Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
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Leah
Su mirada sigue sobre mí con mucha atención. Espero detectar molestia o enojo, por lo que me sorprende cuando veo preocupación en sus ojos. Quizás se deba al hecho de que estoy más que empapada de agua y me han dicho que me veo enferma después del accidente.
—¿Hola mamá? ¿Y yo qué? ¿Estoy pintando?
Estoy muda sin saber que decir. Papá no ha cambiado en lo absoluto.
—Hola, papá...
—Por el amor de Dios, entra de una vez, te vas a morir de hipotermia —mamá me toma del brazo y me jala a dentro. Me giro para tomar mi maleta, y veo que papá la toma y la mete en la casa, para luego cerrar la puerta.
Estoy aquí.
En casa.
Pierdo mi vista en la estancia, las paredes, los cuadros, fotos, artesanías ¿Cómo es qué me olvidé de todo esto?
La casa donde crecí, jugué, donde compartí los mejores momentos... y los peores.
—Yo... yo creo que no fue buena idea... ya...ya me voy, lo... lo siento ya...
Mis pies cobran vida y se dirigen a la puerta. Agacho mi cabeza mientras recuerdo las condiciones en las que me fui. Demasiados buenos y malos recuerdos.
—¿A dónde vas? Está lloviendo, lo único que harás será pescar un resfriado —un jalón en mi brazo me hace girar. Mamá me mira con una expresión que no logro descifrar del todo. Papá pasa una mano por su cabello y suspira.
—Paula, deja de reprenderla, ya no es una niña. ¡No lleva ni dos minutos aquí y ya se quiere ir!
—¡Pues se comporta como una adolescente, siempre lo ha hecho! ¿Quieres que la deje ir con esta lluvia?
—Pero no son maneras de tratarla. ¿Quieres que se vaya y esperar otros tres años para verla?
Para mi sorpresa, mamá no le responde a papá y me quita la chaqueta con amargura. Le facilito el trabajo sacando mi brazo de la manga izquierda. No sé qué clase de bienvenida esperaba, aunque definitivamente no es esta. Casi no he hablado y ya se están peleando. Niego con la cabeza, abiertamente.
—No debí venir, mamá, lo dejaste bien claro la última vez que te vi, será mejor que me vaya. No estaba pensando.
—Esta también es mi casa, y no te vas. ¿No piensas darme un abrazo?
—Papá... estoy mojada... —él acorta su distancia y me rodea con sus brazos.
El contacto hace que me quiebre ¿Hace cuando no abrazaba a papá? Y no hablo de cuando me fui, es que es de mucho antes. Creo que pasó tanto tiempo desde que sucedió que... que olvidé lo que se sentía. ¿Cómo es que llegué al punto de olvidar lo que se siente un abrazo de mi papá?