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- ¿Cómo evalúas la situación? – pregunto a los pocos segundos cuando cuatro integrantes de la mansión salieron del despacho.

- Si fueran personas más... "comunes", probablemente dudarían casi toda la historia que pareciera ser sacada de una novela de ciencia ficción que incluso Julio Verne estaría encantado.

- Concuerdo con ello – suelto un suspiro y me acerco al cunero portátil donde dejamos a la bebé para poder establecer la plática con los demás – una historia que es mucho menos extraña que la original – intercambio mirada con el resultado de que ahora nos encontremos en esta situación - ¿no lo crees, Brisell? – su sonrisa me transmitía que aprobaba lo dicho.

- ¿Considera asegurar el perímetro? – me pregunta dejando saber a lo que aquellas palabras realmente significaban.

- Absolutamente. Debemos estar preparados.

- A la orden. En mi ausencia asegúrese de alimentarla.

- Eso planeaba – digo un poco ofendido buscando el biberón en la maleta que tiene todo lo necesario para combatir varias necesidades de la bebé.

- Estoy seguro que sí. Durante todo un mes ha tomado más capacidad y ha demostrado ser un buen padre – detengo mi buscar para mirarlo extraño.

- Sebastian, tu... - el sonido de queja por parte de Brisell hace que comprenda lo que estaba a punto de hablar – debes darte prisa para no perder cualquier información importante – para evitar que vea mi confusión, me inclino para tomar en brazos a la que estaba a punto de protestar su comida.

- Entendido. Regresaré con su té de la tarde.

Desde mi posición, ambos vemos como otro integrante de la mansión sale del lugar para poder así cumplir la encomienda informativa.

Por un momento bajé la guardia.

- Debemos tener cuidado – miro hacia el ser que escucha atenta a mi hablar – es lo mejor... - le sonrío con el mejor ánimo que puedo encontrar - por ti – en sus ojos brillaba la confusión. Y la entiendo... hasta yo estoy confundido – no te haré esperar más. Vamos a darte de comer.

SEBASTIAN

Por fortuna logré alcanzarlos a tiempo, a un poco más de la mitad del camino antes de que se reunieran en el área de la cocina y que durante todo el trayecto, ninguno emitió palabra alguna hasta que...

- ¡AH!, ¡NO PUEDO CREERLO! – la primera en exclamar es la única mujer provocando la exaltación de los demás por el susto ante su tono de voz alto – esto... esto... lo que dijo el joven amo y el señor Sebastian, ¿fue verdad?, ¿no solo yo lo imaginé? – expresa confundida con las manos en su cara.

- Ya te habías demorado en decir algo – responde el cocinero tallando la oreja que sufrió las consecuencias de aquel gritar – y no, nada de lo que dijeron lo imaginaste por más... poco natural que parezca – hace una pausa como analizando sus palabras – pero creo que cada uno ha vivido y visto cosas que las personas normales no creerían, porque todos aquí en esta mansión son todo menos eso: normales.

Ante las acertadas e inusuales palabras de Bard todos callaron colocando en sus rostros esa sombra oscura del pasado. De sus pasados.

- Me parece increíble lo que el humano ya es capaz de hacer y al mismo tiempo demuestra cada vez más su codicia para lograr sus deseos egoístas – continuó Bard.

- Pero al menos esa bonita bebé ya está a salvo y ahora también nosotros la cuidaremos. Ayudaremos al joven amo y al señor Sebastian – expresa con energía determinada el más joven de ellos.

Hermoso accidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora