Leah Moore es la perfecta definición de libertad e independencia. Aunque muchos la acusen de egoísta por haber abandonado todo para encontrar su felicidad.
Nathan Rymer es descarado y seguro de si mismo como nadie lo ha sido. La música es su pasión...
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Nate
—¿Es esa? ¿Esa de allá? —Cal señala a unos bebés y niego, como por cuarta vez.
—Ya te dije que no.
—Los reconoceré apenas los vea, voy a ser su tío favorito, prepárense para la derrota —dice Bray mirando a todos lados, buscándolos.
—¿A quién se parecen? —pregunta Shane e Iam se intriga, haciendo que los demás dejen de buscar para mirarme.
Antes de que diga nada, mis padres me jalan la manga de la camisa y me señalan a los bebés que traen las enfermeras y que ponen en las incubadoras. Le agradezco internamente a mi hermana por ir por las cosas de los bebés a casa, y las de Leah, ya que por la sorpresa no tuve tiempo de ir por ellas. Me parece una locura que esta misma mañana yo preparé la pañalera, y Leah dijo que estaba paranoico.
Ambos bebés tienen un gorro y guantes que les tejió su tía Lana. Y su ropa la compre con Leah hace unos meses. Un conjunto morado y uno verde. Dos personitas que ya son las más especiales.
—¿Le dirás a tu madre el nombre de sus nietos ahora? Ya nacieron, lo prometiste —exige mi madre haciéndome apartar la vista de ellos.
Sonrío al ver a los demás mirándome con cara de que quieren una explicación, porque en realidad, nadie sabe sus nombres, o su sexo. Leah y yo queríamos mantenerlo en secreto hasta que nacieran.
Inconscientemente mi mente me lleva a ese momento.
Flashback
Ella apretaba mi mano muy fuerte, pero no le dije nada. La emoción se había apoderado de ambos ¿Cómo no hacerlo? Tendría DOS hijos más, dos bebés, con ella, con Leah.
—¿Serán dos? No importa, serán bellos como nosotros ¿Se parecerán a mí o a ti? Des tiene mucho de ti, creo que tu gen es fuerte.
No me cansaría nunca de escuchar lo que ella tenía para decir, era como si mil cosas sucedieran en su cabeza. Siempre buscaba la forma de sorprenderme.
—¿Puedes creer que sean dos?
—Estoy en eso, y es mi culpa, tengo antecedentes de embarazos múltiples, aunque no pensé que fuera algo de lo que debía preocuparme —sujeté su mano, pensando en lo hermoso que se vería el anillo que había comprado.
—No hay culpas, solo felicidad. Admito que me noqueó la noticia, porque sé lo que es cuidar a un bebé, y tuve ayuda. Sin embargo, Des no fue una niña complicada, solo era una bebé y claro que pedía atención, la mayoría del tiempo solo fui yo. Es atemorizarte —admití.
Leah se había quedado pensativa sin soltar mi mano, y quise disculparme por si había dicho algo que la hubiera asustado.
—Esta vez seremos los dos, no te voy a abandonar —confesó con una sonrisa sincera que hizo que recordara cada día la razón por la que había decidido caer por ella.