capítulo 67

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--prométeme que te cuidaras

--lo haré mujer 

--dilo Marco

Soltó un suspiro—te prometo que me cuidaré

 --no quiero que montes ningún toro

 ---¿por qué? Me vas a convertir en aburrido –Isabel miraba los ojos de Marco, desde que reconoció su sentimiento por él, algo en su interior creció, se sentía como si antes tuviera una compresa que retenía cualquier sentimiento, pero al aceptar esto, se rompió cualquier control, invadiéndola un su fin de sentimiento como el miedo que le pasara algo por su trabajo de vaquero

---tener cuidado, no te hace un aburrido o ¿quieres dejarme viuda? Aún soy joven así que no te guardaré luto—lo dijo con un puchero

 --con que esa tenemos Isabel Miller, donde vaya, ya sea en el cielo o el infierno saldré de ahí, para buscarte y molestaría al que este contigo a tal punto que se vuelva loco

 --es bueno saberlo, tendré agua bendita a mi lado –sonrió abiertamente –sabes que me gustan las mujeres bravas –ambos se acercaron para darse un último beso de despedida. Luego vio como él se alejó—déjame ver lo que espera a mi regreso---no supo a qué se refería así que se quedó en su lugar mientras sentía la mirada del recogiéndola toda--¡hermosa! —luego de eso se montó al caballo, alzo su sombrero en señal de despedida y se fue

Abigail vio como Isabel entro a la casa luego que se despidió de Marco--¿Qué tienes? —vio que esta tenía una cara de tristeza. Isabel se sentó en la mesa con un resoplo—le amo –vio que Abigail la miro sin comprender sus palabras así que agrego –amo a Marco

 --sé que el muchacho es un poco torpe en su forma de querer, pero no veo nada de malo que lo ames—sonrió un poco por las palabras de Abigail –no lo digo por eso... Es solo que tengo miedo a que me vuelva hacer daño 

 --¡ay mi niña! Dime ¿nosotros dejamos de caminar por las veces que no hemos caído?

 ---pero mi última experiencia me dejo, cojeando Abigail, siento que con Marco no me repondría si algo pasara—ese terco hombre se metió en su piel. Puso su cabeza entres sus manos –siento que mi amor por él es más profundo, que el que, alguna vez le tuve a Daniel, no sé si el me ama siento que sí, no sé si es mi corazón blando que ve amor donde no lo hay

---es normal sentir miedo a volver abrir su corazón, más, teniendo una herida tan reciente, pero algo si te puedo decir, ese muchacho te ama, desde que lo conozco siempre llevo su vida al límite y tenía un fuerte genio, no era hombre de bromear ¿sabes cuáles fueron las veces que lo vi reír? —ella miró Abigail

 – no, ¿Cuáles fueron?

 ---solo lo vi reír cuando está contigo—eso le calentó el corazón

—sé que de pronto tu vez este nuevo Marco sin darte cuenta de lo que el a cambiando, pero yo si lo veo con estos viejos ojos, sé que cuando te molesta siempre está pendiente de ti a ver si sonríe y cuando no lo hace intenta ser un payaso al frente tuyo solo para devolverte la sonrisa. Hay hombre que les cuenta decir la palabra te amo, nosotras las mujeres debemos analizar su forma tan peculiar de decirlo, mi amado esposo era uno de ellos, él sabía que me gustaban mucho las manzanas todos los días me traía una docena de ellas, así sabía que era su forma de decirme te amo y te extrañe. Un día lo vi sembrando en nuestra tierra, cuando me acerque vi que sembraba árboles de manzana, me emocione tanto que lo abrace tan fuerte, ahí descubrí que no sirve de nada un te amo sin los hechos

--dime ¿Qué sirve escucharlo siempre de una persona?, si nunca te escucha, no sabe lo que te gusta y que no, no tiene la delicadeza por lo menos de saber tus anhelos o algo tan simple de cómo te gusta llevar el cabello—vio como los ojos de Abigail se humedecieron al hablar de su esposo ella misma tenía un nudo en su garganta –sé que tienes miedo de volver amar, pero el amar esta en el vivir, yo te digo Isabel ¡vive y ama con locura! Que en esta vida lo que nos llevamos son esos momentos, decirte que amar es fácil es mentirte, pero te puedo a asegurar que si las dos personas llevan la carreta ninguno se cansara. Pero no olvides que Marco también entrego su corazón a una mujer que no lo supo valorar, sabes que mujeres como ellas hacen mal en la vida de un hombre, el también tendrá sus recelos hacia ti, pensaras que aún siente algo por ese Daniel---le parecía tonto que Marco pensará así, pero Abigail tenía razón el también debe tener sus recelos 

