Ya había pasado dos semanas desde que Marco y ella hicieron el acuerdo de su relación y lo cierto es que ya no le caí tan mal Marco. Sonrió ante ese pensamiento. Pero lo más importante es que ya tenía unos avances en el ámbito culinario, puedo hacer huevo y papa cocidas era su mayor especialidad por el momento. Soltó un suspiro, la preparación de la comida resultó ser un verdadero desafío más por el hecho de que tenía que olvidar el miedo constate que tenia de quemarse, pero no todo se había perdido había descubierto que tenía talento para hacer tarta y a Marco le encantaba.
El sonido de unos pollitos hizo que bajara su vista al suelo donde vio 5 pollitos, recordó cuando Abigail se los había regalados.
-¡Para que tengas tu propio gallinero! —Se acercó a una pequeña caja de madera que le daba Abigail y vio 5 hermosos pollitos -¡qué lindos! —tomó uno en su mano y en ese momento Marco cruzó la puerta – ¡no puedo esperar a que crezcan y se pongan gordos para un rico caldo! —eso la escandalizó y llevo aquel pollito a su pecho -¡cómo puedes ser tan cruel en decir eso!— lo acuñó un poco más en su pecho evitando que escuchara las palabras de Marco —no escuches a ese bruto yo te protegeré –le susurro al pollito.
Escuchó un fuerte resoplo de Marco, hablando sobre la suerte que tiene aquel animal que cargaba, pero sus discusiones no terminaron ahí, ya que una vez que ambos llegaron a la casa, Marco pretendía que aquellos pollitos durmieran a fuera, ¿cómo el pretendía que esto seres tan pequeños lo hiciera?
-Isabel, entiende los animales son para que duerman a fuera de la casa, por eso existe el granero —le dijo.
-No ve que son unos bebés, como pueden dormir a fuera, además no tenemos granero y se los pueden comer –vio como paso una mano en su rostro en señal de irritación.
-Yo le construiré un pequeño gallinero —ella negó con su rostro —son muy pequeños –dijo tercamente.
-¡Dime! Que harás cuando dejen su mierd...-le abrió los ojos cuando notó la palabra que iba decir, el entendió y abruptamente cerro la boca –yo limpio la casa, así que yo tengo derecho de ensuciarla como quiera —le contestó.
-¡Sabes que, me rindo! ¡Quieres una casa que huela a pollo! Adelante ¡pero yo no te ayudaré en nada! –Le gritó mientras la señalaba, ella apretó su mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero ella volteo su rostro para que no viera que sus palabras la resintieron —está bien—dijo mientras caminaba hacia la caja de madera en donde se encontraba los pollitos.
-¡Maldición! Isabel, lo siento –ella lo ignoró odiaba que sus gritos le afectaran, es un patán y un patán solo grita, le dolía la garganta cada vez que tragaba sabía que eso se debía por aguantar las lágrimas.
-Isabel, mírame, realmente lo siento fui un patán contigo —ya con la caja de madera en su mano camino a una pequeña habitación que ambos habían desocupado, en la cual los antiguos dueños la utilizaron para guardar las herramientas de la casa, así que sería un buen lugar para poner a los pollitos —sabes que no me gusta que me ignores —podía escuchar a Marco, pero no mostraba que lo hiciera. Ya ubicado a los pollitos cerró la puerta de aquella habitación y cuando se volteo se chocó con el pecho de Marco —permiso -dijo tratando de esquivarlo, pero él puso sus manos a cada lado de su cintura —lo siento Isabel, trato de mejorar mi temperamento —ella agachó su mirada, sabía que si lo miraba lloraría estaba un poco sensible —no me gusta cuando me gritas con rabia —le susurró.
-Lo siento, estoy tratando de ser una buena persona para ti —alzó sus ojos y vio el arrepentimiento en aquellos ojos grises, ella no dijo nada más, solo recostó su rostro en su pecho y el agarre que él tenía en su persona se profundizo -si quieres que nuestra casa se convierta en un granero ¡que así sea! —Sonrió y lo abrazó —solo los animales bebés, no seas exagerado —cerró los ojos y refugio más su cabeza entre el cuello de Marco estaba empezando a amar estos momentos.
