Capítulo 21

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Isabel apretó el puente de su nariz con sus dedos, para tratar de tranquilizarse, ya que no comprendía ¿Por qué el vio su ropa íntima más impórtate que sus vestidos? Y lo peor es que el vio su ¡ropa interior! -no sé ¿Por qué te pones así?, tarde que temprano veré tus enaguas, camisón hasta tus medias, soy tu marido —ella bajó su mano de su cara para mirarlo mejor – ¡yo prefiero que sea tarde! —le gritó. El solo abrió sus ojos.

-Solo me veras en camisón o en enaguas ¡cuando tenga ochenta años! —cuando terminó de decir esto él comenzó hacer un ruido raro con su lengua mientras negaba con la cabeza —quiero hijos Isabel y eso no se darán a los ochenta ya que ni tu ni yo podremos tenerlo a esa edad -eso despertó una duda en su interior no sabía cuántos años tenía Marco.

-¿Cuántos años tiene? —le preguntó.

-27 años ¿y tú? —ella detallo mejor su rostro ante de contestarle lo cierto es que se imaginaba que tuviera menos edad.

-Que viejo eres, yo tengo 21.

-¿Viejo? Solo estoy empezando a vivir —sacudió un poco su cabeza, no podía dejar el tema de los vestidos que pasara así no más —no quiero que vuelvas a revisar mis cosas —se volteo hacia el caballo, específicamente al paquete que este tenía puesto en su lomo —como te dije anteriormente es algo que veré tarde o temprano y a mí me gusta madrugar —mientras cerraba aquel paquete pudo ver por el rayito del ojo como él se acercaba a ella.

-Y yo te dije que prefiero tarde –esto hizo que volviera esa sonrisa orgullosa en su rostro.

-Dime ¿no has escuchado la frase que dice "el que madruga Dios le ayuda"? —ella dejó de necear el paquete para concentrarse en él ya que no podía creer que estuviera coqueteando con ella, pero su mirada le recogió todo el cuerpo. Sorprendiéndola aún más, llevaba puesto un vestido por dos días, tenía los anteojos puesto y su cabello no solo tenía el polvo para ocultar su color, si no que podía encontrar hojas pequeñas incrustada en el debido su estancia en el bosque y él le hacía insinuaciones -no conozco esa frase —se limitó a contestar esquivando su mirada.

-¡Mentirosa!- Marco no quiso seguir en pujándola con sus insinuaciones, pero fue cierto, el pretendía tener hijo no quería esperar tanto tiempo a tal punto que no pudiera jugar por culpa de sus huesos , pero sabía que ahora tampoco era el momento aún no se habían organizado y tenía algunas cosa que hacer antes de eso, pero solo tendría hijos de su esposa, sabia como era la sociedad con aquellos niños nacido fuera del matrimonio y no expondría algunos de sus hijos que pasaran por eso, llegara el momento donde él e Isabel llegarían a un acuerdo sobre esto, pero primero le hablaría sobre sus vestidos para tranquilizarla.

-No pienso dejarte sin ropa, vendí tus vestidos, pero con ese mismo dinero te compare 5 —y como si el sol hubiera salido vio cómo su rostro se iluminó, pero rápidamente se volvió a oscurecer -¿solo 5? —no podría creer que le pareciera tan poco.

-Sí, serán tres vestidos para estar en la casa y dos de fiesta —a él le parecía un número justo, pero el ceño fruncido de ella decía todo lo contrario.

-Quiero 7, tres de fiesta y cuatro para estar en la casa –en su mente solo paso el promedio del valor de estos vestidos y puede que gano algo al vender los de ella, pero lo que recibió al cambio no fue mucho –sabes que no cuento con mucho dinero, además 7 vestidos serían mucho, 5 está bien ¡mírame a mí! Solo cuento con esta camisa y la otra esta guardada en el lado derecho de la silla de montar y solo tengo este pantalón –trató de mostrar su simpleza.

-Solo tienes un pantalón... ¿Cómo lo lavas? —la escuchó preguntar, lo que el respondiendo rascándose la barba —cuando entro al rio con ello—la escucho jadiar.

-Pensé que tu aroma era porque trabajabas no por que eras puerco -¡esa pequeña mujer le dijo puerco en su propia cara! alzo su brazo derecho para olerlo un poco y el aroma que le recibió no fue muy agradable pero tampoco era para apestar.

Isabel mordió su labio para aguantar la risa, aun Marco tenía la cara de sorprendido por lo que dijo, este hombre hacia que sus emociones cambiaran rápidamente hace unos minutos se sentían tan miserable, luego enojada y un poco avergonzada para terminar con una sonrisa en su rostro y más con la acción que hizo, que si lo viera en Londres lo tacharía de maleducado ya que no podía estar oliéndose en frente de una dama.

Dio la vuelta y llevo sus manos a la boca.

— ¡Te estas burlando de mí! —la acusó.

—No —quiso negarlo, pero supo que su negación no sonaba tan convincente -menos mal que tengo una esposa que me lavara de ahora en adelante mi ropa –eso la hizo que perdiera cualquier rastro de humor y volteo para ver lo -¡ah! ¡Ya no eres ricita! —Esto de ser la esposa de un vaquero representaba el mayor de sus temores — ¿y por qué tengo que hacer todo yo? Tengo que cocinar, lavar, limpiar la casa, cocer tu ropa, ¡lo único que falta es que te bañe! –el dio un paso hacia ella.

-No tengo problema que lo hagas —ahí está de nuevo con sus insinuaciones —además mientras tú haces eso yo tengo que trabajar para traer la comida a la mesa, para cumplir con tus caprichos.

-¡Pues no lo haces! —le gritó a lo que el arrugo su frente— ¿hacer que mujer?

-Cumplir con mis caprichos, no quieres darme los 7 vestidos —ella había visto como Madison y otras mujeres manipulaban a los hombres para conseguir lo que quieren y quiso probarlo con Marco -¡está bien, tendrás tus 7 vestidos!, ¡pero tú me tendrás como esclavo trabajando!– no lo podía creer había cedido a ella.

-¡Gracias!

No supo en que momento había cedido ante sus demandas, él había calculado el presupuesto para sus vestidos y aquí estaba dándole dos más.

-Vayamos a dormí, estoy cansado —prefirió cambiar el tema antes de que subiera el número de vestidos y con ellos la perdida de sus ahorros –está bien, yo también quiero dormí ¿toca en el bosque? —el negó.

-Abigail nos prestó el granero —y con esto ambos se dirigieron ahí.


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