CAPÍTULO 24

2.9K 187 84
                                        

 Leah

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

 Leah

—No puedo concebir —digo bajando la cabeza.

Un suspiro cansado se me escapa. No es uno de mis temas favoritos de hablar porque es duro para mí. No sabía de mi imposibilidad hasta que me di cuenta de que tenía sexo sin protección y nunca tuve un susto con algún bebé, Laurel dijo que fuera al médico para ver qué era lo que en realidad estaba pasando. O muy bendecida, o muy jodida, y la respuesta, por desgracia fue la segunda. Nate luce más que sorprendido y decido continuar.

—Mis ovarios... están, están jodidos. No ovulo con la frecuencia que debería, o a veces en lo absoluto, yo... se llama Falla Ovárica Prematura, las posibilidades de que conciba son de un cinco o diez por ciento —tomo un respiro— Estoy bien, ya aprendí a vivir con ello.

—No sé qué decir. No tenía ni la menor idea. ¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde que tengo diecinueve años aproximadamente. Una amiga me sugirió ir al ginecólogo. Era una irresponsable y había tenido mucho sexo sin protección, y mágicamente yo no tuve ni un solo susto de un embarazo. Yo nunca me había dado cuenta de que quería... ya sabes... ser madre, hasta que me dijeron que no podía. Tal vez fue el destino encaprichado conmigo, como de costumbre.

—Debió ser muy duro. Eres muy fuerte.

—La vida se basa en etapas, y sufrir es una de ella. Algunos no superamos esa etapa, solo aprendemos a vivir con ella.

—Leah —susurra. Hace que me vuelva hacia él y le dé una mirada de que está todo bien. Respiro hondo y cambio mi expresión por una sonrisa algo cansada. Hace ya tanto tiempo que no hablo de esto con nadie, que por un momento olvidé que lo tenía— No es tu culpa, no estás mal y no eres defectuosa. Recuérdalo siempre, por favor.

Mi falsa sonrisa muere.

—Dile eso a mis ovarios de mierda.

—Leah... —casi suena a que me reprende.

Me quedo quieta cuando siento sus brazos sobre mí. Me abraza y me pega a él, haciendo que su calor golpeé mi piel. Logrando que sentirlo me dé esa sensación de alivio que tanto deseo sentir a veces. Muchos dirán que soy una insensible por no devolverle el abrazo, es solo que no puedo moverme. La forma tan poco mezquina con la que me abraza, solo deja ver la gran persona que es, porque Nate no es de los que van por allí juzgando y etiquetando.

Solo espero que no me tenga lástima después de esto.

—Nate, no te estoy corriendo ni nada, pero ya es de noche, ¿no debes ir a casa con Des?

—¿Lo harás? ¿Lo recordarás? —pregunta ignorando lo que le dije.

—Sí.

—Promételo.

—Lo prometo —subo mi mano derecha y en vez levantarla, la guio a su pecho.

—Muy bien —asiente complacido— Ahora hazme prometer algo.

Inefable (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora