Leah
Descanso mi espalda sobre el taxi que me está esperando. Miro mi reloj continuamente al ver que ya se han tardado más de lo que deberían, se supone que ya debía de haber salido.
Tengo frío, por lo que me alegra la elección de ropa que hice antes de venir: unos jeans negros sujetos por una correa y un suéter azul, que no es muy largo, aunque tampoco corto, pero alcanza a cubrir mi panza que se está comenzando a notar. Y también traigo a mi fiel amiga, mi chaqueta de cuero, que junto al suéter me protege del frío. Mis botas mantienen mis pies calientitos.
Hay muchos árboles por todos lados, es verdaderamente una ciudad muy linda y acogedora, nada que ver con la enorme e imponente California. Sonrío cuando veo al que creo es un oficial de policía, o un guardia, que abre las rejas y me deja en incertidumbre por un periodo de tiempo, ya que nadie sale. Frunzo mi ceño cuando veo que nada pasa.
Y no es hasta un momento después que la veo. Su cabello rubio cae sobre sus hombros, su perfecta nariz sigue recta y bonita. Las facciones de su rostro se marcan de una manera más adulta, veo la sombra de la adolescente que conocí hace tanto en la mujer que es ahora. Su forma de vestir no ha cambiado casi nada, fue una de las cosas que más me llamó la atención cuando la conocí. Tenemos estilos muy parecidos, aunque ella siempre ha llevado las cosas más lejos, a veces resulta intimidante para algunas personas.
Ella sujeta una mochila a su hombro. Su cuello está lleno de collares y una gargantilla negra. Una camisa de corte bajo deja ver levemente la entrada de sus pechos, y sus jeans se ajustan a la perfección a sus piernas. Su complexión es bastante parecida a la mía, no es muy voluptuosa ni muy plana. Ambas somos altas y flacas, solo que yo siempre he sido un poco más alta.
Su vista está entre el piso y mira una que otra vez a al frente pero sigue sin notarme. Cuando está a sólo unos pasos de mí, me gana la emoción.
—Necesito esos aretes —señalo su oreja que está llena de aretes.
Ambas nos los hicimos cuando cumplimos dieciséis. Ella me nota y abre mucho sus ojos, se queda quieta un momento y la sonrisa que se le escapa me hace sonreír.
—Pues cómprate unos, niña rica —zafó sonriente— ¿Qué mierda, Leah...? ¿Cómo? ¿Por... qué haces aquí? —pregunta medio aturdida.
—Vine a declararte mi amor eterno —respondo sarcástica.
—Sabía que tenías un amor lésbico por mí.
Ambas dejamos de bromear y nos abrazamos, como si esos años que estuvimos separados jamás hubieran pasado. Como si fuera ayer mismo que estábamos juntas en el colegio e imaginábamos cómo sería nuestro futuro.
Sé que muchos pensamos que estaremos toda la vida con nuestra amiga de la infancia, que será la tía de nuestros hijos y nos veremos hasta estar viejitas, que las cosas no cambiarán para mal, o para darnos distancia. Pero eso fue lo que nos pasó, y es lo que le pasa a muchas personas todo el tiempo. Solo me siento agradecida de poder darle un abrazo después de tanto tiempo.
—Leah ¿Cómo sabías dónde estaba? Dime qué está pasando ¿Qué estás haciendo aquí? —interroga.
—No te enojes conmigo. Hice algo que no creo que te guste, pero fue por tu bien. Necesitamos hablar ¿Podemos?
—Podemos ir caminando, y me dices eso que sospecho hiciste —asiento y me acerco al conductor del taxi. Le doy una buena cantidad por la espera. Cuando llegué fui directo al hotel para dejar mi maleta, tomé lo esencial para luego salir disparada a tomar un taxi y poder llegar a tiempo. Veo el taxi marcharse y me giro para ver a mi amiga.
ESTÁS LEYENDO
Inefable (Editando)
Roman d'amourLeah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad. Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