-Marco ¿te digo algo? -salió su voz un poco distorsionada por estar apretada el —dime —dijo mientras la abraza fuertemente — ¡apestas! —rápidamente la alejo de él –lo siento, sude mucho en el trabajo el día de hoy –sonrió al ver como él se olía, él la miro y vio su picardía en los ojos--¡que malas eres! —La acusó –a pesar que sea mentira de que apesta te tienes que bañar —sabía que ya había cogido el hábito ya que la mayoría de las veces lo obligaba a que se bañara antes de acostarse.
-¡Me voy a desgastar! —Lo escuchó decir mientras se quitaba la camisa y se la entregaba para dirigirse al baño –que hombre tan dramático.
Sonrió al culminar su recuerdo, pero lo cierto es que el día de hoy le dijo a Marco que quería quedarse en su casa para implementar los aprendizajes que había adquirido de Abigail, pero la realidad no era esa, había sentido unos pequeños calambres desde ayer en la noche lo que significaba el inicio de su sangrado, pero en todo la mañana solo tuvo pequeños dolores.
Desde muy pequeña le enseñaron que ese problema no debía hablarlo con su esposo, por eso tuvo que decirle esa excusa tan mediocre a Marco, que por poco hacen que discutieran, pero lo importante es que logro convencerle que la dejara sola y pudo tomar algunos alimentos para realizarle la cena a Marco.
-¡Bueno vamos hacer el puré! —miró a los pollitos.
Mientras la tarde transcurría para llegar la noche los calambres aumentaron y la pequeña mancha de sangre que vio le confirmo lo que sospechaba, se recriminaba por no comprar los paños cuando estuvo con Madan Blanc, como extrañaba a su nana o su doncella por lo generar ellas se encargaba de todo lo que esto conlleva. Sacudió su cabeza, ya no pertenecía a ese mundo ahora ella era la única que podía suplir su necesidad, cogió uno de los camisones que tenía y comenzó a romperlo en tirar que luego utilizaría.
Sabía que cuando estaba en este estado tenía que aislarse en su habitación, así que decidió que era mejor dormir en otra habitación. Tapó la cena de Marco y se acostó ya que tenía mucho dolor.
Marco puso su caballo a galope, aun no sabía cómo Isabel lo convenció de que la dejara sola, en su mente pasaron muchos escenarios dejando a una mujer tan hermosa como ella sola, pero ella tenía razón no todo el tiempo tendría a Abigail, llegará el punto donde ella deba cuidar de su hogar, pero él prefería cuando ya la casa estuviera más arreglada.
Cuando llegó a la casa, se bajó ágilmente del caballo y le quitó la silla de montar rápidamente, estaba desesperado por verla, hizo una pausa antes de entrar ya que estaba un poco exaltado, abrió la puerta y vio que la chimenea estaba prendida y había unas velas encendidas, eso hizo que su tensión disminuyera, caminó a la cocina y vio su cena tapada, cuando abrió que había sonrió —papa y huevo –sabía que esto era lo que hasta el momento cocinaba Isabel. Miró al suelo cuando vio un pequeño animalito moverse — ¿qué están haciendo aquí? sabiendo lo protectora que es su madre —le sorprendió ver los pollitos caminando en la concina y no en su caja o refugiados en el cuarto, caminó hacia la habitación -¡Isabel! ¡Tus bebés están sueltos en la concina! —llamó antes de entrar, pero al mirar el lugar donde ella dormía y verlo vacío lo invadió una desesperación.
-¡Isabel! ¡Isabel!—comenzó a gritar por toda la casa.
Hola mis amores espero que le guste 🤩😌
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Amor En La Llanura
Любовные романыIsabel Thompson regresa de su temporada en Londres a Montana para casarse con su prometido, Daniel Crowl. Sin embargo, en el mismo día de su regreso, descubre que Daniel planea casarse con su prima Madison en lugar de con ella. Resulta que Madison h...
