Capítulo 39

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-¡Isabel! ¡Isabel! —dentro del dolor que estaba sintiendo pudo escuchar que alguien la llamaba, prestó un poco más de atención y pudo identificar quien era el dueño de aquella voz -¿Marco? —Eso solo significaba que ya había anochecido y por el timbre de su voz estaba preocupado -¡estoy aquí! —gritó en respuesta, pero lo cierto era que solo quería cerrar los ojos y dejar que el malestar pasara, siempre su periodo de sangrado era muy fuerte.

Marco no supo cuántas veces grito el nombre de Isabel, pero cuando estaba a punto de salir de la casa escucho un -¡estoy aquí! —caminó a la pequeña habitación que unos días antes habían limpiado.

-¡Isabel eres tú! —preguntó ya una vez estando en la puerta de aquella habitación.

-¡Si, Marco! ¡Soy yo! —puso la mano en la cerradura y noto que estaba está cerrada, arrugó su ceño, no entendía ¿Por qué ella se escondía de él? -¿qué pasa, Isabel? ¿Estás bien? —preguntó con algo de urgencia en su voz.

-Si estoy bien, vez y come -qué respuesta tan floja.

-Si estás bien ¿Por qué estás en otra habitación que no es la nuestra? Además está cerrada —volvió mover la cerradura para que escuchar que esta estaba cerrada.

-Solo quería algo de privacidad –le sorprendió esa respuesta ya que en los primeros días de su matrimonio nunca se lo exigió ¿Por qué lo hacía ahora? A solo que algo no estuviera del todo bien —sabes de lo que pienso en dormir separado, Isabel —esperó unos segundos, pero no tuvo una respuesta —solo quiero verte, si estás bien, no veo nada de malo a que abras la puerta, ya hay confianza entre nosotros ¿no? -algo andaba mal, Isabel no era del tipo de persona que se escondiera, siempre le daba el frente aun cuando el mostraba su fuerte temperamento.

Isabel no le gustaba mentirle a Marco lo cierto era que sentía que iba a morir, los calambres eran muy fuertes, sentía sus pies fríos por el dolor, pero más fuerte es lo que le enseñaron, estos temas no debían tratarse con los hombres ni mucho menos su esposo, debía estar aislada, además sentía mucha vergüenza en comentarle sobre su estado.

-¡Claro que tenemos confianza! Por eso te pido que confíes en mí, en que estoy bien —solo esperaba que el creyera sus palabras y la dejara sola, llevo una mano a su vientre bajo, cada vez que giraba su cuerpo sentía que se intensificaba el dolor —está bien —escuchó decir del otro lado de la puerta, cerró los ojos en señal de relajación por el hecho de que Marco le creyó y puso una mano en su frente para canalizar el dolor, sabía que esto solo sería por unas horas luego podía sentirse normal de nuevo.

Marco sabía cuándo una persona mentía e Isabel lo estaba haciendo algo en su voz le decía que estaba pasando por algo y el descubriría lo que pasa. Tocó el marco de la puerta, la madera era gruesa, pero eso no quiere decir que sería un problema para él, mientras estuvo recostado en la puerta escuchando la voz de Isabel notó que no estaba cerca de la puerta así que no la lastimaría. Retrocedió unos pasos y le dio una fuerte patada, haciendo que esta se abriera de un solo golpe.

El estruendo que hizo la puerta en abrirse asustó a Isabel – ¡Marco! —Exclamó, cuando lo vio con unos ojos desesperado buscándola, cuando bajo su mirada se encontró con ella, había hecho una cama improvisada en el suelo -¡¿Qué tienes?! ¡Estas pálida! –una mortificación la invadió, no quería que el la viera en este estado tan vergonzoso para ella. Llevó una manta a su rostro —no te escodan de mí, Isabel —Marco jaló la manta, ella volteo su rostro, no quería verlo, le daría asco cuando supiera su estado, sus ojos se llenaron de lágrimas por la situación.

