Capítulo 37

9.4K 639 32
                                        

Marco no pensó excitarse de esa forma, solo pensaba molestar a Isabel por un rato, pero lo cierto es que cuando comenzó a besarla algo muy primitivo se despertó en él, tuvo que tomar todo el auto control que tenía para poder separarse. Sonrió mientras la veía dormir, tenía esperanza sobre este matrimonio en el poco tiempo que lleva con Isabel sabía que no era igual a Madison, el hombre que ella amara sería muy afortunado y él quería ser ese hombre —bueno amigo esta vez no te tocó —pensó viendo su erección.

A la mañana siguiente Isabel podía sentir que algo había cambiado entre los dos desde aquella noche, descubrió que Marco es muy físico ya que siempre aprovechaba la oportunidad para tocarla o seducirle, no es que se estuviera quejándose, al contrario, se estaba acostumbrando a su forma peculiar de demostrar sentimiento. Ahora ambos se encontraban en rumbo hacia Abigail y él tenía un brazo apretando a su cintura haciendo que estuviera apegada a él.

Y como en todas las ocasiones donde ella se bajaba del caballo, primero lo hacia él y luego la ayudaba a bajar—esta vez, no podre desayunar con ustedes —eso detuvo su paso hacia la casa de Abigail -¿Por qué? —le preguntó un poco confusa —conseguí un pequeño trabajo en un racho y tengo que estar a primera hora –ella miró al piso con un poco decepción.

-Ayer no me lo dijiste –le recriminó en un tono bajo.

-Ayer estaba hechizado por la bruja —lo miró y sonrió un poco —no me gusta cuando llegas tarde, siento que a esa hora ya soy una carga para Abigail.

-No creo que ella te vea así, pero por eso me voy temprano así cumpliré con mi trabajo y antes que oscurezca estaré aquí –llevo sus manos a su pecho donde las entrelazó, no le convencía la situación, pero Marco era el único que provee por los dos así que solo se limitó a sentir –bueno, está bien, nos vemos –cuando se volteo él la tomo por su muñeca.

-Isabel ¿no que damos en darnos una oportunidad? -pensó su comportamiento desde que salió de la casa y ha sido amable con él, no esquivo ninguna de sus atenciones, no entendía aquella pregunta, ya que según ella todo estaba normal entre ambos – si es algo que ambos decidimos —lo vio asentir mientras apretaba los labios.

-¿Entonces por qué no te despides de tu marido? —lo miró buscando la seriedad de sus palabras, pero aquella mirada picara que le lanzo supo que solo la estaba molestando – ¡Marco ¿Por qué eres así?! —ya se había preocupado, pensó que había hecho algo malo y había dañado aquel hilo que se estaba forjando en su relación. Se dejó jalar por él.

-Las cosas, son como son...

-Que profundo —contestó irónicamente. Descubrió que Marco tenía una fascinación por besarle el cuello y a ella le estaba gustando eso –cuando yo te tenga así, tus manos van a cada lado de mi cara, porque si alguien te ve, así como estas, pensaran que me estoy aprovechando de ti —el tomó sus brazos evitando tocar sus manos para colocarlas en sus hombros mientras él, la sostenía fuertemente de su cintura y enterraba su cabeza en su cuello, luego dio una inhalación profunda —y no es así –notó su pequeña sonrisa por su comentario.

—Hules tan bien ¿Por qué será? —ladeó un poco su cuello para darle más espacio.

-Porque yo me baño, Marco —esto solo lo dijo por molestarlo. Y en respuesta él la mordió -¡Marco! —le reprendió. Mientras cerró sus ojos y pensó que aquella acción no fue del todo desagradable –tu empezaste, te has echado las fragancias que te compré —sabía que esa pregunta estaba demás ya que su debilidad siempre fue usar aceite en su piel donde quedara emprenda el aroma esquicito —me viste cuando los lleve para bañarme.