--sería tonto de su parte si piensa que Daniel aún me gusta –Abigail la miro – tú tienes miedo amarlo ¿Qué te hace pensar que el no sienta tus mismos temores? —buen punto pensó ---yo he hecho cosa con Marco que sé que no haría con ningún hombre—vio la mirada pícara de Abigail y supo que sus palabras pueden ser malinterpreta--¡no quise decir eso! Con Marco empezamos desde cero –se apresuró decir, lo que logro una pequeña carcajada a Abigail aligerado el ambiente—mira lo que tenemos ahora

--dicen que hay mujeres que se convierte en la bendición o perdición del hombre, Isabel tú decides cuál quieres ser, mi concejo es que ames sin límite y disfruta lo que tienes con Marco si lo amas no hay porque temer, uno solo debe de arrepentirse, es de haber jugado con el corazón de un inocente

Isabel se la paso todo el día pensado en las palabras de Abigail, tenía razón no debía por qué temer. Marco le ha demostrado ser un hombre de palabra, así que dejaría atrás esos pensamientos tontos que llegaban a su mente y disfrutaría de su matrimonio

---¡buenas noches! —su corazón dio un latido más rápido cuando escucho la voz de Marco desde la puerta se pasó una mano por el cabello para arreglar su aspecto. Cuando dio la vuelta él estaba ahí—buenas noches, señora Miller –le dijo en susurro ronco --¿piensa comer? —no alcanzo decir la pregunta cuando sintió como la besaba perezosamente, disfrutando de cada movimiento, saboreando un poco de ella, como ella un poco de el ---ya lo hago –le dijo cuándo se separó

--¡me voy ante que mis ojos queden ciego! —grito Abigail, pero Marco la detuvo –te traje algo –vio como tenía una pequeña caja de madera donde había traído algunas cosa para la comida, como papa y otros tubérculos, podía ver que estaba vez el trabajo fue un poco más duro, ya que tenía su camisa sucia, llena de tierra, pero cuando saco la miel vio cómo su mano tembló un poco --- te traje miel, así puedes endulzar tus bebidas ... Y un poco tu alma –esto último lo dijo en un susurro solo para que ella escuchara—gracias muchacho –luego de eso vio como Abigail se despedía y se iba contenta con la miel

--no piense que solo para ella hay regalo—su ceño se frunció, ya que no le recordaba haberle pedido nada. Fue a la cocina para darle un vaso con agua, él se sentó en la mesa del comedor, puso el vaso junto a él, pero vio que cuando estiro sus brazos este tembló a lo que el abrió y cerro su mano, podía ver como los músculos de su brazo estaban hinchados ---¿Por qué tu mano tiembla? —pregunto

---hoy hice un poco de trabajo extra, tuve que picar grandes piedras, pero eso no importa, cierra los ojos---quería decirle tantas cosas, pero la ilusión de sus ojos hizo que hiciera lo pedido. Cerro los ojos –ábrelos—lo escucho decir. Cuando los abrió vio en la mesa una pequeña cajita, lo miro sin comprender, pero él tenía una sonrisa. Estiro la mano y la abrió y vio un anillo en ella---sé que no vale mucho, no gane tanto como tenía planeado con las piedras, pero te prometo que más adelante te regalaré uno mejor—ella veía como él quiso alcanzar el vaso con agua y como temblaba su mano y parte del brazo, por el duro trabajo que le toco hacer hoy, para traerle un poco de comida y aparte de eso el anillo, sus ojos se llenaron de lágrima

---¿no te gusto? —aquella pregunta hizo que sus lágrimas aumentaron, recodando las palabras de Abigail—ven aquí, mi llorona—ella se levantó y se le tiró en sus brazos. Lo abrazo con toda su fuerza

 --¿te gusto el anillo? —ella calmó su llanto luego de un rato

—si, me gusto—dijo entre hipo. Para demostrarle se lo puso y le sorprendió que fuera de su medida—entonces ¿por qué lloras?

 ---lloro por ti, por lo que tuviste que hacer, por dármelo, no era necesario Marco

 --yo quería dártelo Isabel, mira—vio que sacaba uno de su bolsillo, no eran de oro como estaba acostumbrada a ver, sino de plata, pero sabía que estos anillos significaban mucho más y para ella valía mucho –le dije que le hiciera una pequeña inscripción el tuyo dice de Marco y el mío dice de Isabel, así ambos nos pertenecemos—no quería llorar, pero le era imposible—que hare con esta mujer tan llorona –sabía que Marco la molestaba para hacerla reír, pero era imposible

Lo ayudo a colocarse el anillo, ya que su temblor se lo impedía, mientras seguía recostando en el ---como supiste mi media—vio que saco una cuerda de su pantalón la cual tenía un nudo—cuando dormías te medí –era ingeniosos

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