Capítulo 23

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Isabel se acostó en la paja con sus manos cubriendo el rostro ¡qué vergüenza! ¿Qué habrá pensado Abigail de ella? Sintió como algo caía suavemente en su cuerpo así que bajo sus manos para ver de qué se trataba. Vio que fue Marco colocándole unas de las mantas dadas por Abigail –Gracias —dijo llevando esta hasta su nariz, la verdad pensó que él iba a tomar alguna represaría, pero al verlo acomodar la manta restante en forma de almohada y posar su cabeza en ella, supo que el dio el tema por terminar, pero ella sentía que le debía una disculpa por haberlo avergonzado de eso modo, ese no era el comportamiento de una dama.

Él tenía los brazos cruzados en su pecho y había acomodado su sombrero en el rostro para dormir, pero sabía que una persona no se dormía así tan fácil. Decidió hablar -¡Marco! —Lo llamó, pero este no dio indicio de que la haya escuchado así que volvió a intentarlo nuevamente -¡Marco! Sé que estas despierto una persona no puede dormir tan fácilmente —esta vez un sonido proveniente de su garganta fue todo lo que recibió, así que se acomodó y miro hacia el techo mientras decía sus disculpa -solo quería decirte que realmente lamento a verte avergonzado, no fue mi intensión, no soy una mujer que habla sobre esos temas tan abiertamente, además como si eso realmente pasara —pensó en el concejo que le dio su tía cuando se hizo público su compromiso con Daniel, la mujer solo tenía que acostarse y no hacer ningún tipo de ruido y apoyar a su esposo ya que era la única parte donde el hombre era vulnerable una vez que el terminara, la mujer lo consolaba ¿terminar qué? No sabía.

-¿Que no pasa? —ella miro hacia donde se encontraba Marco y vio que este se había puesto de lado para poder mirarla mejor y su mano sostenía su cabeza. Ella se volvió a concentrar en su pregunta.

-No te entiendo.

-Me refiero a lo último que dijiste; "como si eso realmente pasara" -una gran a salió de su boca cuando comprendió lo que le preguntaba -pues a lo que dijo la señora Abigail sobre hacer ruido, eso no pasa —contesto con simpleza.

-Antes de ofenderte dime que sabes tú sobre ese tema –ella volvió a mirarlo sin comprender ¿Por qué le hacia esa pregunta? -no tenga miedo de hablar sobre ese tema soy tu esposo y soy con el único con quien tienes derecho de hablar sobre eso, dime sin miedo ¿Qué sabes? —bueno él tenía razón su tía le dijo que solo su esposo la orientaría sobre esto y Marco lo es por mucho que no quisiera.

-Solo me dijo que el día de la consumición del matrimonio, tenía que esperar con mi camisón puesto a mi esposo y él se posaría en mí, mientras tanto debía guardar silencio y tener la mirada al frente, podía concentrar mis pensamientos en varios temas del día y una vez que el terminara, lo consolaría y lo motivara por sus esfuerzo -nunca entendió las palabras de su tía, solo se limitó a escuchar pensado que esto tendría sentido cuando estuviera con su esposo la primera vez. Miro brevemente a Marco en ningún momento él ha exigido su derecho como esposo y eso era algo que agradecía.

-¡Caramba! Sabía que ustedes los ricos tenían ciertas extrañezas en su vida, pero nunca me imaginé que fuera tanto, con razón muchas de sus mujeres son infieles –eso llama su atención.

-¿Qué quieres decir? ¿No es igual para todos? -preguntó

-Si es la forma que lo haces los aristocráticos, tienes suerte de que te hayas casado con vaquero –fue lo que le contestó —el cuerpo de las mujeres está hecho para la devoción y admiración.

-Pero es así como lo dicen los padres.

-¡Que van a saber ellos de como complacer a una mujer si no tienen a una a su lado, la mujer son muchos más de los que ellos quieren mostrar! -él tenía un punto a su favor.

-Cuando era niño vi como mi padre golpeaba a mi madre hasta la muerte —ella se llevó su mano a su boca —lo sí...siento mucho -aquella confesión la toco —sé lo difícil que es crecer sin una madre o padre yo perdí ambos en un accidente —le confesó.

-Lo siento —lo escuchó decir, ella le regalo una sonrisa triste de mutua compresión.

-Isabel no soy un hombre religioso —lo vio acomodar su cuerpo, quedando ahora mirando hacia arriba -mi padre era un borracho perdido, mi madre siempre hizo lo posible por protegerme de él, era una madre amorosa y querida, en sus brazos me sentía tan seguro, pero siempre odie ser un niño y no poderla defender de los ataque de mi padre, deseaba con todas las fuerza ser un hombre, todas las noche rezaba y le pedía a Dios que me convirtiera en hombre para poder defender a mi madre de aquel hombre que era mi padre, pero como bien sabes solos son deseos de un niño desesperado que jamás se cumplieron, cada paliza era mucho peor que la otra con el tiempo la salud de mi madre fue empeorando -era imposible que sus ojos no se llenaran de lagrima a escuchar aquella historia -como mi padre todo se lo gastaba en el trago no teníamos para pagar un médico, al ver a mi madre en ese estado deje la escuela y comencé a trabajar para ayudarla , quería reunir lo suficiente para llevarla al médico, pero descubrí a esa edad que esta vida los inocenten paga y los villanos triunfan, mi padre llegó cuando no estaba y la golpeo tan fuerte que le produjo una gran hemorragia que lentamente le quito su vida, ella murió en mis brazos mientras lloraba y le decía que no me dejara, pero ella siendo buena me sonrió y dijo; conviértete en un gran hombre y ama con pasión. Tenía 8 años cuando eso paso —no se puedo imaginar lo que sufrió a esa edad, ver a su madre en esa condición. Sus lágrimas caían por su mejilla.

-Quería que mi padre pagara por su crimen así que fui al sheriff, pero mi padre alego que mi madre se cayó y debido a su muerte yo divaga en la verdad de lo sucedió entonces corrió al párroco del pueblo y le comente lo que había pasado —lo escuchó soltar una risa amargada -dijo que si mi madre hubiera sido una buena esposa estaría viva y mi padre no la golpeara ya que si este lo hacía era porque lo mecería -esa información la impactó aún más como un padre, un hombre de Dios podía decir eso.

-Ahí entendí que, si un supuesto hijo de Dios no tenía compasión de la muerte de una mujer inocente, no tenía caso que yo lo escuchara y tome la decisión de huir de mi padre y valerme por mi mismo, sé que sonara tonto, pero desde ahí me dije que no maltrataría a una mujer y no la obligaría hacer algo que no quisiera y eso mismo les enseñaría a mis hijos y poco a poco ellos harían los mismo con los suyo y en un futuro no moriría más mujeres inocentes a golpes.

-No es tonto –susurró con un nudo en su garganta esta nueva confesión hizo que mirara de otra perspectiva a Marco.

-Así que, tomando el tema anterior, yo no te tomare como un caballero, lo hare como un esposo lo hace con su esposa, pero sobre todo jamás te obligaré.

-Yo no me quitaré el camisón –le dijo solo para no enfocarse en lo que ultimo que dijo, pero vio que el negaba –ya que eso es pecado —agregó.

-En eso estoy de acuerdo, es pecado que una mujer se quite el camisón, eso es el trabajo de su marido —ella sintió como sus mejillas se sonrojado fuertemente por lo que dijo, pero sabía que eso lo hizo para cambiar el ambiente de tristeza que se posó entre ellos, ya lo estaba conociendo sabía que el humor lo hacía para proteger sus verdaderos sentimientos sobre la situación. Así que se volteo y le dio la espalda -buenas noches yo no hablo con vulgares —y con eso le dio fin a la conversación y cerró los ojos.

-¡Isabel despierta! -Isabel nunca se había sentido tan cómoda como ahora, no quería levantarse. Movió su cabeza para acomodase en aquel hombro ¿hombro? Eso hizo que abriera sus ojos -parecer que no soy tan apestoso como para acurrucarse a mí —ella se levantó cuando se dio cuenta que estaba recostada en Marco ¿Cómo pasó esto? --¿Cómo llegue a ti? —preguntó.

-Buenos días, Isabel —le contestó con su sonrisa engreída. 


hola , gracias por leer mis historia  una vez mas espero que les guste y no olviden comentar y darle like 

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