-Vendería mi alma por verte como lo usaste —le susurró en su oído, pero al caer en cuenta aquella frase, apartó su cuerpo de él -¡no hables así! —Llevó su mano hasta su boca para taparle -¡señor él no quiso decir eso, su cerebro se fritó por el sol!—Marco le pareció cómico ver a Isabel algo alterada por sus comentario, se preguntó si ella era consciente de la pequeña caricia que le hacía en su nuca -¿dime que quieres? —nunca en su vida había sentido la necesitada de complacer a alguien como lo sentía con Isabel. La mirada que le dio fue de confundida así que volvió a insistir con la pregunta -¿dime que quiere que te dé? —Ella tomó una actitud pensativa mientras con las yemas de los dedos le acariciaba la nuca y luego llegaba hasta su barba — ¿me lo darías? —el asintió mientras disfrutaba de sus caricias —querías una casa, y lo cumplí.

-Ya que lo pones de ese modo, me gustaría ropa —sonrió algo le decía que ella iba a pedir esto, sabía que Madan blanc tenia las medidas de Isabel así que solo era encargar otros vestidos para ella -pero para ti—eso corto la línea de su pensamiento —no te entendí ¿quieres más ropa? —le preguntó.

-Quiero más ropa para ti, no puedo, yo estar bien vestidas y tú solo tener el cambio de una camisa —abrió la boca para protestar, pero ella lo cortó —me dijiste que estás trabajando para hacer una inversión a futuro, sabes que lo inversionista son personas que se visten elegantemente, no quiero que te cierren las puertas por tu apariencia, sabes cómo es el mundo de la alta sociedad, créeme mi experiencia en Londres me enseñó mucho—el soltó un fuerte suspiro.

-Espero que no me hagas vestir con trajes coloridos, una peluca blanca y mi cara llena de polvo –dijo con horror.

-No olvides el lunar y tus mejillas rojas —la escuchó decir con burla -¡oh por Dios no! —colocó su cara entre su cuello y en movimiento audaz comenzó a besarla —Marco, dijiste que me darías lo que quiera y eso es lo que quiero —en lo largo de su vida siempre se caracterizó por ser una persona sencilla, pero Isabel tenía razón si quería que aquellas personas lo vieran como igual debía ponerse a su altura -está bien –dijo entre dientes.

-Debes cortarte el cabello.

-No tan deprisa, solo dijiste la ropa—dijo tercamente, pegándola más a él.

-No puedes mantener el cabello así —él quiso desviar el tema –dame un beso de despedida —le dijo mientras mordisqueaba y besaba su cuello—Marco...—le escuchó decir en pequeño susurro, como el simple escuchar de su nombre entre sus labios prendía la llama de su ser.

Isabel había olvidado por un momento en el lugar donde se encontraba y estaba disfrutando de las atenciones de Marco, hasta que los ladridos de unos perros la trajeron al presente ¡por Dios! Abigail podía salir en cualquier momento y ver el espectáculo que estaba haciendo ella con Marco, así que puso su mano en el pecho y lo separó de ella -ya te hablé de eso, te lo daré si me das el anillo —lo dijo mientras se alisa la falda de una arruga inexiste ya que le daba un poco de vergüenza en mirar a Marco a los ojos —te dejaré por el momento—alzó su mirada y vio como el hacia un movimiento extraño con sus piernas era como si el pantalón le quedara apretado.

-¡Ya vas a dejarla pasar! —La voz de Abigail solo hizo que su vergüenza inicial aumentara -¡buenos días para ti también Abigail! —le gritó Marco.

-Isabel –ella levantó su mirada ante su llamado y fue recibida por un beso fugas de parte de Marco—Hasta luego —cuando fue a seguirlo por su osadía él se montó rápidamente en el caballo y lo puso a trote, se llevó su mano a su boca mientras lo veía partir.

-¿¡te traigo una silla!? —el grito de Abigail la saca de su trance.

-Eh, no, ya voy. 

Hola mis amores espero que esté capítulo sea de su agrado 🤗 ya pronto salgo de vacaciones y tendré más tiempo
Instagram @jenharly123
Facebook Jenharly

Amor En La LlanuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora