-Sé que no tienes la obligación de ser considerado con mi niña, teniendo en cuenta el trato que te dieron, hasta yo soy culpable de esto- Marco escuchó atentamente las palabras dichas por aquella mujer- y comprendo que tengas que vender algunas cosas de mi niña, pero ella siempre ha cuidado sus libros y sus cartas, la conozco lo suficiente como para saber que le causaría un gran dolor al saber que usted vendió esto – señaló el baúl que contenía una cantidad de libros, se tomó un momento para pensar antes de hablar- por mucho que quisiera guarda estos libro no sabría, ¿Cómo hacerlo? como bien sabe yo solo soy un vaquero con su caballo- se rascó un poco la barba para lograr pensar en una solución que no implicara vender los libros —la única solución que puedo encontrar es que usted se quede con los libro mientras, me ubico con Isabel y luego vendré por ellos, pero no sé, si pueda guardar las carta de Daniel, creo que ningún hombre le gustaría saber que su esposa guarda las cartas de un antiguo enamorado -eso era algo que él no cambiaría de opinión, no amaba a Isabel, pero eso no quiere decir que iba a permitir que tuviera las carta de Daniel en su dominio y por otro lado tenía curiosidad de leerlas.
-Sí, comprendo, estoy de acuerdo, yo puedo guardar el baúl de los libros de mi niña, hasta que ustedes se puedan ubicar –le respondió.
- ¿Quiere que le ayude a mover el baúl? —preguntó. Pero el movimiento de la cabeza de aquella mujer en negación le dijo que no –no se preocupe, creo que es mejor que ya se vaya, el señor no sabe que guarde estas cosas —el comprendía el afán de la mujer, pero a pesar de que ya se había desecho temporalmente de un baúl aún le quedaban tres que no sabía qué hacer con ellos, tendría que sacar los vestidos. Camino hasta ellos y volvió a revisarlo, pudo ver que uno estaba lleno de comisiones, enaguas y medias, pudo ver que era de buena calidad sabía que podía ganar un poco más con esto artículos, pero lo pensó mejor se quedaría con este y vendería los vestidos, que con esos colores horrendo le haría un favor a Isabel, pero no era tan cruel como para dejarla sin vestido, con el dinero que lograra obtener por las ventas de estos le compraría 5 vestidos a ella, era más de lo que usaba, pero sabía lo sensible que son las mujeres con esto.
Era tiempo de actuar y dejar de pensar, comenzó a sacar la ropa para colgarla en su caballo, así podrá transportase más rápido, no tenía una carrosa para montarlos así que dejaría los baúles a solo que hiciera doble viaje, volvió a pasar su mano por los baúles noto que eran de buena calidad, ganaría algo, así que si, haría doble viaje de la casa Thompson al mercado del pueblo.
Isabel ya estaba desesperada, ya era de noche y ni rastro de Marco, no podría creer que la haya abandonado en este momento tenía dos sentimientos encontrados el primero, era salir y buscarlo, para reclamarle el ¿Por qué de su abandono? Y una vez que tuviera su respuesta golpearlo y la segunda era llorar hasta que su cuerpo se sintiera cansado para pensar.
El ladrido de los perros la trajeron al presente -quédate aquí –Abigail levantó su mano para detener su movimiento en colocarse de pie, lo que se ganó un sentamiento de su parte, pero se asustó cuando la vio coger la escopeta que tenía guardada al lado de la puerta, para ella no era un misterio los forajidos que entraban al rancho para robar y en algunos casos mataban y violaban a las mujeres que se encontraban en estos, miró a Abigail sabía que una escopeta no sería nada al frente de una banda. Vio como la puerta se abría lentamente por un momento dejo de respirar, esperando ver quién era el que se encontraba del otro lado.
-No esperaba un recibimiento de este modo –habló Marco.
No supo que la impulso a colocarse de pie y correr hasta el - ¡Volviste! —se acercó y le dio un abrazo fugas que supo que lo sorprendió, hasta ella se sorprendió de aquella muestra de afecto y para tratar de arreglar eso le dio un golpe en el pecho - ¡¿Por qué te demoraste?! – lo miró con enojo
- ¡auch! —Lo escuchó quejarse mientras se frotaba el pecho —espero que esto no sea una costumbre cada vez que llegue a casa —ella simplemente le dio la espalda ignorándolo y concentrándose en Abigail que había vuelto a colocar la escopeta en su lugar.
-Un día de esto te vas a ganar un disparo mío –dijo Abigail. Escuchó la risa estruendosa de Marco, de repente sintió como se posicionaba atrás de ella, por el rayito del ojo pudo ver como se inclinó, tomó una respiración profunda, para que no viera que la puso nerviosa su cercanía -parece ser que alguien me extrañó más de lo que quiere admitir -ese susurro ronco que dijo cerca en su oreja mando un leve escalofrío en su cuerpo, pero lo ignoró, volteo su rostro en un rápido movimiento para ver su sonrisa arrogante que le empezaba a molestar --¡ya quisiera! – le dijo mirándolo directamente a los ojos.
- ¡Ya tortolitos! Y Marco ven, tu esposa te preparó una sopa de gallina -Marco vio como Isabel se alejó de el con aspecto de enojada y más cuando Abigail los había llamo tortolitos, la verdad es que le sorprendió aquel abrazo de su parte, pero decir que le molestó es mentirse a el mismo, por primera vez no se sintió solo, había alguien esperando su regreso, sacudió su cabeza parece ser que el trabajar bajo el sol fritó a su cerebro, no había aprendido la lesión con Madison sobre las mujeres.
-Espero que este delicioso ¡ya que tengo hambre! —caminó hacia la mesa del comedor y trató de que su mente se concentrara en la cena y no en aquellos pensamientos sobre Isabel.
Abigail le sirvió una gran taza de caldo de gallina humeante, tenía buen aspecto, pero sabía sin necesidad de preguntar quién fue la encargada de picar la verdura ya que esta se encontraba cortada de distinta manera y la papa no tenía una forma redonda si no cuadrada, cuando estaba a punto de tomar la primera cuchara de esta escucha a Isabel hablar —solo para aclarar, no hice la sopa para ti, la hice porque Abigail me lo pidió –él sonrió antes de molestarla un poco más.
-Querida –la cara que puso ella fue tan cómica por haber utilizado aquel apelativo se contuvo para no soltar una carcajada- no te preocupes, comeré cualquier cosa que hagan tus hermosas manos.
espero que les guste , no olviden comentar y darle like
instagram jenharly123
facebook Jenharly
ESTÁS LEYENDO
Amor En La Llanura
RomantikIsabel Thompson regresa de su temporada en Londres a Montana para casarse con su prometido, Daniel Crowl. Sin embargo, en el mismo día de su regreso, descubre que Daniel planea casarse con su prima Madison en lugar de con ella. Resulta que Madison h...
