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- ¿Fue el resultado que esperaba? – es la pregunta que Sebastian me hace al término de la narración de los hechos.

- Pensé que íbamos a tener que dar más explicaciones para que lograran... comprender la situación – suelto un suspiro – mas veo que no es necesario. Lo cual es positivo, nos evita problemas – doy el último sorbo al té – aunque si sigue quedando un problema.

- ¿La señorita Elizabeth? – asiento con la cabeza.

- No sé qué tan ingenua pueda lograr ser.

- Por esa misma razón pensamos en una historia que tuviera algo de drama para que al final pueda conmoverla – se acerca a recoger todo lo que trajo con la diferencia de que la comida desapareció – y si es la persona que conocemos, cuando vea a Brisell, le será muy difícil no caer ante ella – mira en dirección hacia donde alguien se encuentra plácidamente dormida.

- Hay una cosa que espero no pase... - digo con pesar.

- ¿Cuál?

- Que quiera tomar un rol que no le corresponde.

- Al de una madre.

- Si. Es algo que no podría tolerar.

- En efecto, es como si quisiera quitarle esa figura a usted – lo miro mal por su tonto comentario y el muy cínico solo sonríe de forma satisfactoria.

- No. En mi pensar es el hecho de que ella ya cuenta con dos padres, eso es todo. No es necesario su inclusión y por esta otra razón es que se te añadió en la justificación.

- Pensaba que era más por las sospechas ante el parecido a mí – demonios...

- Sí, es así – domino la voz para no evidenciarme – pero considero tu derecho como también padre y que no sé si a Brisell le encante la idea si desde el vientre sabe quiénes somos – suspiro más calmado - no podría obligarla a aceptar a Elizabeth y menos si al final del camino, sea el tiempo que sea, la dejaré en tus manos – alzo una ceja al notar algo raro - ¿qué sucede?, ¿dije algo erróneo? - le pregunto al extrañarme su expresión que no podría titularla.

- No. Es lo opuesto.

Ese palpitar de nuevo... No sé porque el verle sonreír empieza a afectar mi estabilidad en el área interna del pecho. Sin embargo, ignoro con seguridad cuál de las dos cosas dichas es lo que provocó lo que sigue en su rostro.

- ¿Se siente mal? – sin poder responderle, él ya se encuentra invadiendo mi espacio personal colocando su mano desnuda en mi frente que al sentir su frialdad me hizo erizar – no percibo calor de fiebre, solo el color rojo en su rostro.

- ¿Qué vas a saber tú de temperatura? – evado la mirada sin quitar su mano. Era extraño, su tacto no me molesta, incluso creo es... reconfortante – si le haces competencia al invierno.

- ¿Es así? – retira su mano para observarla y luego regresar su vista sobre mí – deberé probar otro método.

- ¿Cuál?

- Este.

Si sus intenciones reales y maliciosas eran desestabilizarme por un momento... a mi desgracia lo logró. Y si quería empeorar las cosas al colar su lengua de forma astuta en mi boca... también lo logró...

Estiro los brazos buscando alguna parte de su ropa para poder desahogarme en este estrujamiento sin importarme que haría en su vestimenta áreas de imperfección.

Hermoso accidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora