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Por una vez, vio la importancia de ordenar los cajones viejos, esos en los que metías la mano y no encontrabas el fondo.

¡Bingo!

Sus dedos rozaron la pantalla rota de su viejo móvil antes de que pudiera cogerlo. Mantuvo el botón de "encender" presionado, rezando que tuviera batería aunque eso fuera incongruente: no lo usaba desde el año pasado.

—Oh—exclamó sorprendido al ver un veinte por ciento en la esquina superior derecha de la pantalla.

Del mismo cajón sacó un cable blanco y conectó su teléfono. Lo dejó sobre la cama y encendió el aparato que Hye-yoon le había prestado. ¿Qué habrían hecho con el suyo cuando se lo quitaron en prisión?

Puso sus brazos en jarra y repicó con el pie sobre el suelo, esperando a que su viejo móvil cargara. Iba a tener que armarse de paciencia.

Sus piernas terminaron llevándole de nuevo a la ventana de su habitación en donde se inclinó y vio a sus dos amigos tirados sobre el césped, con las capuchas puestas y los ojos cerrados.

—Eh—llamó en un susurro.

Namjoon abrió un ojo y dio un golpe de cabeza dándole a entender que lo escuchaba.

—¿Os ayudo a subir?—Taehyung también abrió los ojos, esta vez.

Ambos negaron con la cabeza, volviendo a cerrar los ojos. Hoseok entró de nuevo y le echó un vistazo a su móvil.

Veintidós de carga. Qué lento, tío.

Se paseó por su habitación, se entretuvo mirando vídeos en el móvil de Hye-yoon y se asomó unas cuantas veces más para comprobar si sus amigos seguían allí. Y en efecto, ni se movieron. Hoseok también tuvo tiempo de cuestionarse ese poco miedo de parte de ellos, si fuera él quien tuviera que haberse quedado esperando, desde luego no estaría tan tranquilo, ¡ni durmiendo en el suelo! Llegó a la conclusión de que no sabía vivir la vida por el miedo constante que todo a su alrededor le provoca.

Por fin el móvil tenía la suficiente batería.

Respiró hondo y fue hacia la entrada, concretamente, hacia el perchero con un solo bolso colgando. El salón era la única habitación que desprendía la luz que vio desde fuera. Su padre se encontraba viendo un programa, pero por lo lento que su pecho subía y bajaba, supo que estaba dormido.

Hoseok sintió algo nuevo en su corazón. Podría describirse como tristeza sin serlo.

Estar en esa casa se le hizo pesado, sobre todo después de sacar sus conclusiones al leer la nota sobre la cómoda junto al perchero.

Estar en esa casa se le hizo pesado, sobre todo después de sacar sus conclusiones al leer la nota sobre la cómoda junto al perchero

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Su madre se había vuelto un monstruo, y lo estaba pagando con todos.

El moreno agendó el número de la vieja tarjeta en el de Hye-yoon y se llamó a sí mismo, poniendo la llamada en silencio y buscando un rincón más o menos escondido en el bolso y se fue por donde había venido.

Unos minutos después, Jung Rae-gun llegó a casa pegando voces, diciendo que no era normal poner una reunión a esas horas de la noche y que ahora debería chuparse horas de viaje.

—¿Me has escuchado?

—¿Cómo...?

Rae-gun gruñó y murmuró algo, algo que probablemente era un insulto hacia su marido. Se cambió a toda prisa y se colgó el bolso en el hombro antes de salir y subirse al coche.

—¿Por qué me casé? Son todo problemas, de verdad...—habló para sí misma, ignorando la sexta llamada de su superior en menos de quince minutos.

Rae-gun bajó a toda prisa de su coche, poniéndose de nuevo los tacones que se quitó al conducir y tropezando con los mismos.

—Señora Jung, llega tarde—replicó su superior nada más verla entrar.

—Lo siento, lo siento.

Hizo una reverencia y tomó asiento en la larga mesa frente al Ministro.

—El presidente está decepcionado, y nosotros cabreados. No ha podido ni presentarse aquí del disgusto, pero tanto a mi persona como a la señorita Soo nos ha explicado una serie de cosas que quería que ustedes supieran-

—Esos chicos nos están ganando terreno. Si por mí fuera, los habría matado cuando tuvimos la oportunidad.

Varias personas le dieron la razón a la joven mujer de pelo rubio.

—Estos críos me están jodiendo la vida. Que yo sepa, nosotros no estamos aquí para cazar a veinti tantos niñatos.

—¡Silencio!—ordenó el Ministro—. El presidente desea eso, y si el presidente lo dice, usted se calla y lo hace. A ver—el hombre se levantó y apoyó en la mesa—, hemos fallado dos veces y como líder de esta reunión no voy a permitir otro error. Como volvamos a liarla, nuestras vidas concluyen aquí.

—Disculpe, pero estoy dejándome la piel y estoy cansado de no recibir el sueldo que me prometieron.

—¡Todos estamos así! Se nos pidió paciencia, señor Shin—dijo la rubia.

—Escuche a la señorita Yong, por favor—pidió el Ministro—. Los gráficos han subido, si seguimos así, la recompensa será incluso mayor de lo que nos pertoca.

—Cierto—ahora, fue una mujer de unos treinta años quien se levantó, otra Ministra—. Las cuotas que cobramos a los familiares de estos... chicos son altas, y si queremos, podemos incrementarlas. Ahora conocemos los nombres de los dos rebeldes que se nos escaparon: Hwan Hyunjin y Jeon Jungkook. El último nombre fue aportación de nuestra más reciente compañera. Bien hecho, Jung Rae-gun.

Rae-gun se levantó de inmediato, dedicando reverencias a lo loco cuando todos en la sala empezaron a aplaudirle.

—Gracias, gracias. Le debo mucho a este grupo.

Volvió a sentarse cuando la Ministra abrió la boca de nuevo.

—El plan del presidente es crear un espectáculo, únicamente con los veintidós rebeldes. El primer día, el precio de la entrada superará a lo común, pues ofreceremos al espectador la maravillosa oportunidad de ver cómo estos chicos pierden sus masculinidades.

—Y después de eso, se les pasaría una multa a los padres mucho más costosa que la que ya se cobra a las familias.

—La gente no va a tener suficiente con su esclavitud. Tarde o temprano van a querer más.

—La gente es imbécil—dijo el Ministro en tono firme—. Solo quiere drama y sangre. No sería ni necesario aniquilar a nadie, pero para que ellos no sospechen nada, no importa matar a uno, que por cierto, ese sería un espectáculo aparte, pagado también, claramente. Gran parte de ese dinero, será para nosotros.

—¡Bravo!

Las personas se levantaron de sus sillas, aplaudieron y chiflaron al Ministro, repitiéndole que era un genio cuando la idea no había sido ni siquiera suya.

—Faltan miembros del Gobierno para que esto pueda decidirse.

—Oh, creo que no me escuchaste al principio. Ya está decidido, el presidente manda por encima de todos—explicó el Ministro.

—¿Y qué haremos si los ciudadanos quieren la muerte de los rebeldes?

—No hay motivo por el que preocuparse de eso—calmó la Ministra—. Las generaciones van subiendo, y cuando todo esté más calmado, aparecerá otro muchacho bailarín y luego otro, y otro y así hasta que nos cansemos. Calmaremos la sed de sangre con esos chicos. El talento que importa es el de los del presente.

El hombre de pelo negro, largo y engominado esbozó una sonrisa ladina hacia su compañera.

—¿Y bien? ¿Todavía dudáis de vuestra recompensa?

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~Black Swan~ (BTS) (FINALIZADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora