Capítulo 35

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Isabel se sentía un poco nerviosa, pero sobre todo tenía una curiosidad, nunca había visto a un hombre desnudo, y Marco se encontraba en la cama en esas condiciones exigiendo que lo viera ¡qué locura! Pero más es la locura que ella si quiere verlo.

-Isabel, te estoy esperando, mírame -otra vez escuchó su voz con aquel cantico que utilizaba para seducirle, se preguntó ¿Qué tenía que perder? y la respuesta fue nada así que tomo una respiración profunda y lentamente volteo su rostro para verlo.

-¡Ja! Me viste -nunca se había reído como ahora sin ningún tapujo, ya que Marco tenía la sabana puesta en su parte -me siento engañada -dijo entre risa, sabía que eso era un poco atrevido de su parte, pero había descubierto que con él podía hacer ese tipo de comentarios sin ningún problema -sigo sin creerlo ¡Isabel Miller, una mujer tímida acaba de voltear su rostro para verme desnudo! -lo escuchó decir con su voz de asombro.

-¡No soy timidita! -dijo con un puchero.

-Ya me di cuenta- dijo seguido de una risa fuerte, ella detalló su cuerpo, pensó que el bronceado solo estaba ubicado en su pecho y brazos por el trabajo duro en el campo, pero este se extendía por sus piernas, por lo que pudo ver. Pero el movió su cuerpo para estar de lado y mirarla mejor, aunque la posición de ella apuntaba su mirada en sus piernas y la de el en las de ellas. Tomo la sabana y se la puso al frente dejando las piernas más al descubierto -para que puedas ver mejor -cuando él dijo esto ella en respuesta se llevó las sabanas hasta la boca mientras sonreía con picardía, el cuerpo de él era un placer a la vista, no había ningún lugar donde mostrara debilidad o suavidad, se veía fuerte, varonil -dime ¿te gusta lo que ves? Porque personalmente a mí me gustó lo que vi -un fuerte sonrojo se posiciono en su mejilla -¡Marco! -lo regañó.

Marco estaba disfrutando la conversación con Isabel, había tomado una decisión, pero primero quería saber si ella estaría de acuerdo así que cambió su aspecto juguetón por uno más serio.

Isabel quitó lentamente su sonrisa cuando notó como la actitud de Marco cambió, eso la sorprendió, ¿lo habría ofendido? Pero pensó que ambos estaban molestando entre broma.

-Isabel, sabes que nuestro matrimonio solo es válido hasta que la consumición se haga- ella arrugó su frente ya que no entendía -¿Qué me quieres decir? -lo vio tomar una pausa antes de continuar -como bien sabes esta unión fue decisión de terceros, prácticamente fue impuesto para ambos -la pensaba dejar fue su pensamiento, una gran pesadez se instaló en su corazón mientras lo escuchaba -yo no quiero imponerte en vivir conmigo Isabel y más si hay una posibilidad de libertad para ti, este matrimonio se puede deshacer, si esa es tu decisión yo no te dejaré sola, puedes ir a un convento y ser feliz alejado de todo esto o puedes vivir con Abigail por un tiempo y encontraras a un hombre adecuado, respetaré tu decisión, pero si decides quedarte conmigo, tomaré tu palabra y es un todo o nada, no quiero un punto medio en nuestra relación, sé que ambos pasamos por una fuerte desilusión, pero estoy dispuesto a abrirme a ti si tú lo haces -Marco se sentía un poco tenso por la decisión que tomaría Isabel, sabía que esto era lo correcto pero su parte egoísta le decía que le daba igual la decisión que ella tomara, ella es su esposa y su lugar es al lado de él, pero odiaba estar en un matrimonio que una de las parte lo viera como una prisión ya cometió un error, por sentar que era una relación mutua, resultó que solo él era el comprometido con Madison, por eso quiso dejar las cosas claras con Isabel, realmente le estaba empezando a gustar y sabía que este sentimiento podía crecer en convertirse en amor. Vio como ella dejó de verlo y puso su cuerpo al frente, mirando al techo de la habitación.

-Y ¿Qué pasaría con la casa? -un ceño se frunció quería decir que estaba pensado en dejarlo, apretó la mandíbula, era lógico como una mujer como ella se quedaría con un hombre como el cómo dijo Madison, ella merecía estar al lado de un caballero o un banquero hasta de un comerciante bien adinerado, no de un pobre vaquero con grandes ilusiones -siempre hay alguien, con deseo de comprar una casa -se limitó a contestar.

-Mmmm -fue la respuesta de Isabel por un momento le invadió un sentimiento de tratar de convencerla aquedarse con él -sabes he estado reuniendo una cantidad de dinero para invertir en el ferrocarril, sé que ese sería una buena inversión ese será el invento del mañana y las ganancias serian enormes, aunque por la compra de la casa este se disminuyó sé que con un poco de trabajo extra podré lograr tener la totalidad de este -solo esperaría que hubiera sido convincente.

-Marco y si yo te pongo a elegir ¿cuál sería tu repuesta? -no dudó ni un minuto en contestar -me quedo contigo- la vio otra vez posicionarse de lado.

-Sabes que, si eligiera el convento, eres un pecador por desnudarte y provocar a una novicia -Isabel nunca había visto a un hombre avergonzado pero los colores en el rostro de Marco demostraron que estaba avergonzado -además yo quiero hijos y siendo una novicia no podré y no quiero ser una carga, me agrada mucho Abigail, pero sé que, si vivo con ella no dejara que ningún hombre se me acerque, Marco estuve comprometida con un hombre más de un año y él terminó casándose con mi prima -Isabel estaba mirando con otro ojos a Marco por lo que dijo, el pospuso su sueño por la compra de esta casa, cosa que ella le exigió en su momento, era realista pocos eran los hombres que ponían a su mujeres antes que ellos, sabía que era algo brusco y la mayoría de las cosas la resolvía con los puños, un poco vulgar y pervertido. Sonrió, era bueno -en nuestra primera noche me prometí que abrazaría y viviría esta nueva vida, aunque esta sea un poco complicada daría mi mayor esfuerzo, además dije que solo mi esposo conocería la mejor versión de mí y eres el que me ha visto, más de lo que debía diría yo, decir que te amo es mentirte, pero no me produces repulsión o incomodidad, así que si, te elijo -extendió su mano para que este la tomara.

¡Dios! ¡Hasta mis pelotas estaban tensas por tu decisión! -supo que su exclamación escandalizó a Isabel cuando la vio abrir la boca en señal de sorpresa y su ceño fruncido en desacuerdo, pero al menos esta acción hizo que retirara su mano, ya que él no quería que viera aun su mano y viera los cayos o en su defecto que lo sintiera, aún tenía las palabras de Madison clavadas en su mente -¡eres un grosero! ¿Pero aún tengo una pregunta? -el abrió los ojos y se concentró en ella.

--¿Cómo tu cuerpo tiene un bronceo parejo? -le sorprendió aquella pregunta ya que imaginaba otra cosa -¿me lo preguntas en serio o es un sarcasmo? -vio en el rostro de Isabel que realmente le interesaba aquella.

-Me gusta nadar desnudo -esa respuesta fue escandalosamente integrante pensó Isabel -cuando quieras lo podemos hacer.

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Amor En La LlanuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora