Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
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Leah
—Una semana —suspiro y siento como todos me observan con cautela, como si temieran que el mínimo movimiento me hiciera huir.
En una semana será la cita con las personas de la galería, que evaluarán mis obras y decidirán si me ofrecen un lugar en su edificio o no. Para saber mucho de las artes, no estoy muy segura de cómo se maneja en el mundo "empresarial". Tal vez termine exponiendo unas obras y vendiendo otras, no lo sé.
—Deberías llevar a unos de los abogados, te serviría como guía para cualquier inquietud. —dice Shane. No me vendría mal, pero conozco mi lugar y no quiero abusar tampoco.
—Puedo manejarlo, en verdad.
—Estoy muy orgulloso de ti, mami —dice Bray, en medio de una burla. Ruedo los ojos ocultando una sonrisa.
—Sabíamos que lo lograrías —Iam deja el pastel en la mesa y me observa.
—La sorprendente y ardiente Lee, es la mejor...
—¿Y tú quieres que yo te mate, Carrie? —dice Nate, que tiene los brazos cruzados y observa a Cal con una ceja alzada, aunque su semblante tan falso lo delata, por lo que todos sabemos que solo juega (creo).
—No porque te estés comiendo a Lee, acá presente, te hace el número uno en su vida —dice restándole importancia a Nate— Yo soy su favorito ¿Verdad?
—No esta conversación de nuevo —me levanto dejándolos a todos parloteando sobre quién es mi supuesto favorito.
Nunca aprenden.
Estamos en casa de Margaret para su despedida, y bueno, la de los demás padres en general. Será breve, ya que tienen que irse pronto. Ale está aquí y charla de manera animada con el resto de las madres de los chicos, lo que me impresiona es que veo a la señora Ajax charlando un poco apenada con las demás. Me cercioro de que en verdad la estoy viendo para luego tratar de ir a donde Iam y de una manera sutil, preguntarle si sabe que su madre está aquí.
—No pelearé con ellos porque, obviamente, yo soy tu favorito —choco con Shane en mi huida.
—Mucha confianza. Y ya saben que no tengo favoritos.
—Sí, aja, lo que la artista diga —pasa su brazo por mi hombro, cosa que me extraña, porque de todos, el que menos expresa afecto es Shane.
Nota mi expresión y se encoge de hombros, sonriéndome con calma.
—Prepárate —me pide— te voy a dar un consejo, y aunque creo que no lo necesitas, porque no eres de ese tipo de personas, igual te lo diré.
No digo nada, solo lo observo esperando que hable.
Cuando decimos que Shane es un sabelotodo, lo decimos por dos razones: primero porque es un genio hablando de cualquier tema, y aunque no sea experto en todo, tiene un amplio conocimiento de casi todo, cosa que hace que lo admire. Hasta ahora, mi logro más grande se debe a causa de él y los chicos, por prácticamente empujarme a mis sueños. Por otro lado, Shane sabe y comprende muchos aspectos de la vida de una forma muy especial, dice que si no hubiera sido músico, sería filósofo o algo por el estilo.