Marco no entendía porque Isabel no lo mira la vio hacer un pequeño gesto como si le doliera algo, pero ¿qué seria? El bajo la voz —dime que tienes Isabel, sabes que no me iré de aquí hasta que me lo digas -con sus ojos la detalló además de su palidez tenía una capa de sudor en su frente y sus ojos estaban húmedos como si estuviera aguantado las ganas de llorar.

-¿Te duele la barriga? —preguntó a lo que la vio negar.

-¿Es la cabeza? —Volvió a negar -¿te caíste? —negó otra vez —entonces dime, sabes que solo nos tenemos el uno y el otro —trató de tranquilizar cualquier angustia que tuviera, la escuchó decir algo, pero fue en un pequeño susurro que le fue imposible escuchar, así que inclinó más su cuerpo para estar más cerca de ella —estoy sangrando –el abrió sus ojos y miro todo su cuerpo -¿Dónde? —tendría una herida, pero ¿cómo paso eso? La veía normal. Ella puso su mano en su brazo para calmarlo –es algo normal en las mujeres —la escuchó decir en un suave susurro de incomodidad y la compresión llego rápidamente a él -¿tienes mucho dolor? —Isabel solo asintió a Marco y cerró los ojos esperando alguna reacción de su parte, sabía que la regañaría por comentarle tan abiertamente sobre el tema. Pero los pasos de un Marco saliendo de la habitación fue todo lo que escuchó haciendo que su inseguridad creciera —le dio asco —unas lágrimas cayeron por sus ojos, había arruinado su matrimonio.

Marco al ver a Isabel con los ojos cerrados y regalándole ese asentamiento que confirma su estado, puso trabajar su mente, sabía que si traía el medico del pueblo se demoraría más y no quería dejarla sola por mucho tiempo ¡Abigail! Salió a paso apresurado de la habitación para tomar su caballo y galopar hacia la casa de Abigail, ella era mujer, sabia como manejar esta situación.

-¡Abigail! ¡Abre soy yo Marco! —una vez que llego se bajó del caballo aun andando, no quería perder tiempo, corrió hacia la puerta de Abigail y en toques fuerte la llamaba.

-¡Muchacho! ¿Estás loco? ¿Qué haces aquí y con ese escándalo? —vio como Abigail le abrió la puerta en bata –es Isabel, tiene dolor—no espero hacer invitado cuando entro -¿dolor? ¿Qué clase de dolor? —La escuchó preguntar a lo que él se voltea y le explicó —lo que sufren ustedes.

Abigail tardó un poco en comprender —tiene fuerte calambre —el asintió.

-¿Sabes cómo quitárselo? —preguntó.

-Quitárselo no, pero puede que sea más llevadero —era mejor que nada pensó, mientras la vía correr a la cocina—prepárale este té de manzanilla y canela—le entregó una pequeña cantidad de cada cosa —aparte colócale compresas de agua caliente en su estómago, ten, ya que me imagino que no compraste paño —el recibió cada cosa con su explicación y modo de uso, no quiso prologar su visita en la casa de Abigail, así que con un gracias salió y montó su caballo.

Llego a su casa y lo primero que hizo fue avivar la chimenea, fue a la cocina y coloco leña para hacer el té y hervir el agua, Abigail le había dado una idea sobre el agua caliente, la depositaria en la cantimplora y así el calor que ella expulsa le serviría a Isabel, ya cuando vio que todo estaba colocado fue a ver como seguía Isabel. Vio lágrimas en su mejilla, tiene que tener mucho dolor, caminó y se gacho hasta donde ella.

Isabel se había consumido en un mar de lamentación y de lastima –Isabel —el llamado a su persona hizo que abriera sus ojos y vio a Marco inclinado así ella. Abrió la boca para pedirle perdón por comentarle sobre este tema, pero él metió sus manos abajo de su cuerpo para cargarla eso la sorprendió -¿Marco, qué haces? -le preguntó mientras llevaba sus manos a su cuello para agarrarse.

-Esta habitación, fría y solitaria no perteneces, te llevaré a nuestra habitación donde es tu lugar –lo miró fijamente —no te doy asco—vio como el baja su mirada -¡de qué demonios estás hablando!

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