Capitulo 15

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Isabel vio como Marco se acercó a ella en grandes zancadas - ¡que pretendes mujer! —dijo para luego quitarle la piedra que tenía en su mano –nada, solo deja de ignorarme—la verdad es que a ella también le sorprendió  ese comportamiento tan explosivo, no sabía por qué con este hombre salía cierta faceta de su personalidad que ni ella conocía —uno escucha con los oídos no con los ojos, ¡ahora es malo mirar al cielo! ¿Por qué a las damas se les dan por tirar piedras? ¡Dios! Y yo soy el salvaje—guardó silencio por aquella reprimenda de Marco, no tenía excusa por su comportamiento así que se alejó un poco dándole la espalda —ahora quien ignora a quien –Marco la jalo de su brazo cuando termino de decir eso.

-Ya no quiero discutir —le dijo, realmente ya no quería discutir con este hombre.

-Por fin algo sabio salió de tu boca— aun tomándola del brazo la condujo al caballo. Ya ambos estaban en el caballo.

- ¿Dónde vamos? —le preguntó.

-Luego lo sabrás —soltó un fuerte suspiro por la respuesta tan ambigua por parte de Marco, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero tenía hambre y aunque le avergonzaba decirlo tenía que hacer sus necesidades.

- ¡Marcos! -lo llamó, pero él no hizo ningún tipo de comentario de que la escucho, soltó un suspiro y volví a llamarlo - ¡Marco!—el resultado era el mismo, así que volteo su rostro no ante darle un codazo en su abdomen –ahora que tengo tu atención, quiero decirte que me urge un baño—apartó su mirada de la fulminante de parte de él, el caballo gradualmente fue perder la movilidad para detenerse.

El primero en bajar fue él, pero ella no comprendía porque detuvieron el paso - ¿ya llegamos a nuestro destino? – preguntó.

-Me dijiste que tenía ganas de ir al baño –ella asintió –bueno, por eso –fue comprendiendo sus palabras.

- ¡Ni creas que voy a hacerlo en el bosque! ¡Como cualquier salvaje! —sabía que debía parecer un poco respingada, pero después de su última experiencia con aquella lagartija no podrá imaginar que otro animal podía atacarla mientras ella hacía su necesidad, el resultado sería muy vergonzoso.

-Yo lo hago en el bosque eso no quita nada- ella guardó silencio para no hacer ningún comentario ofensivo, pero su silencio lo tomo mal ya que vio cómo apretó su mandíbula.

- ¡Bueno si a la dama le parece desagradable hacerlo en el bosque! ¡Qué solución propone! —no entendía su comportamiento era ella quien debía estar escandalizada no él– no sé, tú eres mi esposo.

- ¡Si lo soy! Pero se te olvida que no tengo casa ¡como un demonio voy a sacar un baño ahora! —Otra vez empezó con su grito a este hombre si le gustó alzar la voz- ¡ya te dije que no sé! ¡Esa es tu responsabilidad como mi esposo! —sabía que había dicho que no volvería a gritar, pero este hombre la desesperaba, vio que tras de decir esto volteo su rostro llevando una mano a su cara donde la paso enérgicamente.

- ¡Esta bien! — se quitó el sombrero lo sacudió con su pierna derecha para luego volvérselo a poner y de un salto se montó atrás de ella y puso al caballo a marchar, sabía que estaba enojado, podía sentir cómo todo su cuerpo estaba tenso, sabía que, si decía, que después de todo no era tan mala idea hacer sus necesidades en el bosque explotaría así que por su terquedad tenía que aguantar, aunque ya sentía sus manos frías.

Marco había perdido el conteo, para no perder los estribos con Isabel, como esta mujer podía desesperarlo, pero en el fondo sabía que odiaba no poder proporcionar algo tan simple como la privacidad de un baño, grabó así las palabras que le dijo Madison. Apretó las riendas del caballo en su mano para aumentar el trote. ¡Ella quiere un baño! ¡Pues un baño va a tener! Sonrió ante la idea que tuvo.

Isabel no sabía cuánto tiempo podía aguantar, ya sentía escalofrío por obligar a su cuerpo a retener lo que quería salir y el movimiento del caballo no ayudaba ¡Dios! Porque tuvo que ser tan terca, miró a su alrededor y pudo ver algunos árboles que de repente mostraron toda la privacidad que necesitaban. ¡Piensa en otra cosa! se repetía una y dos así misma.

Marco le sorprendió que Isabel estuviera callada en todo el transcurso del camino, ya faltaba poco para llegar a la casa de su vieja amiga Abigail, claro, si no le daba un tiro antes que tuviera la oportunidad de presentarse, sabía que la pobre mujer después de la muerte de su marido en manos de forajidos no dejaba que nadie se acercara al rancho y aquellos que no le presentaban atención recibieron un tiro en su trasero, solo esperara que esta persona no fuera el.

Cuando entro en el territorio de Abigail los perros dieron señal de su llegada, él puso su caballo en un trote lento, no quería que se malinterpretara su presencia en este lugar.

- ¡¿Quién está en mis tierras?!— La voz de una mujer mayor se escuchó seguido de un tiro de advertencia, el detuvo su caballo estando a poca distancia de la casa - ¡Abigail no conoces a tu amigo! ¡Soy Marco, Marco Miller! —alzó de igual manera su voz para que lo escuche.

- ¿Marco? ¡A qué carajo viniste!

- ¡Me gustaría seguir gritando! ¡Pero eso solo asustaría a mi esposa! —tras de decir esto la puerta se abrió para dar paso a una mujer menuda, con su cabello tallado de plateado y uno ojos negros que mostró la experiencia de la vida- ¡pero ¿qué mujer en su sano juicio se casaría contigo!?

Isabel momentáneamente se le olvido del malestar que la agobiaba al escuchar el primer sonido de un arma al dispararse, para luego dar paso a una señora mayor que abrió la puerta de su casa sosteniendo un arma en la mano mientras los apuntaba. Volteo su rostro y vio que Marco le sonreía genuinamente a esta señora ¡es que no veía el arma! —Marco esa señora está loca—le susurró, pero este la ignora.

-Cómo puedes ver aquí está —él la señalo y la mirada de la señora se posó en ella —tengo que verla de cerca —aquella señora se acercó  donde estaban para examinarla —es muy decente para ti –eso hizo que la risa de Marco se extendiera, el bajó del caballo con una sonrisa para luego ayudarla a ella a bajar, fue recibido por una cantidad de perros ladrando.

- ¡Ya cállense condenados! —Escuchó decir a la señora cuyo nombre era Abigail - ¡los esperó a dentro! —cuando vio que la señora entró a su casa tomó a Marco por la camisa - ¡estás loco! ¡Vámonos, esa señora no está en sus cabales! —le dijo en un susurro desesperado.

-Me dijiste que querías un baño, le diré a Abigail que te preste el suyo, mientras yo hago unas diligencias —abrió sus ojos mientras asimilaba lo que Marco le decía - ¡no me dejaras aquí sola con esa señora! —es que se había vuelto loco.

Hola espero que esté capítulo sea de su agrado 😌 no olviden seguirme en Instagram como @jenharly123

Amor En La LlanuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora