CAPÍTULO 64

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Leah

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Leah

1 mes después

—¿Y la pequeña mafiosa?

¡Deja de llamar a mi hija de esa forma, Intento de Emo! —grita Nate desde la cocina.

—Está dormida —le digo, antes de darle a Nolan, para que lo cargue. Es un bebé grande, incluso más que su hermana. Casi mato a Cal cuando me pregunto cómo lo parí, insinuando como se debió abrir mi vagina.

Él lo toma con una sonrisa, y sonríe aún más cuando nota que lleva puesto el conjunto que él mismo le regalo. Un enterizo negro con las letras pequeño mafioso jr, que hizo que Nate rodara los ojos y a mí me sacara una carcajada.

—¿Crees en el destino, Lee? —me pregunta sin dejar de mirar al bebé en sus brazos. La pregunta me toma por sorpresa, y lo sigo hasta el sofá donde me siento a su lado.

Estos días él ha estado algo ausente, todos lo hemos notado, solo somos empáticos al hacer como si no lo notáramos, para que sea él quien hable cuando lo considere necesario, claro, o hasta que uno de los chicos no aguante y le pregunte antes, como las bestias que suelen ser.

—No entiendo la pregunta. No dejes que se quite los guantes, las uñas le han crecido, y no quiero que se rasguñe la cara, más tarde las cortaré —digo y él asiente.

—Lo digo, ya sabes, por todo, tu historia con Nate, y contigo realmente ¿Hace un año esperabas estar de esta forma? —pregunta.

¿Ya paso un año? De hecho ha pasado un año, en unos días es navidad. Sacando cuentas creo que...

—No lo esperaba, y sí creo en el destino. No es que suene raro viniendo de mí, aunque eso es lo que piensa la Leah de ahora, la de antes te hubiera dicho que hay que luchar por lo que uno quiere sobre toda las cosas, y es verdad hasta cierto punto. No obstante, estar siempre cerrados a toda posibilidad que no esté en los planes que tenemos de vida, está errado. Solo mírame ¿Me imaginabas embarazada cuando hace un año estaba en motocicleta, paseando por todo el país, yendo a fiestas, follando como loca, y ahora estoy en mi casa, con tres hijos, y un novio increíble? No me oirás nunca quejarme de ello, y si este es mi destino, lo acepto.

Se queda un momento en silencio, mientras observa su sobrino devolverle la mirada, creo que lo está examinando, con esos ojos que sientes que te ven hasta el alma.

—Tú me gustabas —dice como si tuviera miedo de mi reacción. Lo miro sin decir nada, y él no se atreve a alzar la vista.

—Lo sé, idiota —la rapidez con que se gira su rostro hacia mí me hace reír.

—¿Lo sabes? —traga en seco— ¿Desde cuándo?

Finjo estar pensativa y hago un gesto con la mano para que se relaje.

—Eso no importa, aunque estoy curiosa de saber por qué me lo confiesas justo ahora.

—Se lo dije a Nate, antes de que comenzarán a salir, bueno, para ese momento, ya no estaba tan interesado...

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora