Capítulo 24

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Detestaba esa sonrisa. Cogió un puñado de paja con su mano y se la lanzo en su rostro -¡pero qué demonios! —Lo escuchó decir mientras escupía un poco de paja que entro en su boca a lo que se volteo y sonrió —pensé que tenías hambre —le dijo con un encogimiento de hombros.

-¡Pero qué mujer tan considerada! —le dijo con sarcasmo.

-Gracias —respondía aquel sarcasmo, pero lo cierto es que aún no podía creer que haya despertado en los brazos de Marco su distancia era relativamente prudente ¿en qué momento su cuerpo lo busco? Sabía que esto lo había hecho en una búsqueda de calor, sí, eso era, su cuerpo solo busco la fuente de calor cercana no era nada mas.

-¿Vas a quedarte toda la mañana así, dando me la espalda? —la voz impacientada de Marco la sacó de sus pensamientos, para ser un hombre grande se movió con gran ajilada ya que se encontraba en la escalera esperándola, podía ver que aún tenía un poco de paja en su ropa, pero al menos ya no tenía la sonrisa de engreído, ella se acercó hasta el borde de la plataforma y estiro sus manos para que el pudiera tomarla de su cintura y así ayudarla abajar, ya cuando se encontraba segura en el suelo el inclino su cuerpo y tomo las mantas que utilizaron en la noche, se la entrego y ella las doblo con cuidado para devolverla a Abigail en buen estado. Era tonto, pero estaba feliz porque hoy Marco la llevaría a comprar sus vestidos, pero eso la hizo recordar ¡sus libros!

-¡Marco ¿Qué hiciste con mis libros?! -Marco se tomó un tiempo en responder aún tenía el sabor de la paja en su boca así que pensó en hacerle una pequeña broma aquella mujer insolente –los vendí—respondió, pero como si aquellas palabras tuvieran un tipo de magia vio como sus ojos se llenaron de lágrimas –los... vendiste –la escuchó decir entre cortado mientras gruesas lagrimas caían de sus ojos, la culpa lo golpeó fuertemente, estiro sus manos en un intento de calmar, pero un fuerte golpe en la cabeza lo distrajo -¡auch! -se sobó atrás de su cabeza, para ver una Abigail atrás de él.

--¡¿Qué le hiciste a la pobre niña?! —lo acusó Abigail.

-¡No lo hice nada! —vio que los sollozos de Isabel eran cada vez más fuertes, aquella mujer no se equivocó en decir que eso eran los bienes más preciados de Isabel su llanto se lo confirmo -Isabel cálmate, solo era una pequeña broma —se acercó donde ella con demasiada prudencia, sabía que esa mujer era agresiva cuando se lo proponía.

-¡Solo lo dices para que me calme! eso libros eran muy importante para mí, algunos me los dieron mis padres —esto último lo dijo en susurro muy bajo si no fuera porque él estaba lo suficiente cerca nunca lo hubiera escuchado y por lo hablado en la noche anterior se dio cuenta porque le era importante —Mira, esos libros estaban todos guardados en un baúl, aquella mujer que cuida de ti me hizo el favor de guardarlo mientras nos ubicamos –eso llamo su atención

-¿Nana los guardo? -él le regalo un asentamiento, pero los ojos enrojecido de Isabel lo hicieron sentir muy mal -lo siento solo era una pequeña broma.

-No me hizo gracias —la escuchó decir.

-Lo sé.

-¡Tonto! Una broma debe dar risa —otro golpe proveniente de Abigail termino en su cabeza -¡ay! —dijo, pero su comportamiento infantil hizo que Isabel sonriera y aligérala el ambiente.

-Ven niña te prepare esta canasta para que tengas algo que comer en el camino.

-¡Gracias por la canasta! —dijo en agradecimiento para Abigail.

-¿Y quién dijo que es para ti? —eso lo sorprendió.

-Tú dijiste...

-No, yo dije: niña te preparé...

-Pero yo soy tu amigo no Isabel –la acusó.

-¿Tu? Tu puedes seguir con tus bromas de mal gusto a ver quién es tu amiga –cuando estaba a punto de replicar escucho una pequeña risa dulce, cambió su mirada y miró a Isabel que era la dueña de aquella risa, era una risa dulce y contigiosa, no era burlona o escandalosa sin pensarlo se vio sonriendo hasta la vieja Abigail tenía una sonrisa genuina.

-Cuídala muchacho –dijo entregando la canasta y el devolviéndole las mantas —gracias por todo.

El llevo a Isabel al caballo cuando esta termino de despedirse de Abigail, aun no le había comentado a Isabel, pero estaba decidido en cómprale una casa con sus horros y con ese pensamiento puso su caballo en una marcha tranquila.

-Ten –vio como Isabel había sacado una manzana de la canasta de Abigail y se la dio, donde él la tomo con gusto -gracias, ya estas teniendo acciones de esposa —este comentario solo lo hizo para molestarla recibiendo una torcida de ojos de su parte sacándole una carcajada.

Isabel no supo cuánto tiempo llevaban cabalgando, pero ya estaba cansada -Espéreme aquí -escuchó a Marco cuando detuvo el caballo en un árbol para luego el bajarse y comenzar a cavar con sus manos -¿Qué haces? —le preguntó.

-Cavando—le contestó.

-¡Que genio! Es obvio que estas cavando, te pregunto ¿Por qué? —Él la ignoró y seguía cavando hasta que en sus manos pudo ver un pequeño cofre —esto son mis ahorros – le sorprendió que enterrara su dinero y no lo guardara en el banco -¿Por qué no lo guardas en el banco?

-¡Para que lo roben! Paso – eso era cierto mucho de los bancos sufrían de robos aquí en el oeste –ten –le sorprendió que le tendiera el cofre a ella, una vez que lo tomo se montó atrás de ella en un solo brinco.

-Vamos a que te quiten ese vestido.

-¿Vamos al pueblo? —preguntó.

-Si – sabía que su casamiento tuvo que haberse regado por el público, este era la primera vez que la verían al lado de Marco.

ya en el próximo capitulo Marco verán un gran cambio en Isabel, no olviden comentario 

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Amor En La LlanuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora