Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Leah
—¿Por qué?
—No nos golpees, Lee, lo hicimos por ti.
Golpeo a Cal y sigo con el resto de las copias baratas de One Direction hasta que, después de golpear a Nate, me detengo.
—¿Cuándo?
—Esta mañana —dice Shane tocando el área donde lo golpeé— Yo lo hice, y entre todos promocionamos.
—Serán imbéciles, ¿Es que no lo entienden cierto? Ahora ya no tendré méritos propios, simplemente dirán ¡Oh, es la amiga, o la zorra de Guilty Pleasure! —exploto.
—No digas... —Nate trata de calmarme.
—No me toques —retrocedo y oigo como me llaman, pero no presto atención. De cualquier forma ya terminé las horas que tenía que cubrir y el ensayo en la discográfica terminó en desastre.
Jodidos idiotas todos.
¿Lo peor tener que trabajar un sábado? Darte cuenta que todo tu material, obras, pinturas, ¡Todo! esta en redes sociales y recibiendo un montón de mensajes de quién sabe qué.
Los muy idiotas hackearon mi cuenta y subieron desde allí todo lo que he hecho. Lo más molesto es que "eso" que Nate le dijo a Cal que haría, cuando hablaron ayer por teléfono, era al parecer despertarse primero que yo e ir al mini estudio donde tengo mis pinturas para fotografiarlas.
Estoy cabreada, me han molestado en serio. Me siento traicionada por ellos, sabían que no estaba lista y aun así lo hicieron. Y para rematar, usaron la cuenta oficial de Instagram de la banda para promocionar mis pinturas, sin contar que cada uno en sus cuentas individuales ha subido fotos y material que yo ni siquiera recuerdo haber pintado, seguro los guardé y los olvidé. Sin contar que ahora resulta que soy trending topic en Twitter con el hashtag #LeeMundoArt.
Hasta me dieron un nombre, esos idiotas.
Mi teléfono no para de sonar, no sé si por las notificaciones, mensajes o llamadas, no sé, pero hace tiempo que mi mal humor no estaba tan al borde del colapso.
—¡Deja de sonar, maldito aparato! —grito al teléfono en mi mano antes de arrojarlo contra la acera para subir a mi moto.
Mi mañana había estado de maravilla, desde el hecho que desperté con Nate, quién se fue muy temprano para ir a buscar a Des, y el ensayo había sido de lo más normal. El cronograma tuvo unos pequeños cambios de los que me encargué en mi laptop mientras los oía tocar. Un minuto, solo un minuto para cambiar mi estado de ánimo. Revisé de reojo mi teléfono que no paraba de sonar. Más notificaciones de las que jamás había recibido.
Mi corazón se detuvo cuando vi un mensaje de una galería de arte a la que he estado siguiendo desde hace mucho, ofreciéndome un lugar para mis pinturas en una de sus sedes. Yo realmente amo esto, sé que es mi vida, pero jamás me espere la manera en que llegó. Si tan solo no lo hubieran hecho...