Tenían solo doce años cuando fueron llevados lejos de sus hogares, un día soleado que pensaron sería uno perfecto para salir a pasear y disfrutar de su compañía mutua. Han pasado seis años desde entonces .Tanto el alfa de cabellos cenizos como el om...
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Se removió incómodo sobre las sábanas que lo mantenían tibio y de las cuales no quería alejarse, le dolía la espalda y tras el mínimo intento de moverse descubrió que no era la única área que le molestaba. Todo su cuerpo le dolía y bostezó sin poder evitarlo, descubrió que tenía la boca y los labios resecos lo que le hizo pasar su lengua por aquella zona instintivamente. Sus ojos, ni hablar de eso porque estaban muy hinchados a tal punto que le costó abrirlos y cuando logró conseguirlo tuvo que parpadear varias veces para así mejorar un poco su vista sin poder despejarla del todo, pues seguía viendo ligeramente borroso y unas lágrimas se acumulaban ligeramente producidas por un esfuerzo de su vista por aclararse sin mucho éxito.
Trató de enfocar su mirada en cualquier objeto que le diera una pista del lugar en el que se encontraba, no lograba recordar nada y se sentía extrañamente feliz y relajado, lo que le resultaba totalmente contradictorio con la cual pensaba que debía ser su reacción normal. Su mente estaba media adormecida, su razón resonaba como eco en su cabeza y el intentar correr de ese lugar le parecía tan absurdo, molesto y sobre todo difícil que a su parecer no valía la pena intentarlo. En lugar de preocuparse en correr a la puerta a unos metros de él y sin ningún otro ser que le impidiera huir, simplemente miró la mancha blanca que suponía era el techo y sintió ligeros espasmos en su cuerpo tratando de no emitir sonido alguno, pero al final se dejó llevar por la situación y soltó una ligera risa que terminó por hacerle picar la garganta.
Cuando llevó su mano a la zona del abdomen para tratar de controlar su risa y no le siga doliendo por el cayó en cuenta de que podía mover sus brazos mejor de lo que pensaba, seguramente su cuerpo se empezaba a acostumbrarse luego de varios minutos despierto. Abrió y cerró cuidadosamente sus manos para acostumbrarse a la sensación pesada de su cuerpo y poder soportar su propia carga. Trató de llevar una a la altura de su rostro, pero falló rotundamente cuando la palma de su mano terminó estampándose sobre su nariz haciéndolo soltar un gruñido de dolor que terminó en otra risa de frustración al no poder realizar una acción tan simple como esa. Se quedó en esa posición por un tiempo tratando de procesar todo lo que estaba pasando y poco a poco sus facciones se fueron endureciendo dejando la alegría de lado y tornándose en una mueca seria de concentración al recibir algunos recuerdos en su mente.
Empezó a morder su labio inferior al tener un poco más clara la situación en la que se encontraba y el nerviosismo apaciguado le hizo sacarse un poco de sangre de aquella zona, no se había dado cuenta de la presión que estaba ejerciendo - Shoto debe estar muy preocupado - Desvió la mirada del techo y giró la cabeza buscándolo sin lograr encontrar alguna mancha que combinara el rojo y blanco característico de su cabello, su olor era extremadamente tenue y estaba cubierto por una esencia dulzona que le recordaba a su madre cuando era un niño e intentaba calmarlo luego de tener pesadillas o si algo le molestaba mucho a modo de consuelo. Llegó a la conclusión de que ese olor era el que lo mantenía adormecido y le transmitía una calma total, era un olor que a su parecer era muy similar al de los omegas cuando estaban en cinta con un toque diferente sin llegar a ser exactamente igual. Instintivamente los recuerdos de su infancia llegaron a su mente y sin poder evitarlo recordó a Katsuki y su ceño se frunció rompiendo con su extraño trance de paz y tranquilidad. Estaba enojado con el alfa por dejarlo y hacerle caso a ese omega de cabellos rojos, pero debía admitir que él también le pidió que se alejara de Shoto porque tenía todas las intenciones de asesinar al de mirada bicolor no sabía si por la situación en la que se encontraban y que no lo conocía o por la posesividad natural de los alfas, cualquiera de ambas hubiera terminado en una pelea. Debía admitir que Katsuki no hacía cosas tan descuidadamente y debía haber una explicación sobre sus acciones. Sin embargo, cada vez que pensaba en eso sentía que esa no era la verdadera razón de su enojo, en parte sí porque cuando lo viera le iba a exigir una explicación de su abandono - definitivamente Kacchan me abandonó y lo vi irse corriendo luego de la orden el omega - pero había una nebulosa en sus recuerdos que no lograba aclarar y sentía que en uno de esos fragmentos era el origen de su molestia – Kacchan no me hubiera dejado sin una razón – se dijo y por más dolido que se sintiera no podía dejarlo. Katsuki volvería y le explicaría todo, pero también debía entender que estaba en todo su derecho de enojarse, resentirse, gritarle y hasta reclamarle por tomar esa decisión tan unilateral cuando siempre fueron ellos y su manada contra el mundo. A la manada no se le da la espalda, entre lobos se ayudan y se protegen, no quería pensar que el de cabellos cenizos estaba dejando la manada, que lo estaba dejando a él.