Capítulo 31

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Pese que tenía un dolor de cabeza, no podía dejar de mirarla, era una mujer muy hermosa, podría decir que es aún más hermosa que Madison, siempre había sentido una debilidad por las rubias, pero había algo en Isabel que lo llamaba, sabía que no podía permitirse en tener sentimientos profundos por aquella mujer, la vida le enseño que era mejor ser distante, pero era difícil no sentirse atraído por ella y esto no se debía a su físico ya que le gustaba su forma de hablar, se estaba volviendo masoquista ya que le gustaba verla enojada con él. Tengo problemas, pensó.

La vio como rodaba la silla que tenía a su lado para sentarse y bajo su cabeza, sabía que esa actitud lo hacía cuando algo le avergonzaba -sigo esperando tu justificación, Isabel —jugó con su mano antes de verlo, ahí estaba esos hermosos ojos que serían la perdición de cualquier hombre -me cayó una araña en la cara cuando me estaba bañando —cuando la escuchó responder todos sus pensamientos se fueron y se concentraron en lo que dijo.

-¿Una araña? —La vio asentir -¡casi me matas por una araña! —no quería gritar, pero le fue imposible por aquella excusa, recordó el miedo que sintió cuando la escucho gritar, luego estaba el golpe de su frente seguido de la caída -¡pero me saltó en la cara! Fue horrible –él soltó un suspiro y se apretó el puente de su nariz para calmar un poco aquel dolor de cabeza mientras cerraba sus ojos.

No supo cuánto tiempo duro en esa posición, pero el toque de una mano quitando sus dedos del puente de su nariz lo hizo abrir sus ojos, no escucho cuando Isabel se colocó de pie y con un pañuelo -¿te duele la cabeza? Verdad —el asintió, ella coloco el pañuelo húmedo en su frente, el frio de este hizo que sintiera un alivio en su cabeza palpitante, cerró los ojos y soltó un suspiro de alivio -no fue mi intención que te cayeras —él sonrió ya que no habló del golpe -¿y qué pasa con el golpe? —le preguntó.

-Sabes que te lo merecías, no dejabas de mirar –abrió los ojos y vio que lo miraba con un lindo puchero. Detente Marco, no te enamores, se repitió en la mente —ven yo seguiré con eso —se puso de pie, llevando una mano en la frente para sostener el pañuelo -prenderé la chimenea antes que estemos en la oscuridad.

Isabel vio como Marco se levando abruptamente de la mesa para dirigirse a la chimenea, le sorprendió esa actitud ya que había sentido que algo había cambio, llevo una mano hasta su boca y sopló. No tenía mal aliento ¿por qué se había levantado así cuando ella se acercó? Se encogió los hombros y lo siguió, nunca lo entendería.

Llegó la parte que la tenía pensando desde que decidieron que iban a dormir en aquella habitación, la chimenea funcionó, aunque al principio tuvieron que abrir las ventanas ya que el humo comenzó a regresarse, pero Marco, cogió un largo trozo de madera y destapo la chimenea, así que la casa no se encontraba en oscura y comieron lo que sobró en la canasta para la cena.

Vio que la habitación tenía un pequeño vestier así que entro para quitarse la ropa y ponerse un camisón que había encontrado en sus cosas, era de tela gruesa blanca, que cubría gran parte de cuerpo así que no sentiría vergüenza si el la viera con este ya que tenía mangas largas y le llegaba hasta el tobillo, pero le sorprendió que cuando salió este estuviera quitándose las botas sentado en la cama.

-¿Piensas acostarte en la cama? —le preguntó. Él la miró y luego a la cama -Sí, es grande así que cabemos sin ningún problema en ella—comenzó a retorcer sus manos, no quería dormí con él, vio cómo se quitaba la camisa -¡qué haces! —le gritó llevando sus manos a su rostro ¡nunca había visto un hombre sin camisa! —Me preparo para dormir —le respondió como si nada -antes no lo hacías –le cuestionó, manteniendo sus ojos cerrados.

-Porque no tenía una cama donde dormir, es como tú ahora tienes camisón, te sientes más cómoda durmiendo con él, yo me siento más cómodo durmiendo sin mis botas y camisa –bajo sus manos y lo vio. Estaba moviendo su cabeza de un lugar a otro tratando de relajar sus músculos ella bajó su mirada y se concentró en sus pectorales, tenía todos sus musculo muy bien definidos, tenía un bronceado parejo en todo su cuerpo se preguntó si cuando trabajaba se quitaba la camisa pero sobre todo ¡él era el pecado encarnado! — ¿te gusta lo que ves? —al escuchar decirle eso alzó su mirada para ser recibida por su tonta sonrisa, sintió como su mejilla se calentaron por la vergüenza, se volteo dándole la espalda –no puedo hacerlo –le dijo.

-¿Que no puedes hacer?, cualquier cosa yo te ayudo –escucho el doble sentido en sus palabras.

-¿A qué te refiere? —volteo con su ceño fruncido –no sé, ¿a qué te refieres tú? –Ella espabiló rápidamente sin comprender sus palabras —a lo que me dijiste, sabes olvidado —ella sabía que hablar con él a veces era tedioso —Marco, no puedo dormí contigo —le dijo y notó como su postura se tensaba -¿Por qué? Llevas dos días durmiendo conmigo –ella camino para alejarse un poco de él –eso era diferente, no había una cama.

-¡Te da asco dormir con un simple vaquero! —Escuchó decirle con resentimiento a lo que ella rápidamente negó con su cabeza — ¡eso no es! —como alguien podía sentir asco durmiendo con un hombre como él, sería una tonta pensó. Con ese cuerpo –entonces explícate Isabel, porque no entiendo —vio cómo se volvía a relejar y abría sus manos, había notado que tendía a ocultarlas –me prometí que solo dormiría en la cama del hombre que amaba —esperó alguna burla o recriminación, pero solo la miro -no piensas decir nada —le preguntó luego de unos segundos sin recibir ninguna contestación –que te puedo decir, ese es tu problema yo dormiré en la cama —ella abrió su boca indignada, se abre a él y eso es lo que recibe -¡eres un patán! Un verdadero caballero da su lugar a la dama –él se acostó en la cama —soy un vaquero, no un caballero creo que ya hemos hablado de eso -ella miró a su alrededor y vio un mueble que le servía para acostarse ya que no quería admitir que le daba miedo salir de la habitación. Se acercó a el –bueno ya que no dormiré en la cama necesito esta almohada —jaló la almohada donde él tenía su cabeza -¡¿Por qué no cogiste esta?!—Le señaló la que estaba a su lado –esta era la que quería -dijo caminando hasta el mueble y dándole la espalda comenzó a trenzar su cabello.

-¡Malcriada!

-¡Patán!    

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Amor En La LlanuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora