Isabel buscó con su mirada algún objeto que lanzarle para hacerle borrar esa sonrisa tan engreída que tenía en su rostro, pero lo único que tenía a la mano era la canasta de fruta que Abigail había colocado en la mesa del comedor, sin pensarlo mucho tomo una manzana de esta y se la arrojó a Marco. Como odiaba que este tuviera tan buenos reflejos ya que la esquivo con facilidad - ¡es que un hombre no puede tomar su sopa sin que una mujer loca le tire una manzana! —Llevo una mano a su pecho soltando un pequeño jadeo por la indignación que le causó que por segunda vez la llamara loca - ¿loca? Yo no estoy loca y aun no me has dicho ¿Por qué llegaste a esta hora? —vio como el ceño de Marco se frunció cuando pidió una explicación por su demora. Con su mano dio un golpe fuerte en la mesa que la asustó - ¡Yo no doy explicaciones a nadie sobre lo que hago con mi tiempo! ¿Entendiste? —su forma tan agresiva de contestarle hizo que se le formara un nudo en la garganta, sabía que era cuestión de segundo para que el viera sus lágrimas salir. Soltó la respiración pausadamente, no cometería el mismo error, trataría de la misma forma que la trate, ya no sería aquella Isabel donde todos podían pisar por encima de ella.
Tenía que salir de la habitación, ante de que perdiera el dominio de su cuerpo y soltara el llanto. Se puso de pie y camino hacia la puerta, estaba a punto de abrir la - ¿Para dónde vas? —escuchó preguntar a Marco. Volteo su rostro hacia el de él -no tengo que darte explicación de dónde voy —él rodo la silla del comedor para colocarse de pie y volteando totalmente su cuerpo - ¡claro que me debes decir! —no lo dejó terminar.
–Sí, ¿Por qué? —le cuestionó.
- ¡Soy tu esposo! —lo escuchó decir con vehemencia.
Ella alzo sus cejas ante semejante explicación —dime, ¿Por qué tu siendo mi esposo mereces que te diga sobre mis decisiones? Pero yo como tu esposa no, es ahí donde digo, si tú no me reconoces como tu esposa para comentarme sobre lo que haces, ¿Por qué yo tengo que reconocerte como esposo para hablarte sobre mis decisiones o de lo que pienso hacer? –ambos se miraron mutuamente, ella esperaba alguna replica, pero solo se extendió un agudo silencio mientras él la miraba, supo que no iban a llegar a ningún acuerdo. Soltó un fuerte suspiro de rendición y se dio la vuelta para abrir la puerta -cuando iba de camino por tus cosas, me encontré con el señor Lucas necesitaba que le ayudara a cambiar algunas tejas del techo de su casa y al cambio me iba a dar una paga, una vez que termine de hacerlo me dirigí a tu antigua casa para recoger tus cosas, me tocó hacer doble viaje —en toda su explicación ella no volteo su rostro para verlo, tomo la manilla de puerta, pero no sin antes decir -necesito refrescarme un poco. Estaré en el porche.
Marco vio salir a Isabel supo que se había pasado con ella, pero él no estaba acostumbrado que le pidieran explicación de lo que hacía, se sentía como un ladrón cuando explicaba que hacía y donde iba, pero ella tuvo razón en una cosa, era su esposa tenía que recordarlo a menudo. Volvió asentarse, pero la sonrisa que le dio Abigail decía que había disfrutado de su enfrentamiento -me agrada esa chica, ¡por fin una mujer con suficiente carácter para a serte frente! —vio como seguía riendo bajo su impensa, él prefirió tomarse su sopa y guardar su comentario al respecto.
Una vez que termino de tomar su sopa, se dio cuenta que Isabel no regresaba a la casa, algo le decía que seguía molesta con él a pesar de que le dio con la explicación de su demora. Se levantó y le dio la gracias a Abigail por la sopa -sé que he abuzado de tu amabilidad, pero solo por esta noche podemos dormir aquí -la verdad entendía si Abigail le dijera que no, pero prefería haberlo intentado por lo menos -muchacho sabes que solo tengo una habitación en esta casa, lo único que te puedo ofrecer para ti y tu joven esposa es el granero ¿lo aceptas? -era mejor que dormir al aire libre -claro que lo acepto –contesto rápidamente.
-Bueno, entonces le facilitaré unas mantas, para que no sufran de frio y ahora ve con tu esposa y arregla lo que empezaste -tomó su sombrero de la mesa ya que se lo había quitado para comer, se lo puso y se encamino hacia la puerta.
- ¡Isabel! -llamo cuando se encontraba en porche, pero ella volteo su rostro y rápidamente paso sus manos por su cara, no necesitaba ser un genio para saber que estaba llorando, esta situación lo ponía incomodo ya que no sabía cómo actuar.
-Traje algunas de tus pertenecía, por si quieres revisarla —por un momento pensó que lo iba a ignorar ya que no volteo su rostro hacia él, pero escucho su suave susurro - ¿Dónde está? —por fin volteo su rostro para mirarlo, el señaló donde se encontraba su cabello.
La vio colocarse de pie y caminar hasta su caballo, él la siguió en silencio--Esto no son todas mis cosas —lo miró brevemente para luego desatar el lazo del paquete donde él había guardo su ropa íntima. La escucho jadiar cuando vio aquellas ropas y un lindo rubor se formó en su mejillas - ¡esto no son mis vestidos! —la escuchó exclamar.
-Como sabes no podía transportar todos tus vestidos así que los vendí y quise guardar esto ya que es más impórtate que los vestidos –la vio espabilar como si estuviera tratando de entenderlo.
-Espera, espera. No entiendo, para ti, esto es más importe que los vestidos —el asintió.
- ¿¡en qué mundo la ropa íntima es más importante que los vestidos!? No puedo caminar por ahí en enaguas y camisón –esto último hizo que su rubor se profundizará —los camisones son de buena cálida he igual que las medias —trató de explicarle para que se calmara, pero el resultado fue lo contrario- ¡tú viste mis enaguas!!¡Oh por Dios! —no sabía porque hacia tanto escándalo por que le vio su ropa íntima.
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Amor En La Llanura
RomanceIsabel Thompson regresa de su temporada en Londres a Montana para casarse con su prometido, Daniel Crowl. Sin embargo, en el mismo día de su regreso, descubre que Daniel planea casarse con su prima Madison en lugar de con ella. Resulta que Madison h...
