CAPÍTULO 61

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Leah

Le doy un sorbo a mi té y aprecio la zona tan agradable que encontré. Es un local que a su manera es sofisticado, con aires clásicos. Ojeo una que otra vez a mi alrededor y se puede notar que hay un par de fotógrafos alrededor, seguro esas fotos saldrán a la luz esta misma tarde. Trato de no pensar demasiado en ello, para no sentirme más nerviosa de lo que ya estoy.

—No quiero que lo hagas —dice mi madre por medio de una videollamada.

—No te lo dije para pedirte permiso, sólo quería que lo supieras —dejo la taza a un lado.

—Me quieres castigar, y hacerme sentir más mal de lo que ya me siento —murmura. Tomo un respiro y dejo de ojear a mí alrededor.

—No quiero ser su amiga de pronto y que nos llevemos súper bien. Solo quiero escuchar lo que tienen para decir y que dejen de perseguirme tanto.

—No te agradará lo que encontrarás, yo aún no los perdono.

—Lo sé, créeme yo lo sé —si hasta creció un poco resentida hacia mí, por solo parecerme, a la madre de papá. Ella entiende lo que digo y con gran rapidez se arrepiente de haber dicho eso.

—No quise...

—Ya llegaron, mamá. Te llamo después.

—Está bien, cuídate. Tu papá quiere verte. Cuida a mis nietos —dice y me despido con una sonrisa antes de finalizar la videollamada.

Observo a la distancia a quienes son mis abuelos mientras bajan de una camioneta, sin darse cuenta de mi presencia, mientras siguen hablando. Acepté reunirme con ellos, después de tener una conversación con Ale, y ser franca en realidad. Me di cuenta de que debía cerrar parte de ese ciclo. La chica que me atendió hace un momento, llega a mí y deja las galletas de alfajores antes de irse.

No me importa si piensan que fue de mala educación ordenar antes que ellos llegaran, pero estoy embarazada y con antojos, no me voy a detener por ello. Acaricio el llavero que Des hizo para mí en su clase de manualidades.

Tiene una linda fotos de nosotros el día que la conocí por primera vez en esa entrevista que le hicieron a los chicos. Todos no las apañamos para salir en ella, fue bastante raro ya que en ese entonces no éramos los mejores amigos. Está adornada de alguna forma con algo de felpa, pelusas rosas y brillantina alrededor, siendo algo que no es muy de mi estilo, sin embargo, es un regalo de mi niña y no le puse mala cara, lo hizo pensando en mí, y cada vez que vea esta explosión arcoíris, recordaré que la hizo para mí, que se detuvo a pensarme, y lo aprecio más que cualquier regalo costoso en el mundo.

Levanto mi vista cuando alguien aclara su garganta.

Su ropa no tiene arrugas, está perfectamente alisada. Su postura es envidiable, incluso yo me termino encorvando en ocasiones. El señor tiene un elegante reloj acompañado de un traje igual de elegante, con una sonrisa entre fascinado e intrigado.

Samanta y Stefan Moore

—Buenos días. Tomen asiento, por favor —digo de manera gentil, poniéndome de pie— lamento haber ordenado, pero el embarazo me tiene con antojos. Su cara se vuelve aún más sorprendida cuando notan mi crecido vientre. A pesar de su asombro, toman asiento. Murmuran un: no hay problema.

—Agradecemos que aceptaras vernos, nieta —el señor es el primero en hablar.

—Solo lo hice para que dejaran de molestar a mi representante, y no me llame nieta, por favor —aclaro.

—¿Cuánto tiempo tienes? —habla la mujer por primera vez y no pierde la vista de mi vientre.

—Ocho meses —aclaro mi garganta— Si pudieran ir al punto me harían un favor, tengo un compromiso luego de esto.

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora