Capítulo 32

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Marco pretendía ignorar a Isabel, pero le era imposible, sabía que ella era pequeña no alcanzaba un poco más que el metro y medio en estatura y aquel mueble le serviría para dormir cómodamente a diferencia de él. Cerro los ojos, pero no conseguía dormir -¿En serio pretendes dormir en ese mueble? —es que acaso olvidó la vez en el pajar que durmió muy apegada a él sin ningún problema, no podía negar que respetaba sus ideales hasta sentía envidia del hombre que alguna vez ella ame —ignorarme solo demuestra una actitud inmadura —trató de provocarla para que le hablara, pero seguía trenzado su cabello de espalda a él.

-¡Isabel! –llamó ya con impaciencia. La escuchó dar un suspiro -¿Qué quieres Marco? —volteo y lo miró -si quiero ser inmadura es mi problema no el tuyo —el apretó su labio, como otras mujeres se morían para complacerlo e ignorarlo era lo último que pretendían hacer y se casó con una mujer que no le afectaba sus encantos, y lo cierto es que se quitó la camisa para ver su reacción, pero solo pudo ver una curiosidad al inicio y nada más -¿eso es todo? —Su pregunta lo saco de sus pensamiento -no, duerme tú en la cama –vio que ella alzo su ceja, por un momento pensó que le iba agradecer, pero solo negó con su cabeza -no gracias, estoy bien donde estoy —el abrió sus ojos ¡pero quien entendía a esta mujer!

-Me dijiste hace un momento que querías dormir en la cama.

-Exacto eso fue en ese momento, ahora estoy bien donde estoy -así que era de las personas que si no hacían las cosas como ella quería no lo hacían — ¡qué orgullosa eres! —Le sorprendió su actuar –buenas noches, Marco –le dijo esto para luego acomodarse en el mueble y darle la espalda, el quedo con la boca abierta por la forma que lo despachó. Esto no se quedaba así.

Isabel quería seguir durmiendo, pero un leve movimiento la hizo despertar -¡Isabel! —abrió los ojos y vio a Marco llamándola -¿Qué pasa? Quiero dormir –le contestó a su llamado.

-Levántate, tienes deberes que realizar—ella lo ignoró y se tapó más con la manta, pero esta fue bruscamente sacada de su cuerpo.

-¡¿Por qué lo hiciste?! —le gritó cuando sintió su cuerpo despojada de esta.

-Porque ya es hora de levantarse, vamos —sin ganas se levantó pudo ver que la casa un seguía oscura — ¡no ha amanecido! —le reprochó.

-Ya sabes de lo que pienso de madrugar, te espero en la cocina —sabía que su comportamiento era inmaduro, pero pataleo un poco antes de levantarse, para cambiarse.

Cuando llegó a la cocina lo vio con una cantidad de mantas -¿para qué es eso? —Preguntó una vez a su lado, notó que había una camisa de él puesta en ese conjunto de mantas -quiero que laves eso –cualquier rastro de sueño que tenia se perdió por aquella petición -¿lavar?

-Si mujer lavar, eres mi esposa y esta es una de tus obligaciones, ayer cuando me acosté vi que las sabanas estaban sucias así que te pido que las laves.

-Pero ¿Cómo? —Fue lo que se ocurrió en el momento –encontré este cepillo y tabla que puedes facilitarte las cosas, además te llevaré al rio –vio los materiales que le menciono aquella tabla, tenía unas pequeñas curvas al frente y el cepillo era pequeño -¿al rio?

-Si hasta que no construya una bomba de agua, es mejor que laves en el rio –Marco se mordió sus mejillas en el interior de su boca al ver la expresión de desconcierto de Isabel merecía un premio, esta sería su venganza y por otro lado quería ver cómo le iba con esta actividad —se me olvidaba, aquí está el jabón -como vio que no hizo ningún tipo de comentario se apresuró en llevar todos eso elemento antes que recordara sobre el poso.

-Vamos ya tengo todo listo -Isabel guardó silencio antes de hacer algún tipo de comentarito que mostrara su poco conocimiento sobre el tema, lavar tenía que ser más sencillo que cocinar, además que son unas cuantas sabanas, mantas y una camisa de Marco.

Llegando al rio pensó que no iba a encontrar a nadie, pero vio un pequeño grupo de mujeres levando ropa, tendían la ropa en las piedras -mientras lavas yo pescaré, para el desayuno, no me iré tan lejos —coloco todos los materiales junto con la ropa en la orilla del rio, para luego marchase quedando ella sola con aquellas mujeres. Le regalo una sonrisa con un buenos días -¿eres primeriza? —escuchó que alguien le preguntaba.

-¿Perdón? —dijo ya que no entendió su pregunta.

-¿Si estas recién casada? –

-Si —contestó sentándose, pero antes doblo su falda y se encogió las mangas para no mojarlas – se nota, no recuerdo la última vez que mi marido me acompañó a lavar la ropa —ella miró a la mujer que tenía su cabello negro recogido en una pañoleta de color rojiza con pequeñas flores blancas que hacían juego con su camisa, teniendo una falda verde, por su apesto debía tener 30 años, tenía los ojos igual que su cabello, su piel le recordaba la semilla del maíz – me presento soy Isabel thom...—Calló por un momento- Isabel Miller.

-No te preocupes todas nos equivocamos al principio, mucho gusto mi nombre es Emily Davis - le tendió la mano algo raro teniendo en cuenta que ambas son mujeres, pero sabía que si no le toma su mano podía pasar como grosera —es un gusto –dijo con su mano tomadas en aquel gesto de saludo.

Por un momento se sintió perdida, ya que no sabía que ropa se lavaría primero, pero miro a Emily y ubicó la tabla del lavado como ella lo tenía, al principio esta se hundió en el rio, pero luego de otro intento quedo en su sitio, empezó por las sabanas, a pesar que el rio tenía una corriente esta no era tan fuerte.

Mientras el tiempo pasaba y con este el amanecer se formó una conversación alegre entre las mujeres que llegaban con sus ropas, algunas eran trabajadoras de los ranchos cercanas que preferían lavar en el rio para poder verse con sus amigas, gracias a Dios que conoció a Emily ya que esta evitó que la camisa de Marco fuera arrastrada por la corriente en un descuido.

-Procura sacar el jabón ya que si no lo enjugas en su totalidad este causara una fuerte picazón para la persona que use la prenda -escuchó otro de los consejos de las mujeres. Ella tenía una manta enjuagándola cuando la fue a sacar esta se atoro en algo, así que la jalo tan fuerte que le cayó directamente en la cara mojándola por completo.

Escucho una fuerte carcajada. no tenía que ser bruja para saber quién era –Si querías bañarte solo tenía que hacerlo, no utilizar la ropa como pretexto —se quitó la manta de su rostro, mientras sentía como el agua se filtraba por toda su cara y pecho, como se atrevía a burlase de ella, esto lo hacía para él ¡qué desagradecido! recordó lo que le dijeron así que llevada por la rabia enjabono una de las sabanas y la camisa de él para luego no sacarle bien el jabón -gracias chicas por su ayuda —lo ignoró por completo para tomar la cesta y guardar la ropa que había lavado para abrirla en su casa.

Dio la vuelta sin mirarlo --con permiso hermosas mujeres —lo escuchó decir mientras pasaba junto a las mujeres -te enojaste verdad –ella guardo silencio –mira los pescados que traje –ella siguió caminado, aunque no tenía ni idea de cuál camino debía seguir.

-¡Sabes que no me gusta que me ignores! —La jalo por su brazo, haciendo que quedara cara a cara –y a mí que te burles de mí, pero lo sigues haciendo —la mirada de él se desvió de sus ojos a su pecho —son hermosos —ella bajo su mirada y noto que el agua trasparento su camisa — ¡Marco! —Trató de llevar una mano para tapar su pecho -¿Qué? Solo veo lo que es mío —le contestó.   

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