Deberías estar furiosa.
Sí, sí debería.
—¿Qué mirabas, Teo? ¿Mis senos? —dije con todo el cinismo que pude reunir en ese momento — ¿Mis duros y firmes senos?
Abrió los ojos a más no poder, como si mis palabras hubieran encendido algo en él. Lo conocía demasiado bien, su cara gritaba: ¡Error! ¡Error! ¡Esto está bien!
ESTÁS LEYENDO
Inefable (Editando)
Roman d'amourLeah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad. Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
