Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
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Leah
—Tengo una calentura justo ahora que hará que se descongele el Ártico. Déjame decirte que todo en ti es perfecto, eres uno de los seres más guapos del planeta y eres mío. Como me embistes, me tocas, me saboreas. Cada uno de mis orgasmos son tuyos...
—Ya, ya cállate que me pones nerviosa.
Nate despega su vista del teléfono, en donde está leyendo el mensaje que le envié en estado de trance.
—¿Pero viste lo que me escribes? Estaba rodeado de personas y casi consigo una erección. ¿Cómo creíste que se vería eso?
—¿Las personas? No me importan. Aunque en cuanto a tu erección, se vería casi tan gloriosa como la torre Eiffel.
Mi novio suelta a reír. Se gira para dejar el teléfono en la mesita, por lo que aprovecho para estirarme un poco. Juego con el pequeño detalle que tuvo mi novio en regalarme. Paladio y Zafiro, casi nada, un pequeño detalle.
Me pone nerviosa, aunque si él dice que está bien, pues supongo que fue juicioso al momento de gastar. Me gustan los regalos ¿Para qué negarlo? Sin embargo, existe una gran diferencia entre una chaqueta, una camisa, o unas botas nuevas en comparación a un collar que me haría quedar igual que Rose, la del Titanic. Llegaré hasta viejita con el collar puesto.
—No lo pienses demasiado —me giro a ver a mi novio— Lo vi y quise comprártelo, sabes que me puedo dar esa clase de lujos.
Oh, claro que lo sé, he llevado en ocasiones la información de su cuenta bancaria, y si que hay números en ella.
—Tú no eres así —admito, sosteniendo el collar con una mano.
—¿Disculpa?
—Cariño, no hay que ser idiota para darse cuenta que gastaste un dineral en el collar ¿Paladio? Actualmente es más costoso que el oro, y no tengo ni idea de a cuánto equivale el zafiro. Tú no eres de derrochar en joyería —admito, dejando de ver el collar para verlo a él.
Está a mi lado mostrando su torso muy bien trabajado y desnudo, mientras yo tengo una sábana alrededor de mis senos.
—No quiero sonar a Cristian Grey y decirte algo de... —aclara su garganta, cosa que me hace sonreír— Gano eso cada cinco minutos —cita y yo sonrío como boba— no fue imposible de pagar si es lo que piensas, tranquila.
—Gracias por el regalo, cariño —me lanzo sobre su boca.
Estar así de cerca con él me descontrola por completo. La única cosa fría en mi cuerpo es la pieza de joyería en mi cuello. Le sonrío cuando me alejo. Me quité el collar y lo dejé con cuidado sobre la mesita. Volvía a los brazos de Nate, cuando escuché mi teléfono vibrar.
—¿Uhmm? ¿A dónde crees que vas? —me toma de la cintura imposibilitando mi plan de ir a tomar mi teléfono.
—Voy por mi teléfono, no te pongas tedioso —dispongo de mi fuerza para tratar de liberarme de su agarre, pero es imposible— Oye, solo quiero ver un mensaje, ya vuelvo...pensándolo mejor creo que deberías ir a buscar a Des —le indico.